miércoles, 15 de junio de 2016

La Escuela Taller y la revista La Ladera de Martiánez

        Esta crónica y la siguiente van a estar dedicadas a La Ladera de Martiánez, de la que ya hablamos como lugar de acogida, vivienda y enterramiento de los guanches del Puerto de la Cruz. Estas dos nuevas crónicas están escritas en estrecha colaboración con dos personas profundamente conocedoras de La Ladera y he creído oportuno contar con su apoyo y conocimiento, para que los lectores puedan  tener una más completa información acerca de este maravilloso pero profundamente deteriorado paraje de nuestro municipio.
             Las dos personas que colaboran en esta crónica son, Juana Hernández Suárez, Directora-Conservadora del Museo Arqueológico del Puerto de la Cruz, que participó activamente en los intentos de recuperación de La Ladera y la otra, Juan Vicente Lagunilla García, Técnico Superior en Turismo, persona enamorada de La Ladera de Martiánez y  un excelente y muy buen conocedor de este hermoso paraje actualmente bastante degradado.


      Juana Hernández Suárez           Juan Vicente Lagunilla García
Presentamos en esta nueva crónica diversos aspectos relativos a La Ladera de Martiánez, tratando de seguir su evolución a lo largo del tiempo para llegar a comprender el tremendo deterioro que actualmente presenta y sobre todo para intentar en la siguiente crónica de aportar nuestro granito de arena a la futura labor de recuperación de esta zona. En concreto, con el contenido de esta crónica intentamos explicar el loable intento de recuperación de este lugar que se acometió durante los años 1999-2004, a cargo de diversas instituciones que se implicaron en el proyecto, dejando para la próxima, las propuesta de regeneración del entorno de la Ladera de Martiánez. 
La Escuela-Taller
      Comentaremos en primer lugar, la creación a finales del pasado siglo, de una Escuela Taller con varios ambiciosos objetivos, destinados fundamentales a la recuperación de La Ladera y, paralelamente, a la formación profesional de la juventud portuense en diversos aspectos profesionales, algunos de los cuales detallamos a continuación.
        En 1999, siendo alcalde del Puerto de la Cruz Marcos Brito Gutiérrez (1940-2014), tiene lugar el primer intento serio de rescate del deteriorado paraje del Acantilado de Martiánez, a través de la creación de la llamada Escuela Taller Ladera de Martiánez. El proyecto nació con la idea de efectuar la creación de un Centro de Visitantes, destinado a la recuperación y embellecimiento de la zona de la llamada Ladera de Martiánez y a la vez, para tratar llevar a cabo la promoción de este paraje, cara al turismo que visitaba el municipio.
Marcos Brito habló extensamente sobre la Escuela Taller, en unas declaraciones a la Gaceta de Canarias en las que se afirmaba en grandes titulares:“Una escuela taller devolverá a la Ladera de Martiánez todo su esplendor”En estas declaraciones al periódico citado [1], el periodista comentaba lo siguiente:”El mandatario local anunció que, en breve, una Escuela Taller comenzará a trabajar en la rehabilitación de la Ladera, con el fin de recuperar su máximo esplendor y belleza. Con esta iniciativa, además de formar a 40 desempleados del municipio, se pretende recuperar la flora autóctona de la zona, así como los aspectos arqueológicos, como puede ser las cuevas sepulcrales. Asimismo, se recuperarán elementos etnográficos como caminos reales, pastoreo y estanques. También se creará un observatorio en la parte inferior de la Ladera y se actuará en el Jardín de Martiánez, recientemente adquirido por el Ayuntamiento con la idea de crear un espacio natural para la lectura y una sonoteca de la naturaleza”.
En otro momento de sus declaraciones el fallecido alcalde portuense afirmaba:”Además de recuperarse un espacio de importancia en el patrimonio natural e histórico de la ciudad, se promueve la inserción laboral de desempleados menores de 25 años, que reciben cualificación y experiencia profesional.
