martes, 17 de mayo de 2016

Presencia guanche en el Acantilado de Martiánez

En la primera de las crónicas relacionada con la zona de Martiánez, recogí las memorias escritas por el geólogo portuense Telesforo Bravo, hablando de sus múltiples estancias en las cuevas del este acantilado, donde constató que algunas, con seguridad, pudieron haber servido para alojamiento de la población guanche. Hablé asimismo del origen del topónimo, y en la siguiente crónica comenté de la importancia que para nuestro pueblo tuvo el agua de la Fuente de Martiánez. En esta nueva crónica, vamos a corroborar las impresiones de D. Telesforo acerca de la presencia guanche en el Acantilado de Martiánez y veremos una narración donde se describe el hallazgo de numerosos restos de los aborígenes, en una de estas cuevas necrópolis del acantilado utilizada por los guanches.
Introducción
En un artículo aparecido en la revista La Ladera de Martiánez editada por el Ayuntamiento del Puerto de la Cruz, en su número 0 [1], D. Telesforo Bravo publicó un trabajo que tituló el Acantilado de Martiánez, que por su interés vamos a reproducir parcialmente. “Desde el plano de la Playa de la Barranquera había un camino empedrado para subir a La Fuente, que permitía a personas y caballerías para llenar bernegales y barriles de agua para uso doméstico. Desde La Fuente partían caminos a uno y otro lado para subir a La Paz o a San Amaro por lugares accesibles. El agua de La Fuente nace en el contacto entre una capa roja de tierra recocida (almagre), y una gruesa capa superpuesta de roca traquítica de unos 20 metros de espesor total. Hay algo de escoria en la base de la traquita que le sirve de “cama”, por donde circula el agua que se infiltra en los Llanos de La Paz. 
Acantilado de Martiánez. Se aprecia el camino para llegar a la Fuente de Martiánez. Autor anónimo
Delante de la fuente había una terraza amplia atravesada por un canalillo que llevaba el agua sobrante hasta un estanque donde se almacenaba. Allí había plantas acuáticas y ranas verdes. Antaño, el agua debía ser de buena calidad, pero al cultivarse los Llanos de la Paz y más tarde construirse un denso caserío sin alcantarillado, se ha contaminado y son imposibles de utilizar, saliendo “aguas negras” por algunos puntos del acantilado. A principios del siglo XX, se llevó agua entubada hasta el “Chorro Cuaco”, hoy en desuso, y más tarde se abrió otro chorro en la proximidad de la playa de La Barranquera.
Este último aspecto ya fue tratado con cierta amplitud en mi última crónica de modo que no voy a insistir sobre él. El cuerpo importante de esta tercera crónica dedicada a la zona de Martiánez va a versar sobre sus primitivos pobladores, es decir, sobre los guanches.
Restos guanches en la zona del Puerto de la Cruz
Al hablar de la presencia guanche en la zona del Puerto de la Cruz, D. Telesforo, en el mismo trabajo antes comentado, afirmó:”La subsistencia de cualquier lugar habitado depende de disponer de agua y recursos adyacentes, como ganado y tierra de cultivo. En el caso del Puerto de la Cruz, la existencia de la Fuente de Martiánez en tiempos de los guanches, debía ser un recurso para mantener una población permanente. En las costas, después de agotar los pastos de invierno, los pastores aborígenes tenían que buscar las frescas medianías, dejando la población básica y permanente en la costa”.  
Pasaremos a continuación a narrar las evidencias que se han encontrado para aseverar que el Acantilado de Martiánez fue una zona ampliamente utilizada por los guanches, que tuvieron en ella viviendas y que usaron como necrópolis. 
El escribano lagunero José Anchieta y Alarcón, informó [2] a mediados del siglo XVIII, de la existencia en una de las cuevas de la Ladera de Martiánez de “abundante leña de sabina y muchos huesos y cuerpos de guanches”. El citado escribano hizo constar que se había extraído un cuerpo entero, para mostrarlo, previo pago, a los interesados en su contemplación, afirmando que “en una cueva de los Riscos de Martiánez se descolgó con una soga uno a una cueva del risco y entró en ella y dijo que están muchos huesos y cuerpos de guanches en la misma forma que ahora se hallaron estos, y sacó uno entero que enseñó en el puerto y trajeron a la villa a enseñar y sacaba sus reales del que los quería ver, y dice que había en dicha cueva mucha leña de sabina y sacó porción. Esto así me lo dijeron de público muchos de la Villa que lo vieron…”
Como vemos por el relato del cronista lagunero, el expolio y la explotación económica de los restos de nuestros antepasados guanches, comenzó desde bien pronto y como veremos continuó sin interrupción hasta bien entrado el siglo XX.  
          Los historiadores Elías Serra Rafols (1898-1972) [3], Leopoldo de la Rosa Olivera (1905-1983) [4] y Diego Cuscoy (1907-1987) [5], estudiosos del pasado guanche, insistieron en 1965, con ocasión de una conferencia del primero de los citados en la ciudad de La Laguna, que era necesario retrotraer la fecha fundacional de la ciudad del Puerto de la Cruz dada por José de Viera y Clavijo (1731-1813), pues en su opinión habían datos suficientes para hacerlo, ya que tal como señaló Diego Cuscoy, en lo que hoy es el Puerto de la Cruz y muy particularmente en la zona conocida como La Paz, “antes de la conquista de la isla por los castellanos, existía un importante poblado guanche, lo que indudablemente acrecentaba su antigüedad como núcleo poblado”.   
        Tenemos fehaciente constancia de la veracidad del comentario de Cuscoy, pues en el mes de julio de 1879, el periódico Los Sucesos [6] que se editaba en Santa Cruz, se hacía eco de un importante hallazgo de restos aborígenes en las cuevas del Acantilado de Martiánez. A continuación, reproduzco literalmente el artículo publicado por el citado periódico.
El día 5 de julio (de 1879) se han encontrado en una cueva situada en la Ladera de Martiánez (encima de las huertas de Aguilar [7]), una osamenta inmensa, restos humanos, lo menos de 300 individuos, que por cierto, se hallan perfectamente conservados. Pertenecían, sin duda, a los primitivos habitantes de Tenerife, pues en la misma cueva aparecieron fragmentos de obsidiana y agujas de hueso. Se cree fundadamente, que esos restos es lo que queda de restos de momias destruidas por la acción del tiempo, atendiendo a que la entrada de la gruta está abierta al norte y expuesta por lo tanto a las brisas del mar. Este hallazgo ha tenido lugar por dos hombres que descendieron a la cueva colgados con cuerdas, porque es de muy difícil acceso, en busca del guano que suponían podía existir en aquel paraje, guarida predilecta de palomas y aves marinas.
Las personas ilustradas que se dedican al estudio de la raza primitiva están de enhorabuena, pues tienen gran colección de cráneos para comprobar las hipótesis que existen sobre el origen de los guanches o deducir otras nuevas. Es de suponer de la amabilidad del dueño de aquel tesoro, Sr. D. Ramón Gómez, que lo pondrá a disposición de los entendidos en esta materia.”
D. Ramón Gómez
          Puesto que en la crónica del periódico santacrucero Los Sucesos, se menciona a Ramón Gómez como “dueño de aquel tesoro”, creo oportuno incluir aquí algunos comentarios sobre él, puesto que al conocer sus actividades, podremos comprender también, cuál era la manera de comportarse de nuestros antepasados con los restos de los aborígenes guanches, que de vez en cuando solían aparecer en algunas cuevas.
 Ramón Gómez (1850-1919), fue boticario, naturalista, comerciante y museólogo portuense, según se anunció en el periódico ABC en 1913. El farmacéutico Alfonso Morales Morales, estudioso de la nómina de los farmacéuticos canarios, en su Obra “Perfiles de Farmacia” [8], al hablar del citado farmacéutico reseña literalmente su partida de bautismo de Ramón Gómez, que es del tenor siguiente: “Nació en el Puerto de la Cruz de la Orotava el 22 de junio de 1850 y fue bautizado el 1 de junio del mismo año, siendo su madrina Dª Gabriela Barrios, siendo hijo natural de Ignacia Gómez Rodríguez, natural y vecina, padre desconocido”. Este dato explica el por qué el farmacéutico en cuestión, siempre resulta citado con un único apellido, ya que era hijo natural de padre desconocido.
Ramón Gómez (1850-1919). Autor anónimo

