miércoles, 13 de abril de 2016

El Calvario

Escribí en el artículo anterior acerca del desaparecido Peñón, primero de Blanco, después de Armas y finalmente de Fumero, cuyo nombre fue cambiando a medida que variaba su propietario y comenté que desapareció por la acción de la piqueta urbanística, para construir en su lugar un edificio de nuevo cuño, llamado Edificio Esmeralda Peñón, con varias plantas y un sótano garaje.
Trataré en este nueva crónica, de uno de los otros dos peñones que afortunadamente aún se mantienen en pie, concretamente el conocido como Peñón del Calvario, o simplemente El Calvario.
El Calvario
Ya comenté que no fue el Peñón de Fumero la única roca de origen volcánica que se quedó anclada tierra adentro, después de la erupción del volcán de la Montaña de la Horca. Podemos citar también El Calvario, otra masa de roca situada frente a la Iglesia de La Peñita, menos visible que el Peñón de Fumero, pero que todavía se mantiene en pie.
Su origen es idéntico al comentado en el artículo anterior sobre el Peñón de Fumero, por lo que no volveré a insistir sobre este tema, pero hay una diferencia importante que merece ser comentada. El Peñón de Fumero era macizo desde su base hasta su cúspide, pero el Peñón del Calvario que comento en esta crónica, tenía desde sus inicios una gran cavidad en su interior, que por la ocupación y uso que se le fue dando, se fue excavando para aumentar su tamaño, como comentaremos con detalle más adelante.
En realidad, aunque se trata de una peña o roca de origen volcánico igual que la ya reseñada en el artículo anterior, jamás ha sido conocida con un nombre similar, sino más bien siempre se le ha descrito como El Calvario, por haberse situado en la cavidad que quedaba debajo de la roca en torno a la última mitad del siglo XVIII, los símbolos típicos de tales lugares que se encuentran prácticamente en todos los municipios de la isla, que en su primeros momentos fueron tres cruces expuestas a la intemperie, en una clara alusión a la imagen típica de la crucifixión de Jesucristo.
Me parece oportuno reseñar que originalmente, a principios del siglo XVII, el Calvario del Puerto de la Cruz estuvo situado en unos terrenos propiedad del regidor orotavense Francisco de Franchy Alfaro, tal como se recoge en su testamento, realizado el 27 de septiembre de 1647. El primitivo Calvario estaba situado, según parece, muy cerca de la ermita de San Juan Bautista, es decir en la calle de San Juan, y por esta razón, la zona citada se llegó a conocer como Plaza del Calvario, lugar que aproximadamente, coincide con la actual Plaza del Dr. D. Víctor Pérez, que anteriormente a 1900, era conocida popularmente como Plaza de San Francisco.
El Calvario permaneció en su ubicación antigua, aproximadamente hasta la década de los años 1760. Según se cree, fue trasladado a su actual ubicación en torno a 1766, y desde entonces permanece allí, frente a la ermita de la Virgen de la Peñita, que por entonces ya estaba construida. Una vez establecida la sede en este lugar, se colocaron tres cruces en su interior, se puso una balaustrada de madera y posteriormente, se cerró el recinto con un techo y se baldosó el piso [1].  
En las fotos que incluyo a continuación, podemos ver una imagen muy antiguas del Calvario, que data aproximadamente de finales del siglo XIX. En la primera de ellas, se aprecia que el Calvario, que está inmediatamente delante de la roca y apoyado en ella, se hallaba cerrado por una construcción de madera.                  
 Calle de San Felipe y el Calvario, a cuya espalda se ve el peñón. Foto Charles Piazzi Smith. 1856. Cedida por Alejandro Carracedo Hernández  
Agradezco a mi buen amigo Alejandro Carracedo Hernández el haberme proporcionado esta foto, la más antigua que conozco de la zona del actual Calvario. La fotografía fue realizada en 1856 por el astrónomo Charles Piazzi Smyth, cuya estancia en la isla narramos en una crónica anterior.
El cronista portuense A. Rixo al hablar de la epidemia de fiebre amarilla que azotó el Puerto de la Cruz en 1811, menciona [2] que.”Cuando faltaron manos para enterrar a los muertos, los vecinos que estaban fuera, sin dar parte al alcalde [3], hicieron bajar de la villa de La Orotava unos prisioneros franceses para que desempeñasen este triste ministerio. Dicen que ellos vinieron sin repugnancia, y se les atendió por este Ayuntamiento con alimentos y alojamiento.; el uno en el mismo Calvario y otro en la calle de San Juan”.
Más adelante, concretamente en 1813, vuelve A. Rixo a mencionar el Calvario [4], comentando: “Una de las noches de Semana Santa apareció cierto penitente entrándose en la iglesia. Vestía una túnica blanca, llevando a cuestas una gran cruz, que tomó de la casa que hace esquina entre las calles de Santo Domingo y de la Oposición [5]. Admiráronse las gentes por ser acto desusado desde 28 a 30 años y les fueron siguiendo por averiguar quién era. Pero el disfrazado que se vio seguido, tomó por la calle de San Felipe adelante, dejó la Cruz en el Calvario, corrió y desapareció. Sus pies y tobillos parecían delicados, lo cual dio motivo a sospechar fuese travesura de cierto joven bien conocido y bien poco penitente. Dicha Cruz se volvió a colocar en su sitio, donde permanece”.
Finalmente en 1836, aparece la última mención [6], muy breve:”El ocho de julio amanecieron en este Puerto quitadas de su lugar y puestas en el suelo mucha cruces de las que se sirven para rezar el viacrucis en dirección al Calvario. La cita termina con la frase “También se han indicado los autores”, pero prudentemente A. Rixo no menciona sus nombres.
Llegado a este punto me parece interesante volver a traer a colación los comentarios que O. Stone [7] hace en su ya citado libro “Tenerife y sus seis satélites” acerca del Calvario portuense. “Volvemos a la ciudad por la zona denominada La Ranilla, La calle es ancha, pavimentada con los desagradable guijarros, y las casas a cada lado son pequeñas y de una planta…. Un poco más allá, bajando unas cincuenta yardas por una calle, hacia el sur, vemos otra de estas burbujas solidificadas; la parte que da hacia nosotros está hueca y parece una cueva. La primera tiene una gran cruz en la parte alta y delante de ella, dando hacia la calle, se ha construido un “calvario”, Su aspecto desde el otro lado es llamativo. Toda la parte frontal está formada por tiras de madera, colocadas verticalmente en hileras, de tal modo que parece una enorme jaula de zoológico. Contiene varias cruces y los ornamentos habituales, además de utilizarse como almacén para los farolillos de papel que se cuelgan en las noches de fiesta”.
Detalle del Plano del P. de la Cruz hecho por Madoz. 1849. Coloreado por R. Afonso Carrillo
Muestro a continuación un dibujo esquemático realizado por un miembro de la Cofradía en el que se da una imagen frontal del Calvario tal como estaba en 1856, en bastante consonancia con la foto de Charles Piazzi Smyth y vemos que su representación es muy acorde con la descripción que de este lugar da Olivia Stone en 1883.
Dibujo de la imagen frontal del Calvario en 1856. Dibujo hecho por un miembro de la Cofradía
He podido conseguir otra imagen antigua del exterior de nuestro Calvario, que me fue cedida por Manuel Martínez Martín o abreviadamente, como a él le gusta citarse MMM-Ball, en clara alusión a su antepasado el Dr. Carlos Ball, que vivió en nuestro pueblo en las primeras décadas del siglo XIX, tal como recoge A. Rixo en sus Anales. Así, en 1825 cita [8]:”Por este tiempo don Carlos Ball deseoso de hacer bien vacunó 250 personas, pero habiendo llevado apunte de sus nombres, la plebe desconfió no fuese con alguna idea y no le volvió  nadie allá”. Otra cita aparece en 1830 en los mismos Anales [9]: “En este año se estableció en este pueblo la primera botica, por don José Barriuso, natural de Galicia. Antes había surtido de medicinas al vecindario don Carlos Ball, con anuencia del Ayuntamiento desde 1817, en clase de droguista, cuya ocupación le fue preciso dejar ahora”
Panorámica desde el Peñón. En primer lugar, la calle de San Felipe Autor anónimo.  Finales del siglo XIX. Cedida por MMM-Ball
 Retomando el tema de la otra imagen del Calvario, fijaré mi atención en esta foto que me parece está tomada desde el Peñón del Fraile y que nos ofrece una vista panorámica de parte del Barrio de La Ranilla de nuestro pueblo, probablemente en la últimas décadas del siglo XIX. El examen de esta última foto, parece indicar que ya a finales del siglo XIX, el Calvario se encontraba techado, pero que todavía quedaba relativamente lejano de la roca y no casi empotrado en ella, como se encuentra actualmente, en buena concordancia con la foto de Charles Piazzi Smyth, citada anteriormente.
Detalle de la foto anterior
Detalle en el que se aprecia bien la roca donde se situó el Calvario y la calle de San Felipe a la altura de la iglesia de La Peñita. 