Este proyecto que será tutelado por un historiador, un aparejador, un maestro cantero y un ingeniero técnico agrícola, se desarrollará durante dos años y cuenta con un presupuesto de 130 millones de pesetas, de los cuales el consistorio portuense aporta 12 millones y el resto el Instituto Nacional de Empleo”.
En el mismo periódico y junto a las declaraciones de Marcos Brito, hay un espacio dedicado al Centro de Visitantes, que por su interés reproduzco íntegramente:”La investigación-rehabilitación de los espacios que engloban este proyecto de de Escuela Taller supondrá la activación de diversos servicios de interés como son un Centro de Visitantes, donde se podrá obtener a través de audiovisuales, interactivos y exposición en paneles, información sobre los detalles y características del espacio a visitar.
Asimismo, se acondicionarán diversos senderos con el fin de de ofrecer un turismo alternativo al sol y la playa dentro del propio municipio. Así, se creará la Ruta Verde, un paseo para conocer la flora y la fauna de la zona mediante paneles didácticos, la Ruta Marrón, por la que se podrá conocer mejor las formas de vida que hace siglos llevaron los guanches en esta ladera. Para ello, los profesionales del campo de la arqueología han previsto recrear escenas de los aborígenes, mostrándose en diversas cuevas, aspectos que ayudarán a conocer su religión, costumbres, muerte y formas de vida; y por último, está la denominada Ruta Azul, en la que se recogen aquellos elementos de carácter etnográfico presentes en la zona, independientemente de las época, y que definen la relación del hombre con este lugar y los usos o costumbres que en él se manifestaban.
Por este sendero, además nos encontraremos con dos elementos singulares del cultivo del plátano, La Gañanía (espacio reservado para el depósito de aperos de trabajo, aunque a veces se usaba como establo de vacas) y el estanque de riego para plataneras”.
Antigua gañanía existente en La Ladera de Martiánez. Foto de Juan Vicente García Lagunilla
          La Escuela Taller comenzó su andadura el 19 de mayo de 1999 como consecuencia de una serie de necesidades que se presentaban en el municipio portuense y que en síntesis eran:
a)      La necesidad de rehabilitar y acondicionar un espacio divulgativo de enorme valor botánico, etnohistórico y arqueológico como es la Ladera de Martiánez.
b)         La necesidad de promover en el mercado de trabajo a los jóvenes desempleados del municipio, dotándoles de cualificación y experiencia profesional en una ocupación.
Partiendo de estas dos premisas, desde el Área de Cultura del Organismo Autónomo Local del Excmo. Ayuntamiento del Puerto de la Cruz, se elaboró el proyecto de la Escuela Taller Ladera de Martiánez, que fue aprobado por el INEM y cofinanciado por el Fondo Social Europeo. La Escuela Taller comenzó el 19 de mayo de 1999 con un total de 40 alumnos, distribuidos en tres talleres ocupacionales:
1                   Taller de Restauración del Patrimonio, que contó con un total de 23 alumnos que se formaron en las profesiones de jardinería, cantería y conocimientos básicos de albañilería, teniendo entre sus objetivos, la recuperación como espacio natural de la Ladera de Martiánez, en los aspectos de limpieza y restauración de la vegetación, acondicionamiento de senderos, etc., así como la rehabilitación y mantenimiento del Jardín Histórico de Martiánez.
2                    Taller de Educación Ambiental, con un total de 10 alumnos que recibieron formación como educadores ambientales y guías intérpretes del patrimonio, estando entre sus objetivos la sensibilización e implicación de la población del municipio de cara a la conservación de sus espacios naturales y zonas verdes.
3                          Taller de Cocina Tradicional Canaria, con un total de 7 alumnos que se formaron en el sector profesional de la cocina y repostería canaria, planteándose como objetivos la recuperación de antiguas recetas de cocina, pastelería y repostería canaria.