 Ramón Gómez casó en 1873 con Amalia Benítez Méndez, con quien tuvo una única hija, Leticia Gómez Benítez, la cual andando el tiempo casó con Juan González Sanjuán, que fue alcalde de nuestro pueblo y que era conocido popularmente como D. Juan Sanjuán. El matrimonio Gómez- Benítez vivió justamente en la casa que en la que estaba la sede de la botica, vivienda que actualmente está desaparecida y cuya entrada estaba situada por la calle de Santo Domingo.
Casa de D. Ramón Gómez, en el cruce de las calles Santo Domingo y San Telmo. Autor anónimo
 Ramón Gómez tenía su farmacia situada en la esquina del cruce del Paseo de San Telmo con la calle de Santo Domingo, siendo la dirección de la farmacia Santo Domingo nº 22, edificio donde además de vivir el matrimonio tenía también una especia de "museo", que en algunos casos aparece citado como Museo Gómez
Casa de D. Ramón Gómez, por la parte que daba al Paseo de San Telmo. Autor anónimo
 Una parte considerable de los restos humanos sacados de la cueva del Acantilado de Martiánez anteriormente descrita y que estaban en manos de Ramón Gómez, fueron a parar a Santa Cruz de Tenerife tal como reseñó en su día el periódico santacrucero El Memorándum [9], en un suelto que a continuación cito literalmente: “Apenas tuvo conocimiento el Sr. D. Juan Bethencourt, Licenciado en Medicina, del descubrimiento hecho en una cueva de la Ladera de Martiánez, que encerraba una osamenta considerable de restos humanos pertenecientes a los primitivos habitantes de esta isla, marchó a dicha localidad y ha retornado de ella trayendo más de cien cráneos que regalará probablemente al Gabinete Científico de esta ciudad, prestando un importante servicio a las personas ilustradas.”


Anuncio publicitario en inglés de Ramón Gómez en la Guía Brown

Sabemos que Ramón Gómez conservaba y vendía en su casa-museo de la calle de Santo Domingo, nº 22, un notable conjunto de diversos objetos, algunas de ellos pertenecientes a los antiguos pobladores de la isla, según aparecía en un anuncio publicado en inglés en la Guía de Madeira, Islas Canarias y Azores, escrita por el inglés Samler Brown, de la que se publicaron catorce ediciones en inglés, español y portugués, algunas de las cuales llegaron a alcanzar hasta dos mil ejemplares [10].
Vemos pues, que en el anuncio -publicado en inglés-, se alude a la existencia de una amplia colección de flora y fauna de todas las partes de las siete islas, así como de especímenes geológicos. Lo más significativo e importante para nuestro propósito es el comentario siguiente,”se ven y se pueden comprar objetos etnográficos y antropológicos descubiertos en los sepulcros guanches”.
En otro anuncio publicado en otra edición de la citada Guía Brown en 1906, en el que la numeración de la casa había pasado de ser Santo Domingo 22 a Santo Domingo 21, se indicaba que todos los medicamentos y productos químicos que se vendían en su farmacia, estaban suministrados por la Casa Allen and Hanbury de Londres, Dispensador Internacional. 
Anuncio de Ramón Gómez publicado en la Guía de S. Brown

En el siguiente anuncio, señalaba también que tenía disposición del público, un surtido de artículos de aseo y un dispensario internacional y que se hablaba inglés y francés. Finalmente, también se mencionaba que tenía una gran colección de fauna y flora de las siete islas y que se podían ver y comprar muestras geológicas, etnográficas, objetos antropológicos descubiertos en sepulcros guanches, mapas antiguos y raros, así como que tenía para vender un stock de pájaros nativos.
Publicidad de Ramón Gómez en la Guía Brown
Vemos pues, por la información proporcionada por los anuncios, que Ramón Gómez, aparte de ser boticario, también negociada con una gran variedad de objetos de diversa índole, pues aparte de especímenes de la flora y fauna de las islas, tenía y comerciaba con objetos que pertenecieron a nuestro antepasados guanches, que con toda seguridad compraba a aquellas personas que los hallaban en las cuevas sepulcros, donde fueron enterrados nuestros antepasados aborígenes. 
Esta es una pequeña muestra de la nula importancia que durante los siglos anteriores se dio a estos preciosos vestigios de nuestro rico pasado, que en lugar de ser conservado y expuesto para general conocimiento, se utilizó por algunos desaprensivos para ganar dinero, con su exhibición y venta, con la natural y lógica dispersión y desaparición de muchos de estos restos.
Uno de los objetos de los antiguos guanches que tenía en su colección Ramón Gómez, era un ídolo llamado Guatimac o Ídolo de Guatimac, que estaba realizado en barro cocido. El ídolo se halla incompleto pues le faltaban dos apéndices que le salían de la cabeza; junto al cuello posee un agujero, probablemente para pasar una correa, ya que se cree que este tipo de ídolos fueron concebidos para ser colgados al cuello. 
Ídolo guanche Guatimac, hallado en el  Barranco de Herques. Fasnia. Isla de Tenerife. 
 Museo Arqueológico del Puerto de la Cruz