A la izquierda, en primer plano, se aprecia la imagen del Calvario. Foto cedida por Bernardo Cabo Ramón

Reforma del Calvario 
El deterioro sufrido por la estructura exterior del Calvario obligó a cambiar su aspecto externo, lo que ocurrió en 1927, adquiriendo después de la reforma su aspecto actual.

Aspecto exterior del Calvario, después de las reformas de 1927
         El coste de la obra, según el presupuesto elaborado el 23 de septiembre de 1927, fue de 5.967 pesetas y abarcó tanto la retirada da la  balaustrada de madera, como un cambio en el aspecto externo de la fachada, que quedó con un pórtico central, flanqueado por ventanas laterales y cuatro pilares, de los que dos separan el pórtico de la ventanales y las otras están situadas en los extremos, quedando el conjunto  rematado en su parte central con un frontón triangular [10].  
La Virgen de La Piedad del Calvario
      A mediados del siglo XX, concretamente en septiembre de 1949, el Calvario experimentó un profundo cambio promovido por el maestro nacional y hombre de gran devoción, D. Juan Hernández Estévez, quien inició una suscripción popular a través de la cual logró reunir el dinero necesario para adquirir una imagen de La Piedad y entronizarla en el Calvario. 
Juan Hernández Estévez
Según la página Facebook de la Hermandad del Santísimo Cristo del Calvario y la Virgen de la Piedad, la imagen fue encargada a la casa Bochaga de Barcelona y llegó a nuestro pueblo quince días antes de la Semana Santa de 1950. Fue bendecida el Martes Santo de ese mismo año, en la Iglesia de San Francisco del Puerto de la Cruz, y trasladada en procesión a su capilla en el Calvario, donde desde entonces es venerada.
La Piedad en su altar en el Calvario
Los años siguientes, siempre contando con la aportación popular, se fue completando su trono adquiriendo las siguientes piezas, la base de plata en 1952, los fanales en 1953, la aureola comprada en la casa M. Velasco de Sevilla y finalmente en 1956, la Cruz de plata adquirida en la Orfebrería Molina de la ciudad de La Laguna. 
       La imagen cuenta con una hermandad, cuyo nombre es Hermandad del Santísimo Cristo del Calvario y la Virgen de la Piedad, que fue fundada en 1955 y cuya sede radica en la Capilla del Calvario, situada frente la Iglesia de la Peñita, de la cual depende administrativamente.La hermandad agrupa en torno a 150 hermanos divididos en cuatro secciones bien diferenciadas, a saber, la Sección Penitencial, que viste con el característico traje de capuchino, con capa, capucha y cíngulo violeta, traje blanco, guantes, calcetines, zapatos negros y medalla. La Sección de Negro, que procesiona con traje guantes, calcetines y zapatos negros, con camisa blanca y porta al cuello una medalla. La sección de niños o aspirantes, que viste de igual modo que la Sección Penitencial, pero desprovista de capucha y finalmente, también hay una sección de hermanos protectores, que no participan activamente en los actos de la hermandad, pero son hermanos y colaboran de manera diferente. La imagen sale en procesión acompañada de su Hermandad el día del Viernes Santo y el domingo más próximo al 27 de noviembre, día en que se celebra su fiesta.
        Además de la imagen de La Piedad, el Calvario cuenta con otras dos imágenes, una de ellas es la de Santa María Magdalena, que procede del siglo XVIII y es atribuida al imaginero canario Luján Pérez. En realidad, la imagen fue antiguamente una Dolorosa, pero después de la llegada de la Piedad en 1950, fue restaurada y reconvertida en una imagen de María Magdalena.
La otra es una imagen de San Juan Evangelista, de autor anónimo, que ha sufrido varias restauraciones hasta alcanzar de nuevo su aspecto original. En 2005 salió por vez primera en procesión, junto a la imagen de la Magdalena, ya que antiguamente no era sacada en procesión. En la foto siguiente pueden verse ambas imágenes flanqueando a La Piedad.
Aspecto frontal del altar del Calvario, con la Piedad, flanqueada por María Magdalena y San Juan
En 1950, con la llegada de la imagen de La Piedad, surgió un problema de espacio y para resolverlo se excavó el Peñón, a fin de obtener la amplitud necesaria para situar el trono en una hornacina. Asimismo, se excavaron dos hornacinas laterales en las que se pudieran albergar las imágenes de la Dolorosa y San Juan Bautista, ya que por entonces estaban siendo custodiadas en casas particulares.
La primera salida procesional de la hermandad con su hábito procesional acompañando a la imagen de la Piedad, que fue conocida popular y cariñosamente entre los vecinos portuenses y muy particularmente por los del Barrio de La Ranilla, como “la Virgen de Juan”, se produjo en 1956.
Procesión de la Virgen de la Piedad, por la calle de San Felipe, a su salida del Calvario. 
Foto de la Hermandad del Calvario
 La primera restauración de la Piedad se llevó a cabo entre los años 1989 y 1990, y fue efectuada por Dª Dácil de la Rosa Vilar y D. Juan Carlos Albadalejo y posteriormente, en 1996, se efectuó una nueva restauración de la imagen de María Magdalena que fue llevada a cabo por Ezequiel de León.
La Piedad saliendo de la Iglesia de San Francisco. Foto de la Hermandad del Calvario
La Piedad por la calle Iriarte. Foto de la Hermandad del Calvario
En 2003 se restauró, por segunda vez, la imagen de San Juan Evangelista, con la clara intención de hacerlo salir en procesión junto a la imagen de María Magdalena, lo que tuvo lugar finalmente en la Semana Santa de 2005, precisamente en el momento en que la Hermandad del Calvario cumplía 50 años, hecho que fue conmemorado con la celebración de una serie de actividades. Finalmente, en 2008 se restauró por segunda vez el grupo escultórico de La Piedad, lo que se llevó a cabo por la empresa Luma Canarias Restauración S. L., restaurándose además la peana, que fue plateada, juntamente con la cruz y los fanales. 