Al término del mandato de Marcos Brito, el nuevo alcalde Salvador García Llanos prosiguió el proyecto hasta la finalización del plazo señalado en el primer convenio que firmó en nombre del ayuntamiento portuense con varias instituciones. El periódico tinerfeño La Opinión [2] se hizo eco del establecimiento del convenio firmado en octubre de 1999, entre el Cabildo de Tenerife, representado por su presidente Ricardo Melchior Navarro y el Ayuntamiento del Puerto de la Cruz, en nombre del cual intervino Salvador García Llanos, que por entonces ya era alcalde del municipio portuense. En el artículo publicado por el periódico se hacía hincapié en el aspecto formativo que el convenio tenía, tal como se aprecia en el siguiente fragmento: “Varios jóvenes de Puerto de la Cruz se formarán en el oficio de la forja, cantería y jardinería en vegetación autóctona, a través de una Escuela Taller que se encargará de recuperar el proyecto denominado Ladera de Martiánez, encaminado a la creación en el municipio de un Museo de la Naturaleza especializado en antropología, espeleología, arqueología, fauna y flora”.
Vemos pues, que el proyecto nació con una ambiciosa perspectiva que abarcaba varias áreas de atención y que simultáneamente ofrecía un programa de formación para la juventud de nuestro municipio, por lo que despertó claramente muchas ilusiones para ver lograda la recuperación del deteriorado paraje de la Ladera de Martiánez y de paso, tratar de paliar el desempleo de la gente más joven, a través de lograr su cualificación en diversas áreas laborales.
En otro párrafo del citado artículo [2], se señalaba el atractivo que presentaba el proyecto afirmando:“Según el acuerdo firmado entre ambas administraciones, el mencionado proyecto permitirá no sólo recuperar una de las zonas más emblemáticas de la ciudad, sino también crear un nuevo atractivo para el municipio, como será el edificio del museo. Los alumnos participantes en la escuela taller, gestionada por el Instituto Nacional de Empleo (INEM), deberán ser jóvenes de entre 16 y 24 años y, como en cualquier centro de esta modalidad, tendrán un periodo de formación teórica, en la que estarán como becados, y otro en práctica, donde trabajarán como asalariados, cobrando el salario mínimo interprofesional. La técnica de las escuelas taller sirve para que, al mismo tiempo dar empleo a los jóvenes parados, y que éstos aprendan un oficio o profesión. En este caso, el empleo está relacionado con la naturaleza, que le servirá en un futuro para incorporarse al mercado laboral conociendo un oficio”.
El periódico tinerfeño Diario de Avisos [3] se hizo asimismo eco de la firma del citado convenio, comentando algunos aspectos complementarios a la información anterior que a continuación recogemos:“El presidente del Cabildo Ricardo Melchior y el alcalde del Puerto de la Cruz Salvador García, han suscrito un convenio para la cesión gratuita a este municipio por parte de la Corporación Insular, de una finca de 10.934 metros cuadrados de extensión situada en la zona de Martiánez. Los terrenos serán utilizados para las actividades del proyecto denominado “Escuela Taller Ladera de Martiánez”, promovido por el Ayuntamiento y el INEM y dirigido a la formación de jóvenes en tareas u oficios tradicionales, como son la forja, la cantería, la gastronomía y la jardinería en vegetación autóctona. La cesión gratuita de estos terrenos, formalizada días atrás durante un acto en el Palacio Insular, no superará los diez años”.
Comentamos a continuación muy brevemente, varios de los aspectos formativos que la citada Escuela Taller comenzó a desarrollar, para la formación de los jóvenes integrados en ella, comenzando con el taller de Cocina Tradicional Canaria. Uno de los primeros objetivos que el taller de cocina tradicional canaria empezó a acometer, fue la elaboración de una Guía Informativa sobre los restaurantes de la ciudad portuense. Con esta iniciativa se pretendía lograr contar con el apoyo de empresarios y trabajadores del citado sector, muy importante en nuestro municipio.
El taller de cocina estaba ubicado en unas instalaciones cedidas por la Corporación Insular en el complejo municipal “Costa de Martiánez” y tomaron parte en él siete alumnos, con edades comprendidas entre los 16 y 25 años, bajo supervisión de un jefe de cocina, cocinero de profesión. El objetivo prioritario de este taller, consistía en la formación de profesionales en cocina canaria, a través de una enseñanza eminentemente práctica, consistente en la confección diaria de un menú, compuesto de primer y segundo plato. Diariamente se preparaban en torno a quince comidas, que eran entregadas como donativo a la Casa de Acogida María Blanca, situada en el barrio portuense de San Antonio.