Los estudiosos creen que este tipo de ídolos eran utilizados por la casta sacerdotal aborigen de los Kankus [11] o bien por los Guadameñes [12]. En el lugar del hallazgo del ídolo, situado en el Barranco de Herques, en la localidad de Fasnia, se habían encontrado, a mediados del siglo XVIII, abundante número de momias guanches en una cueva sepulcral. 
Otra foto del ídolo guanche Guatimac, hallado en el  Barranco de Herques. Fasnia. Isla de Tenerife. 
 Museo Arqueológico del Puerto de la Cruz
Uno de los primeros investigadores en tratar el tema de los ídolos guanches fue el ya citado Dr. Juan Bethencourt Afonso (1847-1913), quien estudió el idolillo que estaba en poder de Ramón Gómez y lo describió [13] como sigue: “Uno de los (ídolos) que hemos estudiado procede del farmacéutico del Puerto de la Cruz, Don Ramón Gómez, encontrado en 1885 en una grieta de una cueva del Barranco de Erques en Fasnia, envuelto en pieles como todos los hallados; es un poco más pequeño, pero es de la misma familia, se trata de un guatimac, o sea como dice el vulgo un muñeco de barro que a guisa de pectoral llevaban colgados al cuello los sacerdotes guadameñes. El símbolo o idolillo de que nos ocupamos es de barro cocido, aunque la torrefacción resulta desigual y de un color blanco amarillento. La figura está incompleta por haberse roto un pequeño trozo de lo que pudiera llamarse bóveda craneana, o mejor capacete, como lo indica la interrupción del perfil, y la línea de puntos señala el sitio, hacia el cuello, donde le atraviesa un agujero para pasar la correa y a fin de llevarla colgada. La figurilla es aplastada de delante a atrás y de un grueso en dicho sentido de 6 a 7 milímetros, menos en la base que tiene un centímetro”.


José Bethencourt Alfonso (1847-1913)
El público en general, llamaba a estos idolillos con el término “santito de los guanches” o también “muñeco” y en la opinión de Juan Bethencourt Afonso ha sido “el espíritu de destrucción de nuestros campesinos la causa de que no hayamos podido estudiar otros ejemplares”.
Este ídolo junto con el resto de la colección que Ramón Gómez no pudo vender, se encuentran actualmente en el Museo Arqueológico del Puerto de la Cruz, producto de la donación que hizo su yerno, Juan González Sanjuán, que fue alcalde de nuestro municipio, cuando se prohibió tener restos arqueológicos de nuestros antepasados en colecciones particulares. La donación fue hecha inicialmente al Instituto de Estudios Hispánicos del Puerto de la Cruz y con el material de este centro y diversas aportaciones, se fundó el actual Museo Arqueológico de nuestro pueblo, donde se encuentra el ídolo descrito. 
 La parte de los restos aborígenes que se llevó el Dr. D. Juan Bethencourt, procedente del hallazgo comentado inicialmente en la Ladera de Martiánez, pasó a formar parte del Gabinete Científico que él fundó en Santa Cruz de Tenerife.
Esta narración constituye un buen ejemplo para mostrar el escaso interés y respeto que lamentablemente y con carácter bastante general, la población de la isla, y la de nuestro pueblo en particular, mostraba hacia el hallazgo de restos de nuestros antepasados, los primitivos pobladores de las Islas Canarias.
Cerámicas y Momia guanche en poder de Ramón Gómez
         El citado farmacéutico Ramón Gómez llegó a tener a la venta en su casa un gran lote diverso de objetos de uso práctico y diario en la vida de los aborígenes guanches, entre ellos una cierta variedad de objetos cerámicos. En la fotografía siguiente se muestran algunos de esos objetos en las habitaciones destinadas a museo que el farmacéutico poseía en su casa de Santo Domingo, donde como ya comentamos  estaba asimismo situada su farmacia.
En la siguiente foto realizada por unos extranjeros de habla inglesa que visitaron el museo de Ramón Gómez en el Puerto de la Cruz, podemos ver diversos objetos hechos de barro, que en la foto aparecen descritos como “guanche cooking utensils”, es decir, utensilios guanches para cocinar.

Guanche cooking utensils”. Utensilios guanches para cocinar. Foto cedida por MMM-Ball


Objetos y restos guanches a la venta en el Museo Gómez.
Foto cedida por el Museo Arqueológico del Puerto de la Cruz
        Asimismo, en la siguiente fotografía podemos apreciar como Ramón Gómez llegó a tener una momia guanche en su casa, si hacemos caso a la descripción que acompaña a la foto. El pie de foto no deja lugar a dudas, pues se lee perfectamente “Mummie of a guanche”, aunque de acuerdo con el diccionario, la ortografía no es correcta pues debe escribirse Mummy en lugar de Mummie.
Para mejor datación, el pie de foto añade “Gómez. Orotava”, en clarísima alusión al Museo Gómez del Puerto de la Cruz, pues como es bien conocido de todos, nuestro pueblo se designaba hasta finales del siglo XIX, como Puerto Orotava o también Puerto de la Cruz de la Orotava. 


Momia de un guanche. Colección Ramón Gómez. Foto cedida por MMM-Ball


Momias guanches en el Mueso Gómez. Foto cedida por el Museo Arqueológico del Puerto de la Cruz
Junto a la foto de las momias y de los utensilios guanches, hemos obtenido una foto de una amplia colección de cráneos cuidadosamente organizados en una estantería.Teniendo en cuenta, que una parte importante del numeroso grupo de cráneos guanches encontrados en Martiánez, más de 100 al decir de la crónica del periódico Sucesos, se encontraban en poder de D. José Bethencourt Afonso y que éste fundó y fue director del Gabinete Científico de Santa Cruz de Tenerife, y que más tarde este ente pasó a formar una sección del Museo del Hombre y la Naturaleza de Santa Cruz de Tenerife, no resulta descabellado suponer que una parte importante de los restos guanches encontrados en la Ladera de Martiánez estuvieran inicialmente en el Gabinete Científico y es posible que parte de ellos, se encuentren en estos momentos en el citado museo de Santa Cruz de Tenerife, aunque consultado el personal científico del citado centro, no pueden afirmar nada al respecto, por carecer de la adecuada documentación sobre muchos de los restos que en este centro existen, algunos de los cuales provinieron del Gabinete Científico.  
Cabe por tanto especular, conque parte de estos restos, bien sean del desaparecido Gabinete Científico fundado por José Bethencourt Afonso, bien sean del antiguo Museo Gómez, provengan de los encontrados en la cueva de la Ladera de Martiánez [14].

