miércoles, 15 de febrero de 2017

El primer Gran Coso de Carnaval de 1910

Siguiendo con las dos anteriores crónicas dedicadas a comentar el carnaval portuense, expongo en esta tercera y última dedicada al mismo tema, el nacimiento del primer Gran Coso de Carnaval, que tuvo lugar en febrero de 1910, y se gestó gracias a la acción conjunta de una entidad llamada Comité de Turismo, el empuje de un entusiasta grupo de carnavaleros portuenses y la decidida participación de gran parte de la colonia extranjera, fundamentalmente inglesa y alemana, residente por aquel entonces en nuestro pueblo.
La colonia inglesa estable venía muy condicionada por el establecimiento de empresas británicas en nuestra isla con fuertes intereses económicos, tales como las casas comerciales Hamilton y Yeoward, entre otras. La colonia alemana creció notablemente cuando el Hotel Taoro fue arrendado a una empresa alemana, pasando a llamarse Grand Hotel Humboldt.
También colaboró decididamente la familia Wildpret Duque, que como comentamos en crónicas anteriores, se estableció en nuestro pueblo y se dedicó con notable éxito a las actividades empresariales, y construyó a su costa una carroza, al igual que hicieron la colonia inglesa y alemana.
En esta crónica, comento con detalle el desarrollo del primer Gran Coso, gracias a que en esos años en el Puerto de la Cruz existía un periódico llamado Arautápala, que evidentemente se hizo eco con todo lujo de detalles de este gran acontecimiento. Por la extraordinaria importancia del papel desempeñado por el Comité de Turismo, me ha parecido oportuno comenzar la crónica comentando algunos aspectos de su interesante actividad. 
El Comité de Turismo y el periódico Arautápala
Los años comprendidos entre 1910 y 1913 vieron aparecer un componente de gran importancia en el carnaval portuense, que le llegó a dar justa fama en esos años y luego posteriormente, en el lustro comprendido entre 1925 y 1929. Me refiero al llamado Gran Coso de Carnaval, entendiendo por tal un desfile de comparsas, carrozas y jinetes vestidos a la antigua usanza, acompañados habitualmente por una o dos bandas de música y una numerosa cantidad de personas disfrazadas que seguían al cortejo, bailando al compás de los alegres pasacalles que interpretaban las bandas de música.
            El primer Coso surgió en 1910, como fruto de la acción conjunta del Comité de Turismo, de  un entusiasta grupo de carnavaleros portuenses, de la colaboración de las colonias británica y alemana residente en nuestro pueblo y del apoyo del periódico local Arautápala. Me parece conveniente que examinemos separadamente cada una de estas entidades para luego comprender el papel que jugó cada una de ellas en el nacimiento del primer coso.
       El Comité de Turismo, que utilizaba los anagrama CT y C. de T., como distintivo de su asociación, surgió de la necesidad de crear un ente que, a la par que impulsase el ya por entonces muy prometedor turismo portuense, cuidase del entorno, así como de las atenciones que los visitantes merecían. El nombre completo de este organismo era Comité de Turismo y Propaganda Local, y ya actuaba a comienzos del año 1910.
Este comité se preocupaba de que funcionaran adecuadamente los servicios locales y así, como un ejemplo de su modo de actuar, comento que en 1912, un vocal del comité se hizo eco de la reclamación de Frau Jacob, una turista alemana alojada en el Hotel Monopol, quien se quejaba de no haber sido debidamente atendida en el servicio local de Correos y Telégrafos portuense. También denunciaron los graves problemas de transporte que padecía el Puerto de la Cruz en sus comunicaciones con la vecina Villa de La Orotava y la zona capital, acusando a la Empresa Camacho, encargada por entonces de las comunicaciones entre la zona capital y el norte de la isla, por su deficiente servicio y sus reiterados incumplimientos. 
El periódico también acusaba al ayuntamiento portuense de negligencia por no exigir a la citada empresa el cumplimiento de sus obligaciones. Así, Antonio Márquez, el presidente del Comité de Turismo, dirigió  en 1912 un escrito al Alcalde del Puerto, en el que solicitaba entre otras cosas, que se pidiera a la Empresa Camacho el cambio de la parada, colocándola en la Plaza de la Iglesia. Asimismo, pedía que se arreglara el trozo de la carretera comprendido entre Las Arenas y el Puerto, puesto que su mal estado obligaba a la citada empresa, a colocar un coche de tracción animal, para enlazar el tramo de Las Arenas con el Puerto de la Cruz, con las consiguientes molestias para los viajeros. Finalmente, se pedía también que la reivindicación sobre el arreglo de la citada carretera, se expusiera al Comité de Turismo que se había constituido en Madrid, bajo la presidencia del Excmo. Sr. Duque de Tovar, hermano del Conde de Romanones. 
El Comité solicitó asimismo, que cesara el maltrato público de los animales que tan mala impresión provocaba en los turistas visitantes y que, además, durante los meses de noviembre a febrero, las calles del pueblo permanecieran iluminadas hasta la una de la madrugada, con independencia de que hubiera o no luna.
           El Comité de Turismo, fue un gran impulsor de la difusión de las bellezas de la Isla de Tenerife en general y del Valle de la Orotava en particular, y como muestra cito que en una iniciativa sin precedentes, editó en 1913 diez mil ejemplares de un folleto en inglés, alemán y francés, que incluía un grabado en colores del Valle de la Orotava, que lamentablemente no he podido localizar. Los miembros del Comité jugaron un papel importantísimo, impulsando no sólo las actividades turísticas, sino también las fiestas locales, pues participaron activamente en las portuenses Fiestas de Julio de los años 1912, 13 y 14, dotándolas de una cuidada y planificada proyección turística. Tampoco fue ajeno el Comité a las necesidades sociales y organizó diversas kermeses a beneficio de los hospitales de La Orotava y del Puerto de la Cruz.
          El primer Comité de Turismo, que se presentaba con el anagrama C. de T., nació en el Puerto de la Cruz en 1910 y funcionó varios años. Sus componentes eran las que podríamos denominar fuerzas vivas locales, que incluían habitualmente al alcalde, una representación de los comerciantes locales, otra de las sociedades culturales recreativas, uno de los médicos locales, los propietario o directores de las empresas hoteleras, etc.
            En 1910 figuraba como presidente honorario el alcalde Felipe Machado, siendo su presidente efectivo el abogado Luis Rodríguez Figueroa y el vicepresidente, el comerciante inglés exportador de calados hacia Inglaterra, llamado Alfred Perry. De tesorero y secretario actuaban los comerciantes T. M. Reid y Gustavo Wildpret Duque, respectivamente, en tanto que de vocales figuraban Antonio Soler Díaz-Flores, José Sievert, Francisco Artus, Melchor Luz Lima, Marcos Baeza Carrillo, Antonio Reverón, Adolfo Pérez Carballo, Nicolás Soto, Guillermo Wildpret Duque, Felipe Machado Pérez, Mr. Schaper, Víctor Machado Pérez, Vicente Cartaya Cairós, Francisco Gómez Ibáñez y José de la Fe Cruz. El Comité acordó formular un reglamento, difundir el programa del Comité, intentar editar una Guía de Tenerife y organizar espectáculos.  
En 1914, el Comité tenía la siguiente Junta Directiva. Presidente: Víctor Machado, Vicepresidente: Adolfo Pérez, Tesorero: Tomás M. Reid y Secretario: Gustavo Wildpret Duque. El Comité de Turismo jugó un papel muy destacado en la promoción turística y en el progreso del Puerto de la Cruz a lo largo de la segunda década del presente siglo, llegando a ser en esencia la entidad precursora de los actuales Centros de Iniciativas Turísticas (CIT).