[1]  A. Ruiz Álvarez…
[2]  Anales, p. 240.
[3] El Alcalde Real era D. Domingo Nieves Ravelo, Anales, p. 231.
[4]  Anales, p. 249.
[5]  La calle de la Oposición corresponde con la actual Agustín de Bethencourt.
[6]  Anales, p. 331.
[7]  Anales, p. 288.
[8]  Tenerife y sus seis satélites. O. Stone, p. 447-448 
[9]  Anales, p. 308. 
[10]  Datos tomados de la página Facebook de la Hermandad del Santísimo Cristo del Calvario y la Virgen de la Piedad.



miércoles, 6 de abril de 2016

El Peñón de Fumero

        En las anteriores crónicas narré tanto el origen del Peñón de Blanco, como su posterior evolución al ser propiedad posteriormente de Pedro de Armas, a  quien le fue adjudicado como pago a algunas reformas que ejecutó en el Peñón por encargo municipal, para terminar siendo propiedad de la familia Fumero. En esta crónica abordaré sus últimas vicisitudes, hasta su completa desaparición, citándolo como Peñón de Fumero, al ser esta familia su última propietaria, hasta su total destrucción.
La Visita de Olivia Stone al Puerto de la Cruz
             Otra ilustre visitante de nuestro pueblo fue Olivia Stone, quien vino a bordo del vapor Paraná y desembarcó en Tenerife el 5 de septiembre de 1883, es decir, un poco más de un cuarto de siglo más tarde que el matrimonio Piazzi Smyth. Olivia Stone [1] vino a las Islas Canarias acompañada por su esposo, Harry Stone, un reputado fotógrafo londinense. Llegaron a Santa Cruz en septiembre de 1883 y abandonaron el archipiélago en febrero de 1884, después de haber recorrido todas las islas. 
Olivia Stone
  Durante su estancia en el Puerto de la Cruz, Olivia Stone y su esposo se alojaron en el Hotel Turnbull, situado en la calle Blanco y abierto en 1876. Estaba regentado por el matrimonio inglés John Turnbull y su esposa, y fue un punto de referencia para el alojamiento de los visitantes británicos que llegaban a nuestro pueblo. El matrimonio Turnbull, ambos de 45 años de edad, llegaron al Puerto de la Cruz en noviembre de 1869 y se hospedaron durante un tiempo en la Fonda Casino de Pedro Aguilar, situada en el costado oeste de la Plaza del Charco, justamente en la casa que primero fue vivienda del irlandés Thomas Linch, y ya, en tiempos más recientes, la sede de Falange y donde actualmente, se halla el restaurante El Rincón del Puerto.
 En 1876, el matrimonio Turnbull arrendó la casa de Antonio Pérez Silva, situada en el número 8 de la de Las Cabezas, la actual calle Blanco, justo en la esquina de esta calle con la actual calle Dr. Ingram, que en aquella época recibía el nombre de calle de El Sol. La casa sigue perfectamente conservada y actualmente pertenece a los herederos de la Familia Bazo.
Pensión Turnbull en la calle de Las Cabezas, actual Blanco. Dibujo de Olivia Stone
Casa de la Familia Bazo, antigua Pensión Turnbull. Foto cedida por Rafael Llanos Penedo
 O. Stone comenta sus impresiones al pasear por la zona denominada La Ranilla, en los siguientes términos: “La calle es ancha, pavimentada con los desagradables guijarros, y las casas a cada lado son pequeñas y de una planta. Tras recorrer unas cincuenta yardas [2], nos encontramos con un objeto curioso. Es un respiradero volcánico, de unos sesenta o setenta pies [3] de alto, que se eleva repentinamente en medio de las casas, dominándolas. Está formado por lava negra y dura, y nos recuerda que esta tranquila y en apariencia, soñolienta ciudad, fue una vez un lugar de terrible destrucción, de horrible furia y de rocas fundidas. ¿Cuándo volverá este poderoso volcán a explotar, haciendo correr impetuosamente sus torrentes fundidos de flamígero líquido hacia el mar, por la ruta más corta? Nadie puede decirlo. Por doquier existen señales del tremendo pasado y la historia puede repetirse en cualquier momento".
 Harry Stone realizó durante su estancia en las Islas Canarias un grupo de fotografías, pero la que más nos interesa en esta crónica, es la que realizó al Peñón de Armas desde la calle Nueva, como prueba inequívoca del impacto que esta roca causó en el matrimonio.