Colección de cráneos guanches. Cedida por MMM-Ball
             
              A continuación, muestro varias imágenes más, cedidas por el Museo Arqueológico del Puerto de diversos objetos relacionados con la cultura guanche.

Conchas marinas usadas para la fabricación de objetos de adorno. Cedida por el Museo Arqueológico del Puerto de la Cruz 
Collar hecho con conchas marinas. Cedida por el Museo Arqueológico del Puerto de la Cruz 
Fragmentos  de cabellos de aborigen. Cedida por el Museo Arqueológico del Puerto de la Cruz 

El Museo Casilda de Tacoronte 
A continuación, como otro ejemplo del mal manejo que se hizo hasta bien entrado el siglo XX de los restos de los aborígenes guanches, comentaré muy brevemente los avatares de la colección del llamado Museo Casilda. En realidad, este museo fue fundado por Sebastián Pérez Yanes y se hallaba en el término municipal de Tacoronte. aunque siempre fue conocido como Museo Casilda, parece que en honor a la madre del fundador, que se llamaba así. 
Resulta probado que en 1864 este museo poseía seis momias guanches aunque diferentes estudiosos difieren en el número total. En 1868, al fallecer Sebastián Pérez Yanes, dejó en su testamento como albacea a Diego Lebrún, quien al recibir diversas ofertas económicas para la compra de las momias guanches del museo, vendió parte de ellas a Fernando Cerdeña, un emigrante canario afincado en Argentina, que después de la compra las trasladó hasta este último país, donde permanecieron en Necochea, Argentina, durante muchos años. 
Para no alargar la historia contando todas las vicisitudes, sólo diré que después de arduas negociaciones, dos de las momias guanches procedentes del desaparecido Museo Casilda volvieron a la isla, adquiridas por el Organismo Autónomo de Museos y Centros de Tenerife.
Finalmente, a título de homenaje a las personas que tanto han batallado por recuperar las momias que existían en el desaparecido Museo Casilda de Tacoronte, pongo las fotos de estas momias, que permanecieron hasta 2003 en el Museo Municipal de Ciencias Naturales de Necochea, en la provincia de Buenos Aires (Argentina), hasta que han sido finalmente recuperadas y actualmente se encuentran expuestas al público en el Museo de la Naturaleza y el Hombre de Santa Cruz de Tenerife.

Momia guanche procedente de Necochea (Argentina), que previamente estuvo en el Museo Casilda de Tacoronte. En la actualidad se halla en el Museo del Hombre y la Naturaleza de Santa Cruz de Tenerife. 
Imagen cedida por MMM-Ball 

Momia guanche procedente de Necochea (Argentina), que previamente estuvo en el Museo Casilda de Tacoronte. En la actualidad se halla en el Museo del Hombre y la Naturaleza de Santa Cruz de Tenerife. 
Imagen cedida por MMM-Ball 

Nota.- Agradezco a Manuel Martín Martínez o MMM-Ball, como a el le gusta firmarse, en recuerdo a su antepasado, D. Carlos Ball, que vivió en nuestro pueblo, el haberme proporcionado las imágenes de los utensilios, restos y momias guanches. Igualmente, agradezco a Juana Hernández Suárez, Directora del Muse Arquelógico de Tenerife el haberme proporcionado diversas fotos del material arqueológico perteneciente a dicho Museo.  

             [1]       El Acantilado de Martiánez. Telesforo Bravo. Puerto de la Cruz. Tenerife. Revista La Ladera.  Excmo. Ayuntamiento del Puerto de la Cruz. nº0.

              [2]       Diario de José de Anchieta y Alarcón. Ed. Idea. 2012.

  [3]      Elías Serra Rafols (1898-1972), nació en Mahón, en la isla de Menorca y fue Catedrático de       Historia de la Universidad de La Laguna entre 1962-1968. Se especializó en el estudio de diversos aspectos , especialmente en la Conquista de las Islas Canarias, recopilando en una importante labor, junto con un grupo de especialistas formados a su vera, las Datas de Tierras de Tenerife y los Acuerdos del Cabildo, obras de obligada consulta para todo el que quiera estudiar la historia de nuestras islas.

[4]       Leopoldo de la Rosa Olivera (1905-1983), nació en San Cristóbal de la Laguna y  fue Doctor en Derecho que ejerció como profesor de Derecho Administrativo en la Universidad de La Laguna. Ingresó en 1930 en el Cuerpo de Secretarios de Corporaciones locales, y fue secretario del Cabildo de Tenerife y de la Mancomunidad de Cabildos. Asimismo, fue director en varias ocasiones del Instituto de Estudios Canarios y de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Tenerife. Desempeñó el cargo de Cronista Oficial de la ciudad de La Laguna, fue miembro de la Real Academia de la Historia de la Isla de Tenerife y ha pasado a la historia canaria, por sus rigurosos estudios y publicaciones sobre los guanches.

[5]       Luis Diego Cuscoy (1907-1987), fue un catalán maestro de escuela que estudió Magisterio en La Laguna y desempeñó sus funciones de maestro en varias localidades de la isla. Se interesó por la arqueología durante su estancia en El Sauzal y llegó a ser primero, auxiliar de la Comisaría de Excavaciones Arqueológicas de las Canarias Occidentales y después Comisario Provincial de esta entidad desde 1951 hasta 1969. Fue director del recién creado Museo Arqueológico de Tenerife en 1958, cargo que desempeñó hasta su muerte. Su obra principal es Los Guanches, publicada en 1968. Parte de los hallazgos de este investigador se conservan en el Museo Arqueológico del Puerto de la Cruz.

            [6]       Los Sucesos fue un periódico santacrucero de edición diaria. El artículo salió publicado en el nº 200 de 5-VII-1879.

[7]    En los Anales del Puerto de la Cruz, del cronista portuense A. Rixo, en la página 426 correspondiente al año 1859 se cita la huerta de Aguilar, en los siguientes términos: "Hubo copiosas lluvias, corriendo los barrancos, causando varios daños; el de Martiánez en la calzada y parapetos del paseo, lo mismo que en el lado opuesto, huerta de Aguilar (20-12 noviembre)".