           Creo oportuno realizar un comentario acerca del periódico local llamado Arautápala, que tenía tres salidas semanales, los días martes, jueves y sábado. Su director fue el ya citado Antonio Soler y Díaz-Flores, y su administrador Cándido Rodríguez, estando su sede social en el número cuatro de la calle Sol, que corresponde a la actual calle Dr. Ingram. El periódico trisemanal se definía a sí mismo, como una publicación independiente que se ocupaba de los intereses generales de la población, así como de proporcionar una adecuada información. Tenía corresponsales en varias ciudades de Europa y América y además, poseía el servicio telegráfico que le ofrecía la agencia Fabra. Cada número suelto costaba diez céntimos, los números atrasados 15 céntimos, una suscripción mensual para las islas valía 1,25 pesetas y una suscripción anual para el extranjero costaba dieciocho pesetas.
           El periódico admitía anuncios en cualquier idioma al precio de tres céntimos la línea sencilla, en tanto que las inserciones por más de un mes y los anuncios permanentes, gozaban de grandes rebajas. También publicaba esquelas, comunicados y reclamos, exigiéndose el pago por anticipado.
      Creo que con los anteriores comentarios relativos al Comité de Turismo y al periódico Arautapala, los lectores pueden hacerse una idea de la importancia e influencia que estas dos entidades jugaron el desarrollo de nuestro pueblo, lamentablemente no por demasiado tiempo, pues ambas desaparecieron prematuramente.  
El Carnaval de 1910
        La primera noticia del festival de carnaval que se estaba gestando en los días inciales del nuevo año de 1910, apareció en el periódico Arautápala el sábado 29 de enero, con el título de “Un Festival fastuoso” con el siguiente contenido: El Comité de Turismo y Progreso Local de este Puerto ha iniciado la idea, y si se lleva a cabo, es indudable que el martes de carnaval tendremos ocasión de presenciar un bello espectáculo, culto, lleno de vida y color y revestido de pompa exótica. Se trata de organizar una gran caravana y a la vez una espléndida carroserie, en la tomarán parte lo más distinguido de la colonia extranjera, en unión de no menos distinguidos hijos del país. En la preparación del festival cooperarán, según nuestro informes, los miembros del Club Inglés, los Casinos, el Gran Hotel Humboldt, el Hotel Martiánez, el Hotel Monopol y el Hotel Marquesa, además del citado Comité de Turismo.
Si en el breve espacio de tiempo de que los organizadores pueden disponer, dan cima a sus propósitos, había que pasearles en triunfo, porque fiestas como la que se pretende celebrar, sólo puede llevarlas a cabo el entusiasmo cuando no se ha madurado con tiempo el proyecto.
De todas suertes, merecen el mayor aplauso los que con su esfuerzo han de contribuir a romper la rutina y el gesto monótono de nuestros cada día más decaídos Carnavales; y si esa idea cuaja en la realidad, el último día de las mismas, la caravana después de haber atravesado el desierto hallará el oasis en el soberbio baile de trajes que se celebrará por la noche en el Gran Hotel Humboldt”
El día cinco de febrero ya estaba flotando en el ambiente el aire carnavalesco y así, en un artículo publicado por Arautápala titulado "Los Próximos Carnavales", se decía:“Grande es el entusiasmo y la animación que por todas partes se observa; entusiasmo y animación encaminados al mejor éxito del festival en buena hora ideado por el Comité de Turismo de este Puerto y secundado por todos tan luego tuvieron conocimiento del proyecto que, apenas formulado, contaba ya con la aprobación general.
Todos, cada cual en la medida de sus fuerzas, de los medios de que puede disponer y del papel que le ha sido asignado, contribuyen a la consecución del objetivo apetecido. Las Sociedades, los Casinos, los particulares, los hoteles, la Comisión nombrada por el Comité de Turismo, ese mismo Comité, con su activo y enérgico presidente - que no descansa un momento - a la cabeza, las colonias extranjeras, la banda de música, en una palabra, todos los elementos activos del pueblo están en incesante movimiento. Unos se ocupan de las caballerías, otros de los camellos, otros de los carruajes, otros de los arreos y arneses, consultando todos los trapos y atavíos de la época que cada uno ha de representar, tarea no muy fácil para algunos, sobre todo, para los que han de reproducir al inimitable D. Quijote, al no menos inimitable Sancho Panza y al más inimitable de todos, el inmortal manco de Lepanto.
Hasta el bello sexo está muy atareado tomando parte activa y muy principal en el asunto, como que es el encargado de confeccionar los trajes y adornos que ha de lucir el sexo feo, los que, aderezados por manos lindas, artísticas y acaso alguna amante, han de contribuir mucho al lucimiento de la cabalgata.
Añádase a esto, batallas de flores, batallas de huevos tacos, batallas de serpentinas, bailes, etc. etc., y la bulla, la animación y la alegría general y, sin necesidad de preciarse de profeta, se puede asegurar que el éxito ha de ser brillante, espléndido, que ha de formar época en la historia del Puerto, que ha de despertar grandísimos deseos de que lleguen otros carnavales para que se repitan corregidos y aumentados los arrestos de éste.
Y es mucho más digno de aplauso ese éxito, si se tiene en cuenta el escaso tiempo de que se ha dispuesto para prepararlo todo - que nada se había hecho ni siquiera pensado- y los escasos elementos que, para empresas de esa naturaleza ofrece esta localidad…”
         El artículo proseguía más ampliamente, pero con el largo fragmento reproducido, se puede adquirir una imagen de la empresa que pensaron acometer y del grado de implicación que una gran parte de la población adquirió en ese proyecto. También resulta digna de mención, la cortedad del tiempo empleado en la preparación del Coso, pues todo parece indicar, al tenor del artículo, que este fue desarrollado casi improvisadamente, sin responder a una larga y meditada preparación, pues el comienzo del carnaval tuvo lugar en los primeros días del mes de febrero y la primera noticia aparece en el periódico a finales de enero.
          El citado Coso se planeó con los siguientes elementos, algunos de los cuales se mantuvieron a partir de este momento en la programación del carnaval portuense. Comenzó un sábado, día en que tradicionalmente se celebraban bailes en las sociedades locales, concretamente, las llamadas La Nueva Unión y Círculo de Iriarte, así como en el Grand Hotel Humboldt, que no era otro que el Hotel Taoro, que había cambiado su nombre por estar en esa época regido por empresarios alemanes, tal como comenté a la entrada de la crónica.
         El lunes de carnaval, día ocho de febrero, fue el día reservado para llevar a cabo la gran cabalgata, el llamado Coso. El trayecto escogido para el recorrido del Coso respondía claramente a los intereses turísticos, representados por el Comité de Turismo y las empresas hoteleras, que prestaron rápidamente su entusiasta colaboración. Así, la comitiva tuvo su punto de arranque frente al Hotel Martiánez, y después de atravesar toda la calle Valois, bajó por la calle Cólogan hasta llegar a la Plaza de la Iglesia, donde pasaron frente a los Hoteles Monopol y Marquesa, para dirigirse finalmente a la Plaza del Charco. Después de haber recorrido algunas de las calles principales del Puerto, la comitiva comenzó a subir rumbo al Gran Hotel Humboldt, donde estaba congregada una gran cantidad de personas para presenciar el paso y las evoluciones de la comitiva.
          La salida de la comitiva fue a las dos de la tarde, con el siguiente orden; abría la marcha Cervantes, D. Quijote y Sancho, que fueron perfectamente representados por Luis Rodríguez Figueroa, Felipe Machado Pérez y Manuel García García, respectivamente. Don Quijote iba a caballo, con su rodela y la lanza, al igual que Cervantes, que también iba a caballo, en tanto que Sancho Panza lo hacía sobre un burro. En la fotografía siguiente se aprecian muy bien los personajes citados a su paso por la Plaza de la Iglesia, justamente frente a los Hoteles Monopol y Marquesa, pues estaban en primera línea.