Peñón de Blanco en 1885. Foto Harry Stone. Tomada del libro "Tenerife y sus seis satélites".
En esta foto realizada en 1885, es decir, 29 años después, comparativamente con la fotografía de Piazzi Smyth de 1856, ya se aprecian algunas diferencias significativas. La más importante radica en que en esta foto, el Peñón de Armas ya está separado y protegido de la calle de Puerto Viejo por un muro, en cuya parte central, se aprecia una cruz, que al principio estaba en la cima y luego se puso en la calle.. La Cruz fue un símbolo enormemente repetitivo en numerosas calles de nuestro municipio, pues era, y sigue siendo,  una clara alusión a la fundación del pueblo bajo el signo de La Cruz que, hasta épocas recientes, fue la única Patrona de nuestra ciudad, honor que actualmente comparte con el Gran Poder de Dios y la Virgen del Carmen. 
La foto anterior junto con otras quince de diferentes lugares y pueblos del archipiélago, así como los comentarios de Olivia Stone, aparecen en el  libro que la escritora inglesa publicó en 1887 en Londres.  Este libro, titulado “Tenerife and its six satellites”, fue publicado en su primera edición. por Oriel House, Farrington Street, E.-C. Londres como un único volumen pasando a dos en la segunda edición.
El título del libro, que traducido al español es “Tenerife y sus seis satélites”, es claramente alusivo a la preponderancia que por aquel entonces, la isla de Tenerife tenía frente a las restantes seis islas principales del Archipiélago Canario, que conviene no olvidarlo, por aquella época era una sola provincia con capital en Santa Cruz de Tenerife [4]. El libro ha sido traducido al español y publicado en dos volúmenes, por el Cabildo Insular de Gran Canaria en 1995.



Portada del libro de Olivia Stone, "Tenerife and its six satellites"  
             O. Stone y su marido vinieron al Puerto de la Cruz, después de recorrer Santa Cruz, La Laguna, La Matanza y La Victoria, como escala de paso casi obligada, para buscar un guía y realizar el ascenso para ver el Pico Teide y de paso, visitar el Jardín Botánico. En su libro hace el siguiente comentario sobre su corta estancia en nuestro pueblo:“La carretera asfaltada termina a la entrada del pueblo, el Puerto de la Cruz, como ocurre en La Laguna, y recorremos las calles, mal pavimentadas traqueteando horriblemente, aunque no está tan mal como en aquella ciudad. La Plaza y las casas están adornadas para una fiesta que se celebra hoy, algo muy habitual. Siempre se celebra una fiesta en algún sitio.
              No lejos del muelle y un poco más allá de la plaza se encuentra la casa de huéspedes del Sr. Turnbull, a donde llegamos al mediodía. Es el único hotel regentado por ingleses en todo el archipiélago [5]. La casa es tranquila y sin pretensiones, al estilo habitual de las casas de huéspedes, y admiten a cualquier viajero inglés aunque sólo se hospede una noche. Cobran ocho chelines al día, o menos, si es por una semana. La Sra. Turnbull es muy gentil y atenta. La comida es buena pero hay poca variedad de verduras o fruta, y poca leche, algo que no debería ocurrir en este Jardín de las Hespérides. Dicen que se debe a que no hay mercado y a la dificultad para convencer a las familias españolas de clase alta que poseen huertas para que vendan sus excedentes. Raramente se consigue leche de vaca, debido a la falta de pastos, pero puede conseguirse leche de cabra en gran cantidad si se realizan las gestiones necesarias. Aquí la leche de cabra no parece tener un sabor tan fuerte como en Inglaterra; de todos modos uno se acostumbra….”
             A propósito de la afirmación de O. Stone “Es el único hotel regentado por ingleses en todo el archipiélago”, me parece oportuno citar que en A. Rixo comenta en sus Anales [6]: “En este año 1814 se estableció aquí la primera fonda por cierto carpintero inglés apellidado Jackson, calle de Zamora número 23. Antes era preciso a los forasteros acomodarse en los conventos, si acaso no venían recomendados a casas de particulares. Este hombre juntó aquí dinero y se marchó para la América del Sur, donde acabó de enriquecerse. Lo más esencial de su estado en Tenerife fue que nuestros artesanos le observaron el método de pulimentar las madera y el uso de algunas herramientas de las cuales en el país no se tenía idea y adoptadas hoy hacen todo mejor”. Evidentemente, no era un hotel, pero creo interesante añadir este dato, para poner de relieve que el Puerto de la Cruz, en cierto sentido, ya era pionero en lo relacionado con el alojamiento de forasteros desde comienzos del siglo XIX.
            La casa que menciona A. Rixo en el anterior comentario todavía existe, aunque se halla en un deplorable estado de conservación. Está situada entre la calles Zamora e Iriarte, con entrada por la primera calle. Perteneció a una señora soltera llamada Dª Valeria, que a su muerte, a pesar de tener parientes cercanos residentes en el Puerto de la Cruz, legó sus propiedades a la Iglesia, institución que hasta el momento, no se ha ocupado en mantener la casa en un buen estado de conservación.
           