[8]      Perfiles de Farmacia. Alfonso Morales y Morales. Ed. Idea, 2005, p. 45-51. En el mismo libro se agradece al historiador Dr. D. Manuel Rodríguez Mesa el haberle proporcionado la información, cosa que yo también hago, como usuario de la misma.

[9]       El Memorándum, 10-VII-1879.

[10]   Alfred Samler Brown edita su obra Madeira y las islas Canarias (Madeira and the Canary Islands) por primera vez en 1889. Conviene señalar que va a ser la primera guía turística seria a nivel mundial, pues se va a reimprimir 14 veces a lo largo de cuarenta y tres años (1889-1932). Algunas de las ediciones se hicieron en español. En las siguientes ediciones ya se incluye también a las Islas Azores, (1889-1932). Pedro Nolasco Leal Cruz. XX Coloquio de Historia Canario- Americana. 17-X-2012.

[11]     Los Kankus en Tenerife, eran los sacerdotes aborígenes responsables del culto a los espíritus de los antepasados.

[12]     Guadameñe es una palabra  guanche equivalente a sumo sacerdote,  hechicero u hombre adivino. Los guadameñes eran los encargados de asesorar a los menceyes guanches.


[13]     Historia del Pueblo Guanche. Tomo I. Su origen, caracteres etnológicos, históricos y lingüísticos. Tomo I, p. 292. Juan Bethencourt Alfonso.  Edición anotada por Manuel A. Fariña González. Editor Francisco Lemus.

[14]         Otra posibilidad que estimo menos probable es que sean del Museo Arqueológico de Las Palmas de Gran Canaria, situación que no es descartable por completo. 



miércoles, 11 de mayo de 2016

La Fuente de Martiánez

El problema del agua en el Puerto de la Cruz
         El crecimiento urbano y demográfico del Puerto de la Cruz de la Orotava a lo largo de los siglos XVI y XVII fue espectacular y ello planteó serios problemas de infraestructura, entre otros, el del suministro de agua potable a una población cada vez más numerosa. Por otra parte, la intensa actividad portuaria que desplegaba nuestro pueblo, exigía una cantidad cada vez más creciente de agua, pues aparte de ir abasteciendo a la escasa vecindad, había que ir haciendo frente a la creciente demanda exigida por las numerosas naves que llegaban a los fondeaderos portuenses, que debían hacer sus aguadas para proseguir su tornaviaje y ello provocaba una nueva necesidad, que se sumaba al consumo diario de la pequeña, pero cada vez más creciente, población de nuestro municipio.
El problema llegó a ser verdaderamente acuciante, puesto que el Puerto de la Cruz crecía aceleradamente en población y además, veía que los pueblos limítrofes, La Orotava y Los Realejos, aunque eran ricos en manantiales, nunca aceptaron compartir su agua con los habitantes de nuestro pueblo, que dicho sea de paso tenía recursos hídricos muy limitados por su origen volcánico, ya que tal como comentamos en las primeras crónicas, el suelo del Puerto de la Cruz, se hallaba asentado sobre lo que anteriormente había sido una hermosa bahía marina.
El Cabildo de la isla de Tenerife, radicado por aquel entonces en San Cristóbal de la Laguna fue consciente desde los primeros momentos del despliegue poblacional, de la necesidad de proveer de un suministro de agua potable al Puerto de la Cruz de la Orotava, ya que era uno de los lugares por el que tenía lugar la entrada y salida de buena parte de las mercancías de la isla de Tenerife.
Ya el 8 de marzo de 1539, reunidos en cabildo en la Iglesia de San Miguel, en la La Laguna, los regidores vieron otro capítulo de la carta del Licenciado Alonso Yanes de Ávila, Gobernador de la Isla, en que se trataba el tema de sacar el agua en la Caleta del Araotava “y hacer pozos en la dicha caleta, pues les consta que es cosa útil y provechosa que en la dicha caleta haya pozos de agua, para que así los navíos que allí surgen a cargar y descargar mercaderías, y las gentes yentes y vinientes a la dicha caleta tenga agua que beber, de lo cual hasta ahora han tenido y tienen falta en la dicha caleta”.
Los regidores de la isla mandaron que, puesto que el cabildo no tenía dineros que pudiera gastar en dicha obra, se vendiese tanta saca de madera por la Caleta del Araotava, hasta que se  llegase a la cantidad de 30 doblas de oro [1]. Añadían, asimismo, que para que no se sacase más madera de lo que se requería, las licencias de la saca de madera deberían estar firmadas por la Justicia y el Regimiento de la isla y así, en su acuerdo, encomendaba que lo controlasen los regidores Lorenzo de Palenzuela, Alonso de Llarena y Juan Benítez de Lugo, este último alcalde del lugar de La Orotava.   
En siguiente año de 1540, se alude nuevamente a este tema afirmándose [2]:”Por cuanto en la Caleta del Araotava se mandó a hacer un pozo, el cual se concertó con Ruy Pérez, y se comenzó a abrir y se halló agua, la cual según dicen aunque era razonable, podría ser que más arriba fuese mejor, porque dicen que viene de hacia arriba y no de donde está la mar. Acordaron de cometer a los dichos señores regidores que vean si será bien acabar el dicho pozo o hacer otro, y que si les pareciese señalar en otro lugar donde se haga, llevando personas que de ello, sepan…”                   El pozo de la Plaza Concejil
No he encontrado más menciones relativas a este tema a lo largo del siglo XVI, pero sabemos que en 1600, el Cabildo tomó el acuerdo [3] de abrir un pozo, lo cual se hizo en la parte sureste de la Plaza Concejil, y el texto del acuerdo tomado fue el siguiente: “La Justicia y Regimiento dijeron que por que el señor Gobernador ordenó al alcalde y a los caballeros regidores de la Orotava hacer un pozo en el puerto para que la gente que va a velar tenga agua que beber”. El pozo que se abrió se hallaba situado en la zona sudoeste de la pequeña plaza que se hallaba delante de la Casa Ventoso y que se sigue denominando Plaza Concejil.
Plaza Concejil, en la que estuvo el Pozo del mismo nombre. Foto Fregel
En la casona que se aprecia en la foto, nació el escritor portuense Agustín Espinosa  
Posteriormente, cuando el vecindario obtuvo un suministro de agua de manantiales más lejanos pero más caudalosos, tales como las Aguas del Burgado en terrenos de Los Realejos, el agua del Pozo Concejil ya no fue necesaria y dejó de usarse, aunque en 1825, ante una pronunciada sequía A. Rixo comenta en sus Anales lo siguiente [4]:“La falta de agua fue mucha en este pueblo porque se minoraron las fuentes y se secó la nombrada de Mejorada, en tales términos, que los vecinos ocurrían por ella a Martiánez y otros a la Villa, y los barcos a donde llaman Las Aguas [5]. Sin embargo, se pagaban los derechos para ayudar a conservar la poquita que venía hasta el chorro de San Felipe y no pasaba de allí. En esta virtud, el Alcalde y Ayuntamiento hicieron abrir en la Plaza Concejil el pozo de este nombre, cuya agua aunque algo salobre, servía al pueblo en tiempo antiguo. Púsosele ahora bocal, baldes y molinete y fue de gran servicio”. Comentaré finalmente que en 1827, no siendo ya necesario este pozo de la Plaza Concejil se mandó tapar [6].     
Acarreando agua de la Fuente de Martiánez     Fuente de Martiánez. Foto M. Hernández Padilla
La Fuente de Martiánez
Una vez establecido en la crónica anterior el origen del topónimo que da nombre a la zona, veremos algunos otros datos sobre el mismo lugar, en relación con la llamada Fuente de Martiánez.
A mediados del siglo XVII, concretamente en 1652, María Ruiz del Álamo,  que a la sazón era viuda del Capitán Rodrigo de Vera, -que había sido el primer escribano público del Puerto de la Cruz de la Orotava-, Salvador González Ruiz, junto a los otros propietarios del agua de la Fuente de Martiánez, cedieron esta fuente al vecindario del Puerto de la Cruz de la Orotava por escritura pública, celebrada en 1652 ante el escribano de la Laguna Martín de Naveda.
Desconocemos los términos en que se produjo la cesión, así como las contrapartidas que indudablemente debieron obtener los propietarios de la citada agua, a cambio de ceder sus derechos sobre el agua de la Fuente de Martiánez, debido a que está perdido el protocolo notarial en el que debía estar recogida esta escritura. El cronista portuense Álvarez Rixo, si recoge la cesión de estas aguas al pueblo en la páginas iniciales de sus Anales [7], pero no dice nada al respecto de contrapartidas ni de las condiciones en que se efectuó la cesión.