Cervantes, D. Quijote y Sancho, al frente de la comitiva. 1910. Marcos Baeza Carrillo
  Seguidamente marchaba la Banda Municipal del Puerto de la Cruz uniformados en conjunto con trajes de turcos, tocando alegres pasacalles y tras élla, una caravana formada por siete dromedarios, en cada uno de los cuales iban montadas tres personas . En el primero de ellos iban Gregorio Carmona Mayato, Guillermo de los Reyes y Miguel Gómez, en el segundo, Domingo Sotomayor González de Chávez, Antonio Perera y Fernando González, en el tercero, Bernardo Aguilar y Antonio Soler Díaz-Flores,  y en el cuarto, Antonio García Hernández y Manuel García Cabrera, En el quinto dromedario, iban los hermanos Luis, Antonio y Narciso Reverón,  en el sexto Fernando del Hoyo, Bernardo Pérez y Francisco de Asís Santa Cruz y en el séptimo, Luis Yeoward, A. Siddors y Mr. Young, estos dos últimos empleados ingleses de la empresa Yeoward, que como es bien conocido tenía oficinas en nuestro pueblo, que estaban situadas en el muelle, frente al mar, en una hermosa casona dotada de una impresionante y bellísima balconada, hoy lamentablemente desaparecida y sustituida por un moderno edificio.