Otra de las actividades que se desarrollaron en esta Escuela Taller fue un módulo formativo de repostería canaria, con el que se pretendía rescatar recetas tradicionales a través de un trabajo de investigación, llevado a cabo fundamental en el entorno familiar. Paralelamente, este taller cooperaba con el Organismo Autónomo Local, dependiente del ayuntamiento portuense, a través de las degustaciones de productos elaborados por los alumnos de la escuela, que se consumían en determinados actos públicos programados por la corporación portuense.
La Revista La Ladera de Martiánez
También se acordó dar a cuenta a la población de los trabajos que fueran desarrollando los alumnos de los diferentes talleres y para ello se propuso como vehículo idóneo la publicación de una nueva revista, que se denominó La Ladera, que se repartiría gratuitamente entre los vecinos del municipio, a fin de ir sensibilizando a la población, dando cuenta de los progresos logrados, así como incluyendo en su contenido otros temas de interés, que se irían publicando en los diferentes números.
Entre los meses de diciembre de 1999 y enero de 2000, apareció publicado el primer ejemplar de la revista medio ambiental La Ladera -señalado con el número cero- [4], con la que el ayuntamiento portuense pretendía informar al mayor número posible de vecinos, y que, como ya comentamos, se repartió gratuitamente. La Gaceta de Canarias se hizo eco de su aparición [5], comentando: “Ha salido a la luz el primer número de la revista La Ladera que trata de temas medioambientales y culturales, y se halla incluida en el proyecto de recuperación de la Ladera de Martiánez. Según Salvador González, Martiánez guarda valores ambientales muy importantes como para que se lleve a cabo la recuperación integral de la zona”.
Uno de los primeros logros del proyecto que comento fue la publicación de la citada revista, a través de la cual se pretendía dar a conocer las particularidades que ofrecía este paraje, incidiendo en diversas facetas tales como el paisaje, los aspectos geológicos y biológicos, así como los valores arqueológico, histórico y etnográfico, a la par que publicar pequeños artículos sobre temas de interés sobre otros lugares de las Islas Canarias, incluyéndose asimismo  en las últimas páginas de la revista dos recetas de cocina canaria, así como la descripción de cuatro especies vegetales endémicas de las islas.
La Escuela Taller, estaba dirigida por Miguel Ángel Toledo Rocha, y quedó englobada dentro del Área de Empleo y Desarrollo Económico del Excmo. Ayuntamiento del Puerto de la Cruz. El mencionado director comentó que la escuela había comenzado a mediados del mes de marzo de 1999 y que la misma estaba formada por tres talleres ocupacionales. Indicó asimismo, que la duración de la escuela debería ser de dos años, pero que debido a que el INEM transfirió a la Comunidad Autónoma los proyectos de formación, no se sabía si habría continuidad para el segundo año, hecho que al final fue subsanado. Toledo resaltó asimismo, que el Taller de Restauración del Patrimonio, pretendía recuperar espacios naturales tales como Ladera de Martiánez y el antiguo Jardín del mismo nombre. Un buen ejemplo de esta tarea lo tenemos en la empresa que acometieron los alumnos de la Escuela Taller con la recuperación del antiguo Jardín del desaparecido Hotel Martiánez, ubicado al final de la calle de Valois, casi al comienzo del Paseo de Aguilar y Quesada, que siempre ha sido popularmente conocido como Paseo de las Palmeras. 
Jardines del Hotel Martiánez. En torno a 1890. Autor anónimo, publicada por M. Hernández Castilla