Dibujo de la fuente de Martiánez
A medida que fue creciendo rápidamente la población del Puerto de la Cruz de la Orotava a lo largo del siglo XVII, las aguas de la Fuente de Martiánez junto a las del Pozo Concejil, se fueron haciendo insuficientes para abastecer a la creciente población y además, para hacer la aguada necesaria para el retorno a sus puertos de origen y/o destino, de los numerosos barcos que acudían a nuestro puerto. Todo ello, hizo necesario recurrir a otros manantiales fuera de nuestra población, tema éste que comentaremos oportunamente en otros artículos. 
El acceso del vecindario al agua de la Fuente de Martiánez fue de extraordinaria importancia, ya que constituyó una garantía de suministro de agua potable a la creciente población del Puerto de la Cruz. Aquí sólo comentaremos, que en los periodos conflictivos de escasez de aguas, siempre se volvió a hacer uso de las aguas de la Fuente de Martiánez, a pesar del trabajo que suponía llevar los cántaros vacíos desde el pueblo hasta los chorros, llenarlos de agua y luego descender por el estrecho sendero hasta el por entonces lejano caserío, llevando el agua a hombros, tarea que siempre llevaban a cabo, como era lógico, los esclavos y los criados de los ricos propietarios del Puerto de la Cruz de la Orotava.
Como último botón de muestra, citaré [8] que en 1850, de orden del alcalde constitucional José Agustín Álvarez Rixo, el Ayuntamiento del Puerto de la Cruz mandó limpiar y reparar la Fuente de Martiánez, la cual se hallaba en mal estado y poca agua manaba de ella.
Conflictos en la Fuente de Martiánez
Podemos ilustrar la importancia y los conflictos que el uso de las aguas de la Fuente de Martiánez tuvieron para nuestra población, con la siguiente anécdota. En 1687, compareció Domingo Herrera ante el alférez Esteban Pérez, que estaba actuando como alcalde de ausencias, es decir, alcalde suplente, para denunciar que se estaban lavando "cosas" en la Fuente de Martiánez y que la Justicia prohibía esta práctica. En su alegato, exigía además a la autoridad que defendiese el manantial y la fuente pública de estos abusos, por lo que proponía al alcalde se pusiese un guardia, día y noche, para evitar que se reprodujeran estos hechos [9].
Después de escuchar su denuncia y petición, el alcalde le nombró guarda de la Fuente de Martiánez por un periodo de un año, acordando con el alférez Esteban Pérez, un pago de 15 reales mensuales por su trabajo de vigilancia de la zona. A cambio de este sueldo, que salía de las menguadas arcas municipales, el guarda nombrado debía velar de la fuente día y noche, evitando tanto que se lavasen utensilios de cocina, como también las rencillas y peleas que solían surgir con cierta frecuencia, cuando accedían a la citada fuente los vecinos o sus criados a llenar sus recipientes con agua potable.
Un ejemplo de estas peleas lo tenemos en el pleito surgido el 20 de julio de 1824 entre Pedro de Aguiar, un criado del genovés Luis de Lavaggi y los hermanos Lorenzo y Cristóbal de N., sirviente el primero de Carlos Francisco y el segundo del médico Juan García. Puesto que los dos hermanos no había colocado sus barriles en los dos chorros por los que manaba el agua de la fuente, el otro criado, Pedro de Aguiar, puso los suyos, y ante esta situación se entabló una fuerte discusión de la que este último salió muy mal parado, no llegando las cosas a mayores por la actuación de Blas Borges, criado del doctor de origen inglés Carlos Ball [10], vecino del Puerto de la Cruz, que evitó que las cosas empeorasen, pues los dos hermanos pretendían lanzar a Pedro de Aguiar por laderas del Acantilado de Martiánez. 
El alcalde, Francisco de Arroyo, condenó a los dos hermanos agresores a prisión y a pagar el daño que habían hecho a Pedro de Aguiar, quien a causa de los golpes recibidos debió de ser asistido por el médico Tomás López. Los hermanos también fueron condenados al pago de una cantidad de 36 reales, equivalente al salario de los nueve días de trabajo que perdió el agredido, a razón de 4 reales diarios. Sirvan esta anécdota para ver la importancia que para el abastecimiento público de la población de nuestro pueblo, tenía el agua de la Fuente de Martiánez [11].
Olivia Stone y la Fuente de Martiánez
Olivia Stone da en su libro “Tenerife y sus seis satélites” una buena descripción del Acantilado de Martiánez y de la Fuente que nos ocupa en este comentario. Así, la escritora inglesa afirma [12]:“Ahora subimos por un sendero que serpentea por la ladera del acantilado sobre la que se encuentran la casa del Marqués de Candia [13] y sus terrenos. El sendero es simplemente un reborde estrecho en la pared del precipicio, nada más. La tierra sobre la que caminamos es roja y polvorienta, mientras que sobre nuestras cabezas se encuentra un río de lava, cuyo color pardo mate contrasta agradablemente con el alegre color de abajo. Bajo una roca que sobresale, en un tramo ligeramente más ancho del sendero, nos encontramos con dos tubos de piedra que sobresalen un pie de la pared de la montaña, y de los que mana agua transparente y clara. Es la famosa Agua de Martiánez y se dice que es la mejor y más pura de toda la isla. Comprobamos que su temperatura era de 63ºF (17,3ºC) y la del aire, de 69ºF (20,5ºC) [14]. El Sr. Charles Smith [15], que ha observado la temperatura del manantial durante muchos años y en todas las estaciones, nos informa que nunca muestra la más ligera variación. Se dice que los balleneros prefieren aprovisionarse de esta agua, porque dicen que se conserva mejor que cualquier otra. 
La formación inmediatamente encima de los tubos parece una especie de conglomerado muy suelto, con los intersticios entre las piedras casi vacíos. Hay una vista magnífica de la ciudad que hemos dejado atrás; el sol matutino resalta con toda  nitidez las paredes enjalbegadas, los postigos verdes, las tejas, rojas y las azoteas. Continuando nuestro paseo, después de beber un poco de agua y comprobar su frescor y su pureza, llegamos, poco después a una cueva que penetra una corta distancia en el risco pero que posee un techo alto y una entrada ancha”.  
Fuente de Martiánez. Foto Heinsel. Coloreada por Rafael Afonso Carrillo
Se aprecia de la lectura del comentario anterior de O. Stone que a la escritora inglesa, tan crítica con otras cosas de nuestro pueblo e isla, le gustó y le sobrecogió el ascenso por la estrecha senda que conducía desde la Playa de Martiánez hasta la fuente del mismo nombre, pues le permitió disfrutar de la hermosa la panorámica del Puerto de la Cruz que desde allí se ve. Ella la define como “hay una vista magnífica de la ciudad que hemos dejado atrás;…” y además afirma, que también le pareció buena el agua de la Fuente de Martiánez, que palió la sed de los habitantes de nuestro pueblo a lo largos de los siglos XVI, XVII y gran parte del XVIII.  
Vista del Puerto de la Cruz, desde los Acantilados cerca de La Paz. Finales del siglo XIX. Anónima
En primer término, se aprecia la casa de la familia García Gutiérrez, que después sería el Hotel Martiánez y detrás, un poco más lejos, la Casa Casino de Luis Lavaggi.
Foto de autor anónimo, de la misma zona a finales del XIX,  publicada por Melchor Castilla Hernández, perteneciente a la colección de Carlos Teixidor.  
El análisis del agua de la Fuente de Martiánez
          La importancia que a lo largo de los siglos pasados tuvo este manantial, merece que le dediquemos un pequeño comentario al análisis químico del agua de la Fuente de Martiánez llevado a cabo por Edward Frankland (1825-1899) [16], que fue publicado en el periódico La Opinión en 1887 [17], cuyos resultados se muestran a continuación.
Edward Frankland (1825-1899)