Casa Yeoward en el muelle. Finales del siglo XIX. Autor anónimo
          Detrás de la caravana de dromedarios, formaba una comparsa muy bien caracterizada, que representaba la captura del “Roghi”, un pretendiente al trono de Marruecos y su posterior entrega al Sultán de Marruecos Muley Haffid. Dicha comparsa estaba formada por las siguientes personas: Pedro García Barreda en el papel del El Sultán,  una Escolta a Caballo, integrada por José Padrón Pérez, Manuel Álamo, Raimundo Melo y Abraham Miranda. Seguían a esta escolta las Fuerzas a Pie”, formadas por Juan Armas Martín, Melchor Martín, Melchor Martel, Rafael Molina Martín, Joaquín Lorenzo, Lorenzo Padrón, Bernardo Molina, Mariano Ruiz Real, Ernesto Molina Martín, Martín Pérez Trujillo, Juan Herrera de la Nuez, Juan Pérez, Sebastián de la Nuez, Manuel Padrón Pérez, José Miranda Padrón, Manuel Acosta Álvarez, Diego Real  y Raimundo Real Carrillo.
 Completaban la comparsa Alejandro García Barreda en el papel de El Roghi, al que seguía “Su Partida compuesta por Gaspar Martín, Roque Lorenzo, Domingo Ortiz, Aquilino Castilla, Juan Molina y Ángel Regalado. La comparsa no se limitaba a desfilar sino que en determinados lugares, previamente escogidos, hacían un simulacro que de la captura del Roghi, al que después de capturado encerraban en una jaula de hierro situada sobre un camello y en esta prisión, fue paseado por las calles del Puerto.
 En la foto siguiente se aprecia al Roghi enjaulado sobre un camello a la altura de la Punta de la Carretera, en el mismo instante en que la comitiva enfilaba la calle Cólogan, esquina a Valois, 