Antigua Fonda Jackson, entre las calles Zamora e Iriarte. Foto de autor anónimo
          Retomando la narración de O. Stone, cuando ésta le dice al vicecónsul inglés Peter Spencer Reid, que deseaban iniciar inmediatamente un viaje alrededor de la isla y la subida al Pico, éste y los Sres. Turnbull le dijeron:”tenemos que enviar por Lorenzo”. Al hablar de esta persona O. Stone dice en su libro: “Lorenzo es una institución en el Puerto de la Cruz. Es el “práctico”, o guía del Pico. Siempre que alguien llega al Puerto con intención de subir se llama a Lorenzo y se le consulta todo lo referente a la forma, medios y tiempo. Lorenzo vive cerca y, cinco minutos después que hubiesen salido a buscarle, apareció.…  Lorenzo es un hombre delgado, de aspecto enérgico, mediana altura, con pelo negro y ojos oscuros y la piel muy bronceada, muy guapo y, a primera vista, con la planta de un joven apuesto de 25 años. Posteriormente nos enteramos que tenía 35”.  
            El guía en cuestión era Lorenzo García López, apodado "El Morisco", y era un experto en todo lo referente a la subida del Teide, tal como se anunciaba en la Guía Brown, donde afirma que era guía autorizado y tenía 22 años de experiencia en el oficio. Vivía por entonces en la Calle del Castaño, la actual calle de Nieves Ravelo, lo que encaja perfectamente con el relato de O. Stone, pues las citadas calles están paralelas y seguidas.  Se comprometió a buscarles tres caballos para una gira de una semana, a razón de 5 chelines al día por caballo, cobrando aparte, la comida para los hombres y los animales. Todavía existe descendencia de esta familia en el Puerto de la Cruz.
Lorenzo García López, alis El Morisco. Foto cedida por MMM-Ball
Anuncio de Lorenzo "El Morisco" publicado en la Guía Brown. Foto cedida por MMM-Ball
Después de contratar a Lorenzo para que les llevara hasta el Teide, O. Stone y su marido dieron un paseo hasta el Jardín Botánico. Sobre este jardín la escritora comenta: “El nombre de Jardín de Aclimatación es muy desafortunado ya que la aclimatación de las plantas es un disparate. En un principio se pretendía usarlo como lugar donde adaptar primero la vegetación tropical a este clima subtropical, para luego introducirlo en Europa. Ahora esta idea ha sido, por supuesto, descartada pero el jardín sigue en pie y cumple muchos objetivos útiles para la introducción de plantas foráneas y reúne en un solo lugar la variada y extensa flora de este archipiélago para disfrute de científicos y visitantes. El jardín está situado por encima del Puerto, en las laderas del Valle. No es muy grande, pero lo suficiente para cumplir su objetivo actual de cultivar árboles y plantas traídos de otras latitudes más calurosas. Me permito sugerir que si fuera ampliado ligeramente y se construyesen más caminos sería un elemento valioso que se sumaría a los terrenos de recreo para los visitantes del valle que el sanatorio en proyecto atraerá La Orotava [7]. El jardín está dirigido por el Sr. Germán Wildpret, un suizo lleno de entusiasmo, que cortésmente nos proporcionó toda la información que deseábamos….”.
Evidentemente, O. Stone se refiere en su comentario a Germán Wildpret, un suizo que llegó a Tenerife, donde se casó con Dª Luisa Duque Suárez. Fue director del Jardín Botánico y tuvo varios hijos, tres de los cuales que han dejado descendencia que hasta hoy se conserva, una parte de ella en el Puerto de la Cruz y otra en Santa Cruz.

Familia Wildpret-Duque. Dª Luisa Duque Suárez, D. Hermann Wildpret, y sus hijos Gustavo, Luisa y Guillermo.
Foto cedida por Guillermo Wildpret Machuca
         O. Stone habla con mucho detalle de los diferentes árboles del Jardín Botánico y luego continúa su relato diciendo:”Saliendo del jardín, continuamos hasta la casa de campo del Marqués de la Candia, en La Paz, para hacerla entrega de nuestra carta de presentación. Parte del jardín está al borde un acantilado desde el cual, mientras conversamos con el marqués y la marquesa, pudimos ver una espléndida panorama del ocaso, de la isla de La Palma, del Puerto y, a nuestros pies, el mar azul rompiendo sobre las rocas”.

Portada de entrada a la casa del Marqués de la Candia, en La Paz. Acuarela de Ellia du Cane.
Termino este apartado con la mención que O. Stone hace sobre su visita al Sitio del Pardo [8], del que dice:”Entregamos nuestra siguiente carta de presentación al Sr. Charles Smith [9], un científico de Cambridge residente durante mucho tiempo en La Orotava [9], donde le conocen como Don Carlos. El sol se estaba poniendo cuando llegamos al Sitio del Pardo y el Sr. y la Sra. Smith, con exquisita hospitalidad, nos hicieron entrar y tomar el té. El Sr. Smith resultó ser de una ayuda inestimable para nosotros ya que ha subido al Pico tres veces y ha recorrido a caballo la zona sur de la isla hasta Chasna, un lugar que queremos visitar. Nos prestó un mapa en el que había trazado una buena ruta, marcando los lugares donde era posible pernoctar”.
Sito Pardo, antes Sitio Litre. Autos anónimo 
El Peñón de Fumero   
En la segunda mitad del siglo XX, el risco que venimos comentando en las dos crónicas anteriores, era conocido como Peñón de Fumero, en clara alusión a sus propietarios, al igual que ocurrió en el pasado con las otras denominaciones. No he podido averiguar cómo y cuando la propiedad del Peñón de Armas pasó a manos de la Familia Fumero, pero ésta lo mantuvo en sus manos, junto con una pequeña finca de platanera que se hallaba al lado, hasta casi finales del siglo XX.
Foto del Peñón de Fumero, tomada desde la calle Puerto Viejo. Autor anónimo
La familia Fumero vivía, y parte de ella lo sigue haciendo, en una casa adyacente a la finca que estaba pegada al Peñón, cuya entrada está situada por la calle de La Virtud, en el tramo de esta calle comprendido entre Dr. Ingram y Puerto Viejo. Esta familia era y sigue siendo, muy devota al Gran Poder de Dios y sirva como grato homenaje a sus miembros, el recuerdo de la excelente exhibición de fuegos pirotécnicos que lanzaban desde el peñón de su nombre, al paso de la procesión del Gran Poder de Dios por la calle de Puerto Viejo. 
Calle de Puerto Viejo, en su cruce con La Verdad. Al fondo el Peñón de Fumero engalanado por las Fiestas de Julio 
        Termino esta crónica comentando que no he podido averiguar con exactitud la fecha en que desapareció este símbolo de nuestro pueblo que nos recordaba su origen volcánico. Tentativamente, la he establecido en torno a 1987-88, pues por testimonios de miembros de la ya citada Familia Fumero, recuerdan haber celebrado el bautizo de un miembro de la familia en el año 1985 y que por entonces aún se hallaba en pie el peñón.
Poco tiempo después de la venta de la propiedad que esta familia realizó a una empresa de construcción de viviendas, el Peñón de Fumero fue fácilmente eliminado en relativamente poco tiempo, usando un taladro eléctrico movido por un compresor de aire, lo que puso de relieve que esta roca no estaba fuertemente anclada a gran profundidad sobre el suelo firme, sino que como comentamos al principio de las crónicas, vino desplazándose sobre la corriente de lava hasta quedar depositada sobre el suelo. En la foto que sigue a continuación, se aprecia el momento en que se estaba llevando a cabo el derribo del Peñón de Fumero. Esta foto me ha sido suministrada por mi buen amigo Bernardo Cabo Ramón, a quien públicamente agradezco su deferencia.
Destrucción del Peñón de Fumero. Foto cedida por Bernardo Cabo Ramón
En el lugar que antes ocupaba el peñón que he descrito, se levanta actualmente un edificio de varias plantas con garaje subterráneo, en cuyo nombre todavía se mantiene el recuerdo del viejo peñasco, pues se denomina Edificio Esmeralda Peñón. Asimismo, en uno de los muros de su fachada, vuelto hacia la calle Puerto Viejo, todavía se halla la vieja cruz que desde finales del siglo XIX estaba situada sobre el muro que resguardaba la calle del Peñón de Fumero. 
  