TABLA CON  VALORES DE ALGUNOS IMPORTANTES PARÁMETROS DEL AGUA DE MARTIÁNEZ
Contenidos
Cantidades en mg/l
Sustancias sólidas en solución
                              3,05
Carbono orgánico
 0, 473
Nitrógeno orgánico
0,555
Cloro
                            39,912
Nitrógeno en forma de nitratos
1,297

Los resultados del citado análisis mostraron que el agua de la Fuente de Martiánez tenía un bajo contenido en materia orgánica, lo que se interpretó como un adecuado parámetro de la escasa contaminación de la fuente por la actividad humana. Además, tenía una cantidad moderada de sales y de cloro, lo que en conjunto, la convertía en agua potable de muy buena calidad.
Un gran valedor de la calidad del agua de la Fuente de Martiánez fue el Dr. Jorge Pérez Ventoso, médico portuense responsable de haber solicitado el análisis de las aguas de la fuente y de su publicación en el periódico citado, quien llegó a afirmar “que las familias que se surtían del Agua de Martiánez gozaban de muy buena salud”.
Puesto que la aguas de esta fuente fueron muy importantes para la población de nuestro pueblo, se terminó acercándolas más hacia la zona habitada del vecindario y también hacia la Playa de Martiánez, donde en la desembocadura del barranco existió un chorro con agua procedente de la fuente que comentamos. Este chorro permitía a los bañistas de la Playa de Martiánez, ducharse para eliminar los restos del agua salada.
La Cruz y el Chorro de Cuaco
En lo referente a la Cruz de Cuaco, en los tantas veces citados Anales de A. Rixo en la crónica de1 año 1840 se dice [18]:”Por empeño del Alcalde (D. Tomás F. Cólogan), se ha empedrado la calle de Cupido desde la esquina de la Oposición (la actual A. de Bethencourt) adelante, enderezándola algunas tortuosidades que ha sido posible, y a la inmediación de la Cruz de Cuaco se han puesto unos chorros de agua para el abasto de aquellos vecinos”. Por la información de A. Rixo parece deducirse que la Cruz de Cuaco es más antigua que el pilar del mismo nombre, aunque A. Rixo no da la referencia de cuando se construyó la capilla que alberga la citada cruz.

Capilla de Cuaco. Foto Diario de Avisos. M.P.P.