En el número uno de la Revista La Ladera, publicado tanto para dar cuenta de los trabajos que se iban desarrollando como para dar a conocer diversos aspectos de la cultura, tradiciones y gastronomía canaria, se incluyó un primer artículo dedicado al antiguo Jardín del desaparecido Hotel Martiánez, escrito por la redacción de la Escuela Taller y titulado “El Jardín del antiguo Hotel Martiánez” [6], que a continuación transcribimos literalmente: “En base a las referencias históricas que nos aportan los “Anales” de Álvarez Rixo, tenemos información del uso agrícola de Martiánez, al menos desde 1826, año en que las huertas y la Batería de San Carlos fueron arrasadas por el gran aluvión. La existencia de estas huertas explica que los canales de conducción de aguas desde el Burgado y Aguas del Rey, zonas que hoy se incluyen en el Paisaje Protegido de la Rambla de Castro, se extendieran hasta Martiánez, un área escasamente poblada en aquel entonces.
Otro dato de especial importancia lo encontramos en el acuerdo municipal de 1836 para la construcción de un “sesgo frente al Tope”, es decir, un muro de contención que evitara que las aguas del Barranco de Martiánez inundaran la calle de La Hoya, aunque también sabemos que esta actuación se había comenzado años antes por iniciátiva vecinal, ante la desidia de las autoridades.
Estos hechos unidos a la situación del Jardín, ubicado en la curva final del barranco, nos lleva a la conclusión que, en su origen, el Jardín era un “natero”, es decir, una huerta formada por limos arrastrados por el barranco  y que nuestros campesinos, con su profundo saber, conseguían retener levantando muros de piedra en los meandros de los cauces, lugares donde el agua perdía velocidad, facilitando el depósito de tierra fértil.
Con el tiempo el “natero” iba creciendo en altura y superficie, debido a que los continuos aportes del barranco obligaban a ampliar el muro original. Asimismo, creemos que la huerta inicial se apoyaba en la muralla de contención que protegía La Hoya y de la que se conservan algunos restos, como es el tramo de muro que delimita el actual Jardín con la subida del Sitio Litre.
Desconocemos el tipo de cultivo que ocupaban las huertas en su origen, aunque suponemos que debieron ser frutales y otras especies de regadío, teniendo en cuenta las informaciones que extraemos de fuentes diversas, como el grabado de Alfredo Diston que representa el cauce del barranco totalmente ocupado por árboles frutales. Así tenemos la referencia, ya comentada, que nos aporta Álvarez Rixo [7] sobre la llegada de las Aguas del Rey a Martiánez, atestiguada en la placa conmemorativa que se instaló en 1839 con motivo de la finalización de la obras, cerca del Jardín. Sabemos que esas aguas regaban las huertas de Martiánez, aprovechándose las aguas sobrantes para abastecer los lavaderos que todavía se conservan en el barranco y que, en el caso de Martiánez, se extendieron al este del barranco.
Hotel Martiánez, enfrente los Jardines y en lo alto, el Acantilado de Martiánez y el Sitio Litre.
Fotocromía de Carl Normann, 1893. Foto cedida por  MMM-Ball y publicada por Rafael Llanos Penedo
Debido a la coyuntura económica del momento, los nuevos sectores del municipio se dedicaron a la agricultura, teniendo lugar las primeras experiencias con el plátano, del que tenemos noticias de su cultivo en Martiánez desde 1845, comenzando su exportación hacia 1858, desarrollándose plenamente a partir de 1878.
En los años 80 del siglo XIX y en un espectacular marco de plataneras, la apertura del Hotel Martiánez marca el inicio de una nueva época para la zona. El hotel se estableció en la casa del marqués de la Candia [8], tras ser comprada por la Compañía de Hoteles y Sanatorium del Valle de la Orotava en 1886. Seguramente la compra incluyó la de los terrenos anexos, como las huertas que se situaban frente al hotel y en las que se instaló el Jardín, lugar de tranquilidad y atractivo donde se celebraban fiestas, aprovechando igualmente el cauce del barranco para hacer sortijas a caballo.
En primer plano, los Jardines del Hotel Martiánez y en segundo plano, la fachada del Hotel. 
Foto subida a Facebook por Agustín Miranda Armas
En esa época se plantaron los grandes laureles de Indias, las palmeras y buganvillas, se instalaron la fuente, los bancos y los paseos y se potenció el sistema de riego aprovechando las aguas del canal cercano.