El Roghi, enjaulado sobre un camello. 1910. Foto Marcos Baeza Carrillo
Creo oportuno incluir un comentario acerca del significado de esta comparsa cuya temática parece estar muy alejada de las costumbres de los habitantes de nuestras islas. El nombre de Roghi era el que se daba habitualmente en Marruecos al agitador que aspiraba a derrocar al sultán reinante. El término proviene del nombre de uno de estos aspirantes-agitadores, concretamente, deriva de Yilali al-Rugi, un árabe que se sublevó en el Garb contra el sultán Muhhamad IV ibn “Abdal Raman” (1859-1873). La revuelta de este Roghi fue reprimida y el rebelde se refugió en Mulay Idris, en el Yebel Zarmun, donde fue muerto por un jefe alawi.
           El más célebre de todos ellos, conocido como El Roghi con mayúsculas por antonomasia, fue Bu-Hamara, que vivió desde 1865 hasta 1909. Este personaje pretendía ser Muhhamad, hijo del sultán Hassan y capitalizó en su favor el descontento popular producido por la implantación de un nuevo tributo que el sultán había establecido. Se autoproclamó pretendiente al trono y se sublevó en 1902 en el norte de Marruecos, primero contra Abd al-Aziz y luego contra su hermano Muley Hafiz (1875-1937), que le había derrocado en 1907.
El Roghi derrotó en varias ocasiones a las tropas gubernamentales, asedió Fez, la capital de Marruecos y logró cerrar el corredor de Taza. Estableció un embrión de corte en Salwán y cedió la explotación de las minas de Bou Ifrour a una sociedad franco-española, lo que le provocó el odio de los xenófobos. En 1909 el nuevo sultán Muley Hafid logró derrotarlo, capturarle y poco después le ejecutó. El sultán anterior tampoco duró mucho en su reinado, pues en 1912 tuvo que abdicar en su hermano Yusuf, retirándose primero a España y luego a Francia, donde falleció en 1937.
            Los periódicos españoles y el periódico local Arautápala, se hicieron eco de las peripecias de la captura del Roghi y así comentaron que el sultán Muley Hafid continuaba ejecutando con el derrotado Bu-Hamara la obra de su terrible venganza. Escribían que en las últimas cartas llegadas de Fez, se decía que el Roghi había sido trasladado a otra jaula, más reducida que la que ocupó primitivamente, que tan sólo tenía un metro de altura, y por ello, el pretendiente, para moverse debía de revolverse y arrastrarse como una fiera aprisionada. La jaula, por orden de Muley Hafid, fue colocada sobre un poste en el sitio más frecuentado de la ciudad santa, para que el pueblo viera al Roghi y participara en las fiestas con que las que el populacho celebraba su captura y su martirio.
Según las crónicas de la época, el sultán habló nuevamente con su víctima, y gozándose con su tormento, le anunció que no le mandaría matar. El Roghi, al oírlo, le contestó secamente: “Nadie se muere hasta que no llega su hora”. Esta respuesta, fatalista y valiente, sólo fue una arrogancia del pobre Bu-Hamara, que iba a morir cuando le pareciese oportuno al sultán, y que ya habría acabado sus inquietos días, si no fuese porque Muley Hafid quería matarlo por el procedimiento de la “barbarie lenta”.
Las crónicas decían que cuando el Roghi fue hecho prisionero por el Bagdadí, dijo a éste: Las tropas del sultán han podido cogerme en muchas ocasiones; pero no las han aprovechado porque no tienen actividad ni disciplina, van sólo al pillaje, mientras que yo sé guerrear y mandar a mis guerreros”. Se aseguraba, que cuando pasase el Ramadán, el Roghi sería llevado en su jaula a Marrakesh, aunque acaso no se llegase a verificar la trágica conducción del prisionero a la capital del imperio, pues se temía que El Roghi no resistiera en su cautiverio mucho tiempo.
Sirvan los anteriores comentarios no literales, para entender el impacto que la noticia de la captura del Roghi causó en la población española, así como en la canaria y muy particularmente en la de nuestro pueblo, teniendo todo ello repercusión en la escenificación de su captura y su paseo en una jaula por las calles del Puerto de la Cruz. 
La foto siguiente permite ver al Sultán montado en un dromedario seguido por su tropa a pie, pasando por delante del desaparecido Hotel Martiánez, es decir, a la altura de la Plaza de Viera y Clavijo.


El Sultán de Marruecos y sus fuerzas, ante el H. Martiánez. 1910. Foto Marcos Baeza Carrillo
La siguiente foto, muestra a la llamada Partida del Roghi posando para el fotógrafo, sentados en el suelo de la sede de la sociedad cultural y recreativa Iriarte. 


La “Partida del Roghi” en la sede del Círculo de Iriarte. 1910. Foto Marcos Baeza Carrillo
La primera de las siguientes fotos muestra al Roghi enjaulado sobre un camello y a sus partidarios, designados como Fuerzas de a Pie, dado que no iban montados en cabalgaduras, ascendiendo por el camino que conducía hasta el Grand Hotel Humboldt, donde volvieron a escenificar la escena de la captura del Roghi, delante de los huéspedes del citado hotel. En la otra se ve al Sultán, seguido de su tropa, que iba parte a pie y oparte en dromedario, ascendiendo hasta el Grnad Hotel Humboldt.
Vemos pues, que se había escogido adecuadamente la ruta para que pasase por la mayor parte de los hoteles turísticos y así deleitar a la clientela de estos hoteles, lo que prueba que la mano del Comité de Turismo había diseñado cuidadosamente el trayecto a seguir, siempre bajo la premisa de entretener y divertir a la colonia extranjera residente en los hoteles turísticos.

El Roghi enjaulado subiendo hacia el Hotel Taoro. 1910. Foto Marcos Baeza Carrillo

Fuerzas del sultán, asciendo hacia el H. Taoro. 1910. Foto Marcos Baeza Carrillo
En esta otra fotografía se aprecia a parte de la Comparsa del Roghi y de las Fuerzas del Sultán pasando por la Plaza del Charco, concretamente, a la altura de la desaparecida casa de la Familia Sotomayor.