En este año de 2016, la Cruz de Cuaco no fue engalanada como era tradición y ello, según informa la prensa a través de un artículo escrito por Gabriela Gulesserian [19], ha causado malestar entre los vecinos. El conjunto de Chorro Cuaco fue declarado BIC (Bien de Interés Cultural) en Abril de 2003 y abarca tanto al Chorro, como a la Cruz y al Callejón, que como es bien sabido comienza en la calle Valois. No obstante, yo estoy firmemente convencido que la familia De la Nuez, responsable durante muchos años del cuidado y del ornato de la Cruz de Cuaco, seguirá encargándose de que no se rompa una muy antigua tradición, pues es bien sabido el cuidado que la citada familia ha tenido con este lugar durante mucho tiempo.  
Volviendo la atención desde la capilla hacia el chorro, la más antigua información que he podido conseguir respecto al Chorro Cuaco es la cita anterior de los Anales de 1840, pero existe otra correspondiente al año 1849, en la que A. Rixo comenta [20]: “También en esta época se trató de zanjar el pleito de despojo que el Ayuntamiento tenía pendiente con don Lorenzo Cáceres [21], referente al uso del chorro del Pilar de Cuaco”. Ignoro exactamente cuál era la causa del pleito, pero las citas anteriores son muy interesantes, porque nos permiten afirmar que los chorros de esta zona fueron instalados en 1840, lo que potencia la función del Chorro de Cuaco, como punto de abasto de agua para el vecindario desde tan temprana época.
Chorro Cuaco. Agua de la Fuente de Martiánez. 1901

El ayuntamiento portuense de 1900, llevó a cabo la instalación de una canalización que trasportaba el agua desde la Fuente de Martiánez hasta el Chorro Cuaco, aprovechando el importante desnivel que existe entre la Fuente de Martiánez y la citada calle de Valois. Hay que resaltar que este chorro ha estado instalado desde sus comienzos estuvo en el mismo sitio en que aún se halla, concretamente, en la calle Valois, 
El Chorro Cuaco engalanado con motivo de la Fiesta de San Juan
La instalación, todavía se conserva y aunque pasó épocas en que su deterioro era evidente, actualmente se encuentra remozada y con muy buen aspecto, aunque evidentemente ya no cumpla con la función primitiva para la que fue creada.
Desde algunos años, se vienen engalanando todos los antiguos pilares de agua del municipio con motivo de la fiesta de San Juan y en la foto siguiente se muestra el Chorro de Cuaco muy bien pintado y engalanado para tal ocasión.
El origen del topónimo Cuaco
Me ha parecido oportuno terminar esta crónica especulando en torno al origen del topónimo Cuaco, palabra que en principio pudiera parecer extraña, pero que tal como comenté anteriormente, ya aparece citada en los Anales de Rixo desde el año 1840, aludiendo al Chorro de Agua. Tengo que afirmar, que no he encontrado ninguna aproximación concluyente al término Cuaco aplicado tanto al chorro como a la capilla aledaña, por lo que lo que voy a comentar a continuación no es más que una hipótesis de trabajo, o si se quiere una especulación, sin ningún fundamento histórico.
Sabemos por las documentos del Cabildo lagunero que en una sesión del cabildo, celebrada  el 10 de marzo de 1543 [22], compareció ante el cabildo Diego Benítez Çuaço y “dixo que él a seydo elegido e nombrado alcalde del agua del lugar del Araotava por los Sres. Justiçia e Regimiento…”. Diego Benítez y Çuaço, renunció a este nombramiento porque en aquellos momentos, según sus propias palabras, estaba ocupado en otros negocios que no podía abandonar, por lo que solicitaba se dejase sin efecto el nombramiento, tal como así ocurrió.
La misma persona aparece citada otras veces siempre en relación con La Orotava, bien con arrendamientos de tierra, bien en relación al agua, y mi conjetura es que resulta factible pensar, que sus descendientes pudieran tener terrenos de su propiedad por la zona en cuestión. Mi hipótesis es que al correr del tiempo, el apellido "Çuaço" de este conquistador y sus descendientes, que originalmente se escribía con cedilla (ç) y se pronunciaba “Suaso o Zuazo” con el sonido “ese o zeta”, pudiera cambiar su fonética con el tiempo convirtiéndose la “ç” en una “c” y cambiando su sonido, de modo que Çuaço, andando el tiempo pudo convertirse en Cuaco.
Soy consciente de que es lo que he la teoría que he utilizado es un débil argumento y lo expongo, más que nada, para ver si alguna persona más versada que yo en estas lides de la evolución del lenguaje, puede colaborar aportando datos que ayuden a clarificar el origen de este interesante topónimo portuense. 


[1]   Acuerdos del Cabildo, fº 100 v. 8-III-1539.
[2]   Acuerdos del Cabildo, fº 40 r. 5-IV-1540.
[3]   AMLL. Acuerdos del Cabildo. Oficios 1º. Libro 18. 9-III-1600, fº 208v.  
[4]   Anales, p. 288. 
[5]   Las Aguas es un barrio de San Juan de la Rambla, rico en manantiales.
[6]   La Plaza Concejil se halla situada en el cruce de la calle Iriarte con San Juan, justo delante del Torreón Ventoso. Anales, p. 302. 
[7]    Anales. p.10.
[8]    Anales, p.380. 
[9]    AHPSCT. PN 3800. Bartolomé Hernández Romero. 17-VI-1687, fs 114-115.   
[10]  El doctor Carlos Ball era de origen inglés y vivió en la calle de Las Cabezas, actual calle Blanco.  
[11]  AHPT. PSO-6-1097.
[12]  O. Stone. “Tenerife y sus seis satélites”, p. 449-450
[13]  Se refiere a la casa de la Familia Cólogan en La Paz
[14]  Olivia Stone da en su libro la temperatura del agua en la escala que habitualmente utilizan los ingleses, conocida como Escala Farenheit (ºF), pero probablemente el traductor del libro, ha escrito la correspondiente equivalencia de esa temperatura en grados Celsius o Centígrados (ºC).
[15]   Charles Smith era el por entonces propietario del Sitio Pardo, nombre que le dio al antiguo Sitio Little. Su nombre ya ha sido citado con anterioridad en estas crónicas.
[16] Edward Frankland (1825-1899), fue un prestigioso químico londinense que trabajó intensamente en el control de la calidad de las aguas de la ciudad de Londres.
[17]  La Opinión, 20-VIII-1887.
[18]  Anales, p.345. 
[19]  Graciela Gulesserian. La Opinión. 6-V-2016.
[20]  Anales, p.376. 
[21]  Muy cerca de la antigua casa de mis padres, situada en el nº 42 de la calle Iriarte, vivió un descendiente de D. Lorenzo Cáceres, llamado D. Melchor Cáceres, hombre de fuerte carácter, que poseía asimismo una casa en la calle Esquivel, muy cerca de su cruce con Valois, aunque su vivienda principal era la que tenía en Iriarte, donde residía con sus dos hijos y una hija. La calle que conduce desde La Hoya a San Telmo tuvo como nombre “Sargento Cáceres”.
[22] Acuerdos del Cabildo, fº 197 r. 9-III-1543.