Entrada a la alberca y a los jardines del Hotel Martiánez. Foto subida a Facebook por Agustín Miranda Armas
Sortija a caballo en el Barranco de Martiánez. Foto subida a Facebook por Agustín Miranda Armas
Poco a poco, el hotel fue perdiendo categoría y se fue deteriorando hasta su cierre y posterior demolición, con lo que el Jardín entró en una fase de abandono, caracterizada por litigios sobre su propiedad y por una serie de ocupaciones ilegítimas, permaneciendo cerrado al público y convirtiéndose en un gran depósito de basuras.
En mayo de 1.999 se iniciaron los trabajos de recuperación del Jardín a cargo del Taller de Restauración de la Escuela Taller “Ladera de Martiánez”, tareas que comenzaron con la retirada de gran cantidad de basuras, escombros y restos vegetales, 220 metros cúbicos en total, a lo que siguió la poda de los laureles, el trasplante de flora endémica existente en el Jardín de La Ladera y la reconstrucción de los muros que amenazaban ruina.
La restauración puso al descubierto nuevos elementos, como el sistema de riego, compuesto por un estanque, tubería de cerámica y atarjeas, la red de caminos, los bancos, los muros e incluso la placa que recuerda la llegada de las Aguas del Rey en 1839.
La Escuela Taller y el Área de Cultura proponen un proyecto para el Jardín Histórico en el que se habilitará una entrada desde la Plaza Viera y Clavijo, desde la que se accederá a un primer nivel ajardinado y a una zona ligeramente elevada, destinada a la realización de actos públicos. Asimismo, se restaurarán los lavaderos, estanques y atarjeas, los bancos, muros y revestimientos de piedra y se eliminarán las barreras arquitectónicas, asegurando una total accesibilidad a todo tipo de público.
Esta propuesta de futuro hará que el Jardín vuelva a desempeñar su función original como espacio de esparcimiento, descanso y lectura, abierto a la población del Puerto de la Cruz y a los visitantes que acoge nuestra ciudad”.
               Es interesante destacar que se publicaron nueve números de la revista La Ladera, numerados del cero hasta el ocho, siendo el último correspondiente al periodo abril-mayo de 2002 en el que se inserta un amplio editorial que reproduzco literalmente: “La Escuela Taller Ladera de Martiánez termina su andadura tras dos intensos años de trabajo; en el camino nos hemos encontrado muchos amigos y amigas que han arrimado el hombro en la difícil tarea de rescatar de la memoria de esta ciudad una parte importante de su historia, encerrada en el Acantilado de Martiánez.
            No podemos olvidar a tanta gente comprometida, que ha invertido su esfuerzo, tiempo y apoyo en el proyecto de la Escuela Talle Ladera de Martiánez. Para empezar, el mayor agradecimiento por parte de todo el profesorado y alumnado para nuestra concejala María Jesús Ferrer Campos, por su coherencia, su actitud y su apoyo constante a la labor realizada en este proyecto. Su energía e implicación hacen posible que hoy esta revista llegue a nuestras manos.
            Seguía a continuación una larga relación de entidades provinciales públicas y privadas que por su extensión no vamos a reproducir, pero cuya lectura es muy interesante porque permite apreciar la implicación en este interesante proyecto de gran número de instituciones públicas y privadas, que vieron claramente su potencial de futuro y apostaron por él, apoyándolo en la medida de sus posibilidades. En la siguiente página figuraba asimismo una larga relación de colaboradores de la revista, que por su amplitud no voy a reproducir, pero baste saber que la nómina incluye un total de 65 nombres, lo que da una buena idea de la amplia y desinteresada colaboración que tuvo la revista.                 El proyecto tuvo continuación en 2002, porque según se afirma en el periódico El Día [9]: "La escuela-taller Acantilado de Martiánez, dirigida a la recuperación del entorno natural de la Ladera de Martiánez, en el Puerto de la Cruz, reanudó ayer su labor, subvencionada por el Instituto Canario de Formación y Empleo (Icfem). Las tareas previstas que serán ejecutadas por 30 alumnos-trabajadores, consistirán fundamentalmente en el trazado de senderos y caminos, restauración y creación de miradores y acondicionamiento de antiguas infraestructuras hidráulicas, tales como estanques, canales y atarjeas.
            Asimismo, el proyecto prevé, en el ámbito del paisaje, la limpieza de La Ladera, dotándola de vegetación autóctona y su mantenimiento posterior con sistema de riego por aspersión. Las actuaciones que se lleven a cabo posibilitarán el embellecimiento del entorno y transformarlo, mediante la restauración y creación de miradores y senderos, en un espacio de ocio integrado en el medio, que podrá ser visitado por los turistas.
            El proyecto tendrá una vigencia de dos años y se desarrollará en cuatro fases de seis meses. El Icfem aporta 623.275 euros. La Escuela-Taller pretende ofrecer una oportunidad a los jóvenes sin experiencia laboral para incorporarlos al mercado de trabajo con las garantías que representa una formación completa y favorecer su integración social".
            Transcurridos apenas un poco más una decena de años, la Ladera de Martiánez presenta un aspecto desolador que reclama una intervención urgente. Sobre este punto comentamos que en un coloquio sobre La Ladera de Martiánez, celebrado en el Museo Arqueológico del Puerto de la Cruz fueron presentadas por el representante del Cabildo  Fernando Senante, las futuras acciones que desde el Excmo. Cabildo Insular de Tenerife se van a llevar a cabo para la recuperación de La Ladera. Fernado Senante participó activamente en el coloquio final del acto y en una mesa redonda sobre el futuro de la Ladera, que tuvo lugar posteriormente, con la participación de los ponentes Juan Vicente Lagunilla García, Jaime Coello Bravo, Antonio Galindo Brito, el alcalde portuense Lope Afonso Hernández, y el citado Fernando Senante, actuando como moderadora la Directora del Museo Arqueológico del Puerto de la Cruz, Juana Hernández Suárez.  
           