                  Fuerzas del Sultán en la Plaza del Charco. 1910. Foto Marcos Baeza Carrillo
Una vez llegada la comitiva a la Plaza del Charco, atravesó la plaza cruzando a través de ella, en lugar de rodearla utilizando las calles circundantes. Esto se aprecia muy bien en las dos siguientes fotos, que reproducen la misma escena, pero una está en blanco y la otra en color, por lo que me ha parecido oportuno incluir ambas, pues creo que el conjunto de las dos permite apreciar mejor los detalles, tanto de las personas como del entorno, muy particularmente del antiguo edificio del Bar Dinámico y del primitivo kiosko utilizado por la Banda Municipal para impartir sus conciertos públicos.

El Roghi, enjaulado sobre un camello, en la Plaza del Charco. 1910. Foto Marcos Baeza Carrillo
A la comparsa El Roghi le seguía un coche engalanado dentro del cual, trajeados con disfraz de pierrot, iban los hermanos Melchor e Isidoro Luz, junto con Régulo González y Esteban Escobar, tocando aires regionales con bandurrias y guitarras y a continuación de ellos, iban seis carrozas.
La primera de las carrozas representaba el acto del recibimiento en audiencia de Cristóbal Colón por los Reyes Católicos antes de partir con sus carabelas en el primer viaje, en el que descubrió el continente americano. En la fotografía se aprecia bajo dosel de fino damasco, los Reyes Católicos, encarnados por los hermanos Josefina y Julián Lorenzo Montes de Oca. Junto a la escalinata del trono, se ve al comerciante local José de la Fe Cruz, que encarnaba a Colón y que se halla mirando por un catalejo y al pie del dosel, estaban los jóvenes Andrés de Sotomayor González de Chaves y Rodolfo Alegría con trajes de pajes. Delante del trono, sobre un trofeo adornado con los colores nacionales, se destacaba una bola del mundo. Esta carroza fue diseñada por el destacado artista local Marcos Baeza Carrillo, y contribuyeron económicamente en su confección, las sociedades culturales portuenses de la época, a saber, El Casino, La Nueva Unión y el Círculo de Iriarte.
Carroza España, con los Reyes Católicos  y Colón. 1910. Foto Marcos Baeza Carrillo
La siguiente carroza fue construida por la colonia inglesa y ocupada por miembros de la colonia de esta país, residentes en nuestro pueblo. La carroza representaba a Gran Bretaña, encarnada por Miss Ledger Hill en la figura de Centra y a su alrededor se hallaban sus paisanas Mrs. Marriot, Miss Conellan y Miss Goodenongh, que representaban a Inglaterra, Escocia, Irlanda y País de Gales, respectivamente. Completaban el conjunto, varios caballeros con trajes de distintas épocas, entre los que se hallaban Tomás M. Reid, Mr. Marriot, Mr. Perry, Mr. Naylor, Mr. Uren, Mr. Vernon, Mr. Walter Reid. La mayor parte de ellos eran comerciantes locales o empleados de la Casa Yeoward y también ocupaban la carroza varios niños, hijos de los miembros de la colonia inglesa.
Al igual que hice anteriormente, he decidido poner dos fotos de esta carroza, una en blanco y negro y otra en color, pues así creo que se aprecian mucho mejor los detalles.


 
                                      Carroza inglesa frente al Hotel Marquesa. 1910. Marcos Baeza Carrillo

La tercera carroza, costeada por los miembros de la colonia alemana residentes en el Puerto, simbolizaba un Zeppelin, que fue construido en el Puerto de la Cruz en los talleres de Miguel R. López, un afamado carpintero local de aquella época. He tomado un recorte de la primera foto y lo he ampliado, para poder apreciar mejor el Zeppelin, pues en la otra foto, que está bastante, deteriorada no se ve muy bien. 

Imagen del Zeppelin
Creo que de todos es bien conocido este tipo de dirigible, pero aún así, voy a añadir algunas notas acerca de su inventor y de la trayectoria seguida por su inventor. 

                                           Ferdinand von Zeppelin. (1838–1917). Tomada de Wikipedia

          Ferdinand von Zeppelin (1838-1917), fue un General de Caballería, que estuvo sirviendo en los ejércitos de Wurtemberg, Prusia y en el del Imperio Alemán. Su primer contacto con la navegación aerostática lo tuvo durante la Guerra de Secesión Americana (1861-1865), pues allí estuvo en el campamento de globos aerostáticos de T. S. C. Lowe. A partir de 1880, Zeppelin se ocupó intensamente de la idea de desarrollar globos dirigibles y así, en 1899, ya realizó tres ascensiones en este tipo de globos sobre el Lago Constanza, terminando su primer prototipo en 1900. Después de diversas vicisitudes, tanto la administración militar como la civil comenzaron a utilizar este medio de transporte, que asimismo fue empleado en la Primera Guerra Mundial. 