Fachada del edificio Esmeralda Peñón, con la vieja Cruz. Foto propia

[1] La protagonista de este relato se llamaba de soltera Olivia Mary Hartrick (1885-¿?) y después de su matrimonio con Harry Stone, tomó ya como nombre Olivia Stone, que es con el cual fue conocida como escritora y que ha llegado hasta nuestros días. Véase al respecto el artículo de Daniel Pulido, “Olivia Stone: Aproximación a una biografía desconocida. El Día, 15-II-2015.

[2] La yarda es una medida inglesa de longitud equivalente a 914,3975 metros. El recorrido de 50 yardas equivale a casi 4,6 kilómetros.

[3] Un pie es una unidad de longitud anglosajona equivalente a 12 pulgadas, o sea 0,3048 m, por lo que 60-70 pies equivalen a 18,30-21,33 metros.

 [4] La división del Archipiélago Canario en dos provincias, tuvo lugar en 1927, bajo el reinado de Alfonso XIII, siendo Presidente del Consejo Ministros Miguel Primo de Rivera.

[5] En el libro de O. Stone, hay una nota a pie de página que dice: “Después de escribir esto se ha inaugurado un hotel regentado por ingleses en Las Palmas, Gran Canaria, además de un sanatorio en La Orotava, propiedad de una compañía llamada la “Orotava Grand Hotel Company”.  Olivia Stone se refiere al que luego fue el Hotel Martiánez, que estuvo instalado al final de la calle Valois, en el cruce de esta calle con la de La Hoya.

[6] Anales, p. 253-4.

[7] Se refiere al Puerto de la Cruz, pero conviene no perder de vista que el siglo XIX, todavía se seguía citando a nuestro pueblo como Puerto de la Orotava.  

[8] Se refiere al Sitio Litre, que por estos años también era conocido como Sitio del Pardo. El  nombre original del sitio deriva del apellido de su primer poseedor Archibald Little, comerciante que vivió en el Puerto de la Cruz muchos años, en una hermosa casa de la calle de San Juan, que luego perteneció a la Familia Reimers y que aún se conserva.

[9] Charles Smyth compró el Sitio Litre en 1852 y lo denominó Sitio del Pardo. Perteneció a su familia hasta 1996, momento en que el empresario John Lucas lo compró a su biznieta Molly Abercombie-Smyth. Ver Sitio Litre, parada y fonda en el camino, escrito por el Dr. D. José Luis García Pérez.

[10] Se debe entender el Puerto de la Cruz, que por esta época todavía estaba bajo la jurisdicción de La Orotava.


miércoles, 30 de marzo de 2016

El Peñón de Armas

 En la crónica anterior hice algunas consideraciones de carácter general sobre los tres peñones del Puerto de la Cruz y empecé a describir el peñón más cercano a la Plaza del Charco, que se denominó Peñón de Blanco por pertenecer a los hermanos Cristóbal y Nicolás Blanco, una poderosa y rica familia irlandesa, que se afincó definitivamente en nuestro pueblo. Mencioné asimismo, el intento fallido del Marqués de Villanueva del Prado, Alonso de Nava y Grimón, para obtener la cesión de este terreno, al objeto de construir un Jardín Botánico en esta zona. En esta nueva crónica voy a seguir narrando algunas vicisitudes relativas a este peñón.
La Visita de Charles Piazzi Smyth al Puerto de la Cruz (1856)
Charles Piazzi Smyth (1819-1900), nació en Italia, concretamente en la ciudad de Nápoles, siendo fruto del matrimonio del almirante inglés William Henry Smyth con una italiana de nombre Annarelia Warington. Años después, la familia se estableció en Bedford (Inglaterra), ciudad en la que había un observatorio donde el joven Charles Piazzi tuvo sus primeros contactos con la astronomía, ciencia a la que se dedicó enteramente.
A los 16 años trabajó como asistente de Thomas Maclear en el Cabo de Nueva Esperanza (África), desde observó el Cometa Halley y el Gran Cometa en 1843. Dos años después, en 1845, fue nombrado Astrónomo Real de Escocia, con sede en el observatorio de Calton Hill en Edimburgo y profesor del Astronomía en la universidad de esta localidad escocesa.