[1]       Gaceta de Canarias, 8-V-1999

[2]       La Opinión, 29-10-1999.

[3]       Diario de Avisos, 29-10-1999.

[4]       La Ladera, nº 0, diciembre-enero 1999-2000.

[5]       Gaceta de Canarias, 26-XII-1999.

[6]       La Ladera, nº1, febrero-marzo, 2000.

[7]       Anales, A. Rixo, p.343. “Del 29 al 30 de dicho mes (septiembre1839) se concluyó la atarjea de las Aguas del Rey, llegando con ella hasta la orilla del Barranco de Martiánez. El número total de pies de la misma, fabricado a cargo de Esquivel y puesto allí donde concluye su obra es 12.720. Pero no entra en esta cuenta cosa de 1788 varas que han quedado servibles dirigidas por el maestro antecedente Aguiar. El gasto total de este importante acueducto desde que se principió en 1806 hasta la fecha asciende a 27.645 pesos corrientes, 6 reales de plata y ½ cuarto”.

[8]       En 1886 se crea en nuestro pueblo la Compañía de Hoteles y Sanatorios del Valle de la Orotava, que fue la primera fundada en Canarias con fines claramente turísticos. La información acerca de la propiedad de la casa es errónea, pues sus dueños era el matrimonio formado por D. Francisco García Gutiérrez y Dª Antonia de la Dehesa Sanz, que vivían en una espléndida casona situada en el cruce de las calles Valois y La Hoya. Andando el tiempo el hotel cambió de propietarios y de nombre, pasando a llamarse Hotel Martiánez, luego Apartamentos Martiánez y actualmente, se encuentra cerrado y con un aspecto ruinoso.  

[9]       El Día, 25-VI-2002.
  