                 El Zeppelín sobre Santa Cruz. Años 30. Autor anónimo
Zeppelin falleció en 1917 y no llegó a ver cumplido su sueño de utilizar sus dirigibles para efectuar vuelos trasatlánticos, tal como ocurrió posteriormente en 1928 y 1937. El zeppelín dejó de utilizarse como medio de transporte, después del terrible accidente ocurrido al Hindenburg en 1937, en el que fallecieron 37 personas, un poco más de un tercio de las personas que estaban a bordo (97). Gran parte del aparato estaba lleno de gas hidrógeno, que por su baja densidad facilitaba la navegación aérea, pero que tenía el grave problema de ser enormemente inflamable. Lamentablemente, años después de su inauguración y uso, se produjo un grave accidente en el citado Hindenburg, que a consecuencia de una chispa eléctrica se incendio estando en tierra. 

                                             El zepelín Hinderburg. 1936

                   Incendio del zepelín Hinderburg. 1937. Autor anónimo
Dado el impacto que estaba teniendo el desarrollo y el uso del Zeppelin en Alemania en la primera década del siglo XX, la colonia alemana establecida en nuestro pueblo juzgó conveniente realizar una carroza representando a un Zeppelín, para que participase en el primer coso de nuestro carnaval. Figuraban en esta carroza miembros de la colonia alemana residentes en nuestro pueblo, entre las que cabe citar a las señoritas Ott y Fredlund, así como los señores Guillermo Siebert, Oton Gautmitz y Pablo Witt. Si bien la calidad de la foto no es nada buena por encontrarse en mal estado, permite hacerse una idea del diseño de la carroza, que puede complementarse viendo las imágenes anteriores, en alguna de las cuales se aprecia la parte delantera del dirigible, tal como ocurre con la foto de la carroza inglesa.