Jessica Piazzi Smyth
Charles Piazzi Smyth
 Charles Piazzi Smyth se casó en 1856 con Jessica Piazzi Smyth y tres meses después, en su viaje de luna de miel, vinieron a Tenerife en el verano, a bordo del yate Titania, con una tripulación de 16 hombres. El yate se lo prestó su amigo George Stephenson, miembro del Parlamento inglés, y además obtuvo una subvención de 400 libras esterlinas otorgada por la Royal Society de Londres, que fue insuficiente para sufragar los gastos del viaje, lo que finalmente pudo hacer por la buena situación económica de su esposa. 
Partieron de Southampton el 24 de junio de 1856 y llegaron al puerto de Santa Cruz de Tenerife el 8 de julio, donde fueron recibido por las autoridades tinerfeñas y el cónsul inglés Mr. Henry John Murray. El barco siguió luego hasta el Puerto de la Cruz de la Orotava, donde descargó el importante instrumental científico que traía a bordo.
Piazzi Smyth trajo a Tenerife, entre otros instrumentos, un telescopio montado de 1,88 metros, con el fin de conjugar su luna de miel con el trabajo, pues quería examinar las posibles ventajas que podría proporcionar un observatorio de alta montaña para la mejor observación del cielo. El 14 de julio de 1856 comenzó su ascenso al Teide, acompañado de su esposa, el guía, un criado y varios acemileros, estableciendo dos campamentos, uno en Guajara y otro en Altavista, desde donde realizó sus observaciones. 

Piazzi en Guajara

Los resultados científicos que obtuvo de sus observaciones, detallados en varios informes dirigidos tanto al Almirantazgo Británico como a la Royal Society de Londres, hacían hincapié en la ventaja que suponía observar el cielo, desde un lugar provisto de una atmósfera limpia, tal como era la de Las Cañadas en la isla de Tenerife.   
Durante su estancia en la isla, el matrimonio se hospedó temporalmente en el Sitio Smyth. es decir, el antiguo Sitio Litre, que por aquel entonces era propiedad del matrimonio inglés Charles y Ann Smyth [1], quienes lo habían adquirido y residían con carácter fijo en este lugar. A su regreso a Londres, Piazzi Smyth escribió y publicó en 1858, un libro titulado "Teneriffe, an astronomer's experiment", es decir, "Tenerife, las experiencias de un astrónomo", en el que relató su viaje a la isla y los resultados obtenidos en sus observaciones astronómicas. El libro está ilustrado con 20 fotografías estereoscópicas que tomó durante su estancia en la isla. Actualmente existe una traducción del libro realizada por Emilio Abad Ripoll y publicada [2] con el título "Más cerca del cielo. Tenerife. Las experiencias de un astrónomo" y también, un interesante artículo publicado en el periódico El Dia por José Manuel Ledesma Alonso [3].


                                                Libro "Teneriffe, an astronomer's experiment"

             Piazzi era un astrónomo muy aficionado a la fotografía y para realizar estas imágenes contó con la inestimable ayuda de su esposa Jessica Piazzi. Entre las fotografías realizadas, destacan las vistas con el telescopio, dos fotografías del drago de La Orotava, que poco tiempo después fue abatido por un huracán, y una foto estereoscópica del Teide, visto desde el Puerto de la Cruz de La Orotava, así como otra foto del Puerto de la Cruz [4].
Evidentemente, esta última fotografía es la que más conviene a nuestro relato, pues probablemente pertenece al grupo de las más antiguas fotografías de nuestro pueblo y es, por supuesto una foto del Peñón de Blanco. En ella se ve a Piazzi en las cercanías de este peñón, charlando con dos personas. La imagen fue tomada desde la Calle Nueva, que era la denominación que por entonces tenía la calle de Teobaldo Power.


Charles Piazzi Smyth hablando con dos personas y al fondo el Peñón de Blanco. 1856  

En las siguientes fotos, que son detalles ampliados de la foto anterior [5], se ve la gran mole de la roca volcánica, recuerdo durante milenios de las grandes erupciones que dieron origen a nuestro pueblo. Se aprecia claramente, que en su cúspide tenía colocada una cruz empotrada en la roca.          

Detalle de la foto principal

                                                         Detalle de la foto principal

Conviene tener en cuenta que probablemente sea ésta una de las fotografías más antiguas de nuestro pueblo, pues como ya dije anteriormente data de 1856.
El Peñón de Armas
En los tantas veces citados Anales de A. Rixo, en sus comentarios acerca del año 1869 afirma [6]:”El mismo Regidor Armas [7] obtuvo del ayuntamiento previa citación a los herederos de la familia López, permiso para romper el molesto espigón de risco que saliendo de la base del Peñón denominado de Blanco, obstruía el paso a la parte de la calle de Puerto Viejo. Y para resarcirle de los 140 reales de vellón invertidos en esta reforma se le concedió la propiedad del citado Peñón y su sitio contiguo, lleno de escombros y basuras para que lo beneficiase contribuyendo a la higiene pública”.                                                                                                                                                               Creo que a partir de este momento, lo adecuado de aquí en adelante, es citar al peñón que estamos describiendo como Peñón de Armas, siguiendo el mismo criterio por el que anteriormente era denominado Peñón de Blanco, pues como vemos, fue Pedro Armas López, a quien A. Rixo llama Regidor Armas, quien quedó como su propietario, en compensación y como pago en que se evaluaron los trabajos que efectuó por encargo municipal, para hacer más cómodo el tránsito por la calle de Puerto Viejo.
Me parece oportuno realizar algunos comentarios acerca del personaje que A. Rixo menciona nombrándolo como Regidor Armas, es decir, en lenguaje actual, el Concejal Armas.
Pedro de Armas López
Cuando A. Rixo menciona al Regidor Armas, se está refiriendo al portuense Pedro de Armas López (1835-1881), conocido en nuestro pueblo con el alias de “Guía”, que era maestro de albañil y contratista de obras.  A través de su cédula de inscripción en el Padrón Municipal del Puerto de la Cruz realizada el 31 de julio de 1875, y rellenada de su puño y letra, sabemos que estaba casado y vivía con su esposa Emilia Bethencourt Cruz y sus ocho hijos, Pedro, Julia, Manuel, Emilia, Tomás, Aurelio, Domingo e Isabel, de 18, 16, 14, 13, 12, 7, 5 y 2 años, respectivamente.


Cédula de inscripción de la familia Armas López. Archivo Municipal P. de la Cruz














El matrimonio vivió entre 1860 y 1867 en el número 10 de la calle de Santo Domingo, y luego, a partir de 1867, pasó a vivir al nº 30 de la calle de San Felipe, en una casa situada frente a la Iglesia de la Peñita, que hacía esquina entre las calles Villanueva y San Felipe. La casa en que vivió Pedro Armas López con su familia, actualmente no existe, pero hasta bien entrado el siglo pasado estuvo en el sitio descrito.