El Zeppelín, la carroza alemana. 1910. M. Baeza Carrillo
               No he podido conseguir imágenes de la cuarta y quinta carroza, aunque si su descripción, que viene reseñada en la crónica del ya citado periódico local portuense Arautápala. La cuarta carroza, simbolizaba un paisaje suizo y fue construida bajo la dirección de los Hermanos Wildpret, dos destacados comerciantes portuenses, cuyo padre Herman Wildpret, como ya comenté al principio de la crónica era de origen suizo. En la parte baja de esta carroza y en cuatro lienzos pintados por el artista local Ruperto Armas, se representaba la historia del héroe suizo Guillermo Tell, con su León de Lucerna. En otro testero se apreciaba el bote en que lo llevaron preso y en el cuarto el escudo de Suiza. Finalmente, en la parte superior de la carroza figuraban los 22 escudos de la Confederación Helvética. 
           Dentro de esta carroza se hallaban diversos miembros de la Familia Wildpret, de los que destacaremos a Guillermo Wildpret y a su hijo Guillermo que encarnaban a Guillermo Tell y al hijo de este legendario héroe. También se hallaban los niños Marta y Anita Münch, Germán y Carlos Reimers, Esther, Enrique, Roberto, Adolfo, Luis y Paz Wildpret, vestidos con trajes de los distintos cantones de Suiza. Lamentablemente, como ya mencioné anteriormente, no he podido conseguir una foto de esta carroza, pero sí sabemos que sus promotores fueron los hermanos Gustavo y Guillermo Wildpredt Duque, cuya foto incluyo, aunque ya ha sido reproducida en una crónica anterior.
                            Guillermo y Gustavo Wildpret Duque. 1908
     La quinta carroza simbolizaba una cesta canaria, dentro de la cual tocaban aires regionales Domingo González, Luis Rodríguez de la Rosa, Antonio Esquivel, Juan Ruiz Real, Arquipo González y Antonio Hernández Ojeda. Al igual que ocurrió con la anterior, no me ha sido posible conseguir una imagen de esta carroza, aunque se sabe por la crónica del periódico que fue organizada y dirigida por la señora Dª Elena Cárpenter de Luz, la esposa de D. Melchor Luz Lima y que se hallaba cubierta totalmente de flores naturales. Dentro de ella, vestidos con el típico traje canario, se hallaban los niños María Luisa, Minita y Manuelito Carmona Mayato, Luisita y Fernandito Bartlet Mayato, Enriqueta Tolosa Arroyo, Juanita y Dominga López Borges, Antoñita Sotomayor González de Chaves, Guillermo Luz Cárpenter, Isidoro y María Mercedes Luz, Maruca y Federico Castro Díaz y Andresito Pérez Pérez.
   Seguían a esta carroza dos coches engalanados, en uno de los cuales iba una parranda formada por el conocido guitarrista Sebastián Miranda, junto a Adolfo Pérez y Maximiano Pérez, en tanto que en el segundo coche, caracterizados con traje de turcos, iban Francisco Artus y Pedro Cruzat. Finalmente, cerraba la comitiva una cabalgata de jinetes vestidos a la antigua usanza española, entre los que se hallaban Gustavo Wildpret Duque, Ramón Cruzat, Víctor Machado, Lorenzo Rodríguez Figueroa, Pedro Hernández Martín, el Dr. Sievert, Ruperto Armas, Francisco Gómez Ibáñez, Sebastián Castro, Miguel Sotomayor González de Chaves, Isidoro Luz Cárpenter y Félix de la Cruz.
             Evidentemente, la noticia del comienzo de este Coso de Carnaval llegó hasta los pueblos vecinos, hasta el punto de que participó en la comitiva un coche engalanado de San Juan de la Rambla, dentro del cual iban las señoritas Josefina Díaz, Jesús Bautista, Norberta Hernández, Carmita Montes, Lolita Lorenzo, Lolita Díaz y la señora Dª Mercedes González.
   El jueves, 10 de febrero de 1910, el periódico local Arautapala se hacía eco del éxito conseguido con el primer coso del carnaval portuense publicando un extenso y muy elogioso artículo, donde se daba la enhorabuena al Comité de Turismo en su condición de promotor del Coso carnavalesco a la par que se elogiaba las muestras de cultura dada por los organizadores y el gran civismo mostrado por el público durante los días de carnaval, donde no hubo incidentes dignos de mención: “Mil y mil enhorabuenas al Comité de Turismo, iniciador de la idea, mil y mil plácemes a los que coadyuvaron a llevarla a su realización; mil y mil felicitaciones a todos los que han contribuido con su apoyo - autoridades, sociedades, particulares, pueblo, obreros de la inteligencia y el trabajo-, al espléndido éxito de tan brillante improvisación, permítasenos la frase, que no otro nombre que el de improvisación puede darse a los que se ha hecho en el plazo de ocho días y con los pocos elementos con que, por desgracia, se cuenta hoy en esta localidad.
                El Puerto ha dado muestras inequívocas de su cultura, como lo demuestra palpablemente el admirable orden que ha reinado en la fiesta, no obstante la inmensa multitud que en ella tomó parte, no obstante, y esto es muy digno de llamar la atención, el hallarnos en carnaval, días que tanto se prestan a desórdenes, escándalos, etc. Con orgullo lo decimos: el Puerto de la Cruz ha dado la mayor prueba de civismo que puede dar un pueblo. Díganlo las colonias extranjeras, que no cesan de manifestar su admiración ante el majestuoso espectáculo que ofrecía el Hotel Humboldt, en que había más de 2000 personas, de todas clases y condiciones, sin que hubiera ocurrido el más insignificante accidente desagradable.
                 Dejamos los detalles para una información más puntual. Pero no queremos terminar estas líneas, escritas a vuela pluma, sin hacer una pregunta, que lo mismo se dirige a las autoridades, que a los directores de opinión, que al pueblo, que tantas muestras ha dado de sensatez. Si en ocho días y sin elementos se ha hecho lo que se cita, ¿qué no se haría, en otros terrenos y con más tiempo, reinando el mismo espíritu de unión, de concordia, de patriotismo que ha reinado para la realización de la pasada fiesta? No exigimos la respuesta de palabra ni por escrito. La esperamos, y será infinitamente más agradable en hechos prácticos y beneficiosos para el país”.
     El editorial terminaba estimulando a las autoridades, organizadores y al pueblo en general a que se aplicase en otros órdenes de la vida al mismo espíritu de  unión, concordia y patriotismo utilizado para sacar adelante y con gran brillantez los festejos de carnaval con sólo ocho días de muy intenso trabajo.
                 Resulta de justicia destacar que los miembros de la Junta Directiva del Comité de Turismo trabajaron denodadamente para movilizar las voluntades de los diferentes estamentos sociales. Una prueba de ello, la encontramos en la petición dirigida al Ayuntamiento del Puerto de la Cruz, quien en un acuerdo tomado en Pleno celebrado el 2 de febrero de 1910, concedió la cantidad de cincuenta pesetas a la Comisión de Festejos, designada por el Comité de Turismo para colaborar en la fiestas del carnaval.
               La intensa participación y colaboración  de los hoteles de nuestro pueblo, se puede poner de manifiesto sin más que citar que el Grand Hotel Humboldt organizó el lunes 8 de febrero, después de que se celebrase el Coso, una Gran Baile de Disfraz, a las diez de la noche, que llevaba incluido un souper a las 11,30. La entrada costaba  tres pesetas y el importe de la recaudación, una vez deducidos los gastos, se entregó al Comité de Turismo, para que pudieran con este dinero sufragar parte del coste que le había ocasionado la organización del Gran Coso.
             En mi opinión, creo que quizás deba destacarse aparte de la extraordinaria labor material desarrollada por el Comité de Turismo para la organización del Coso, el que éste hubiera sabido tocar la fibra sensible de los diversos estamentos sociales del Puerto de la Cruz, logrando que se implicasen desde los comerciantes locales hasta las sociedades recreativas y culturales, convirtiendo un gran espectáculo de diversión en un acto de propaganda, con el que se intentaba y se consiguió vender la mejor imagen del Puerto de la Cruz. 
              En esta misma línea, fue muy importante lograr la implicación de la colonia extranjera en las fiestas carnavalescas, pues a partir de este año de 1910 y hasta 1913, sería una constante, el que las colonias inglesa y alemana residentes en el Puerto de la Cruz, construyeran sendas carrozas, con las que pretendían siempre destacar aspectos culturales de sus respectivas naciones.  

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