  P. Armas López vivió en la primera casa de la esquina, frente al Calvario 

La situación económica de Pedro Armas López y su familia, no debía ser mala y es destacable que, según confiesa en el padrón municipal, tanto él como su esposa y sus cinco hijos mayores, sabían leer y escribir, salvo su hijo Domingo de 5 años que sólo sabía leer y de su hija pequeña Isabel, que por su corta edad (2 años), no sabía leer ni escribir. Menciono estos datos, que hoy nos parecen aparentemente triviales, porque en las últimas décadas del siglo XIX, el índice de analfabetismo de la población portuense era bastante alto y que Pedro Armas, su esposa y sus hijos mayores supiesen leer y escribir, era sintomático de una buena posición económica y social.
Pedro Armas fue un hombre muy emprendedor que se dedicó a su oficio de maestro de obras, en el que actuaba como contratista, un ejemplo de lo cual lo tenemos en la primera referencia relativa al arreglo de la calle Puerto Viejo, citada anteriormente en esta crónica. También intervino activamente en el alumbramiento de aguas subterráneas, pues la escasez de agua en nuestro pueblo era crónica y este problema se intentaba paliar buscando agua en otras zonas. Por esta razón, en 1865, impulsó la creación de una asociación para la extracción de las aguas subterráneas de Palo Blanco, en el municipio del Realejo Alto, englobado actualmente, junto al del Realejo Bajo como bien se sabe, en un único municipio denominado Los Realejos.
La sociedad que creó para la explotación de las aguas subterráneas tenía 80 acciones, de las que Pedro Armas se reservó 20, o sea el 25% de la sociedad, vendiendo las restantes a 4000 reales cada una. El modo de pago de las acciones por parte de los asociados a la empresa, era del siguiente modo: cada accionista tenía que abonar 400 reales a la celebración del contrato y además, debía pagar mensualmente 35 reales durante 20 meses seguidos. Finalizado este periodo, tendría que satisfacer 2900 reales restantes, para completar el precio estipulado de 4.000 reales que costaba una acción y llegar así finalmente, a ser accionista propietario de la sociedad que se denominó Empresa de Aguas de Palo Blanco.   
Pedro Armas consiguió 40 personas que compraron las acciones, algunos de las cuales eran vecinos del Puerto, siendo la mayoría de ellos, propietarios importantes del Valle de la Orotava. Podemos darnos una idea de la posición económica de los accionistas, sin más que mencionar que entre ellos se encontraban Víctor Pérez González, Andrés González de Chaves, Francisco Ponte Llarena (Marqués de la Florida), José Llarena y Ponte (Conde del Palmar), Elena Benítez de Lugo (Marquesa viuda de la Florida), Agustín Espinosa Estrada, Diego Arroyo y Soto, Diego Benítez Monteverde (Marqués de Celada), Tomás Zamora Gorrín, a la sazón alcalde del Puerto de la Cruz, etc., es decir, una parte importante de la buena y acomodada sociedad del Valle de la Orotava.
Comentaré finalmente, que el alumbramiento del agua llegó a producirse, pero en una cantidad inferior a la esperada y a la prometida en las escrituras, que se estipuló en 4 pajas [8] por acción, no obteniéndose sino 2,5 pajas. Este incumplimiento de una de las cláusulas del contrato, le ocasionó muchos problemas económicos a Pedro Armas, pero queda fuera del alcance de esta crónica el seguir narrándolos.
Otra muestra palpable del carácter decidido y emprendedor de Pedro Armas López se puso de manifiesto, cuando se presentó conjuntamente con su cuñado Dionisio Bethencourt Cruz, a una convocatoria para la realización de las obras de abasto público de aguas a la ciudad de La Laguna. Esta obra le fue adjudicada como único postor de la subasta pública, en 11.431 pesetas y cincuenta céntimos.
La adjudicación fue hecha el 27 de octubre de 1871 en una subasta pública presidida por el por entonces alcalde de La Laguna, D. Martín Antonio Bello y la escritura del contrato se celebró tres días después, previo depósito de 114,31 pesetas, pues según estipulaba la ley, el contratista responsable debía depositar el 1% del montante del presupuesto total de la obra.
La traída del agua desde Las Mercedes y su conducción por el interior de la ciudad de La Laguna, tuvo diversas vicisitudes, pues los vecinos se quejaron en diversas ocasiones por las molestias ocasionadas, al tener abiertas simultáneamente varias calles, pero finalmente, el 25 de noviembre de 1871, Pedro Armas entregó la obra totalmente ejecutada. Una vez terminada, la obra fue recibida provisionalmente por una comisión del ayuntamiento de La Laguna, que después de examinar y revisar los trabajos ejecutados, dio su visto bueno al encontrar que estaban acordes con lo estipulado en el contrato. Dos años después, en marzo de 1873, se hizo la recepción definitiva de las obras.

Finalmente se muestra un vídeo de Museos de Tenerife tomado en el Royal Observatory de Edimburgo, narrando la peripecia de Charles Piazzi Smyth en su viaje a Tenerife.









1 El Sitio Smyth, es el nombre que recibió el Sitio Litre después que lo adquirieran Charles Smyth y su esposa Ann en 1852. Este sitio perteneció a esta familia, hasta que sus herederos lo vendieron en 1996 al empresario John Lucas.
  
2 Más cerca del cielo. Tenerife. Las experiencias de un astrónomo. Emilio Abad Ripoll. Ed. Idea, 2002.

José Manuel Ledesma Alonso, El Día-La Prensa, 8-VII-2006.


4 Las fotos pertenecen al The Royal Observatory of Edimburg. 


Agradezco a Alejandro Carracedo Hernández su trabajo fotográfico, al preparar en blanco y negro, los dos detalles de la fotografía original del Peñón de Armas que se muestran en esta crónica.


6 Anales, p. 488.

Se refiere a Pedro de Armas López, que fue elegido, por votación popular, regidor del ayuntamiento portuense en las elecciones de 1869, cuyo ayuntamiento estuvo presidido por Wenceslao Luis y Delgado. Anales p. 484.

8 La galería tenía un caudal de 250 pajas, o sea, 250 pipas por hora, equivalente a 10000 litros a la hora.