miércoles, 8 de junio de 2016

Los guanches después de la derrota

             Aunque evidentemente, la temática general de estas crónicas ha estado hasta ahora referida a lo acaecido en el Puerto de la Cruz, después de las dos últimas dedicadas al Mencey Bencomo y a sus residencias de Martiánez y Tamaide, me ha parecido oportuno incluir otra destinada a narrar las peripecias sufridas por el pueblo guanche en los años siguientes a su derrota. Aquí conviene hacer un inciso, porque en los tiempos modernos, el término guanche vulgarmente se aplica a todos los antiguos habitantes de las Islas Canarias, pero hablando con propiedad, en los tiempos anteriores a la conquista y aún posteriormente, el término guanche se aplicaba única y exclusivamente a los aborígenes naturales de la isla de Tenerife [1].
Alonso Fernández de Lugo, Adelantado de las Islas  Canarias
         Como es bien sabido por todos la conquista de la isla de Tenerife fue llevada a cabo por Alonso Fernández de Lugo (¿1456?-1525), quien ya había participado con anterioridad, bajo las órdenes de Pedro de Vera, en la conquista de Gran Canaria, que terminó en 1483 y asimismo, capitaneó la conquista de La Palma entre 1492-1493. Finalmente, llevó a cabo no sin dificultades, la conquista de Tenerife entre 1494-1496.
Retrato de Alonso Fernández de Lugo (¿?-1535)
Veamos algunas notas biográficas sobre este personaje. Alonso Fernández de Lugo era natural de Sanlúcar de Barrameda y se casó en 1475 con Violante de Valdés y Gallinato, naciendo de este matrimonio sus hijos Fernando, Pedro y Beatriz. Fallecida su primera esposa, contrajo nuevo matrimonio en 1498 con Beatriz de Bobadilla, señora de La Gomera, que también era viuda de Hernán Peraza, no teniendo descendencia. Finalmente, al quedar nuevamente viudo, contrajo nuevas nupcias en 1515 con Juana de Massieres, con quien tuvo dos hijas, de nombres Luisa y Constanza.
            Por las conquistas de las islas citadas, los Reyes Católicos le nombraron Adelantado perpetuo de las Islas Canarias y falleció el 20 de mayo 1535 en su casa de La Laguna, ciudad donde se hallan sus restos, concretamente, en la Catedral de los Remedios [2]. En su recuerdo, la Plaza donde estuvo situada su casa, se conoce como Plaza del Adelantado.
Lápìda conmemorativa en la Catedral de los Remedios, La Laguna, donde se hallan los restos del Adelantado
Veamos a continuación de una manera sucinta, los hechos ocurridos en torno a la conquista de Tenerife, comenzando por un breve comentario sobre los reinos guanches y sus menceyes.
Los reinos guanches y sus Menceyes
           A la muerte del gran Mencey Tinerfe, la isla de Tenerife quedó repartida entre sus nueve hijos, a cada uno de los cuales le correspondió una zona determinada. Así, la zona de Anaga, le correspondió a Beneharo. Era muy montañosa, bastante rica en agua y por ende en vegetación, y comprendía Anaga y la mayor parte de lo que es actualmente el municipio de Santa Cruz. Limítrofe con la zona de Anaga estaba el Menceyato de Tegueste, gobernado por el Mencey del mismo nombre (Tegueste), que comprendía varias zonas de los actuales municipios de San Cristóbal de La Laguna, tales como Bajamar, Tejina, Valle Guerra, la Vega lagunera, Los Rodeos y Santa María de Gracia.
            Casi en la zona centro del norte de la isla se hallaban los Menceyatos de  Tacoronte y Taoro, que abarcaban, el primero parte de los municipios de Santa Úrsula, La Victoria, La Matanza el Sauzal y obviamente, Tacoronte, que le correspondieron el Mencey Acaymo. La zona de Taoro era territorio del Mencey Bencomo que fue el hijo mayor del Mencey Tinerfe, y se extendía por los actuales municipios de Puerto de la Cruz, La Orotava, la Victoria de Acentejo, La Matanza de Acentejo, Los Realejos y Santa Úrsula. 
            El extremo occidental del norte de la isla era el territorio de los Menceyatos de Icod y Daute. El Mencey de Icod era Pelixar o Pelicar y su territorio comprendía los actuales municipios de San Juan de la Rambla, La Guancha e Icod de los Vinos. El Mencey de Daute era Romén y su Menceyato se extendía por los actuales municipios de El Tanque, los Silos, Buenavista del Norte y Santiago del Teide.
         En la zona oeste de la Tenerife se hallaba el Menceyato de Adexe al frente del cual se encontraba Pelinor, cuyo territorio abarcaba los actuales municipios de Guía de Isora, Adeje y Vilaflor. En la zona sur de la isla, se hallaban sólo dos Menceyatos, a saber, el de Abona y el de Güímar, muy extensos ambos. El primero estaba gobernado por el Mencey Adjona o Adchona y se extendía entre los actuales municipios de Fasnia, Arico, Granadilla de Abona, San Miguel y Vilaflor. Finalmente, el Menceyato de Güímar, gobernado por el Mencey Añaterve, apodado “el que piensa rápido”, comprendía los territorios de los actuales municipios de El Rosario, Candelaria, Arafo, Güímar y una pequeña parte de los actuales municipios de Santa Cruz y La Laguna. La zona centro de la isla estuvo destinada a pastos comunales que eran usados indistintamente por los guanches de los diferentes Menceyatos.  
Todavía tuvo Tinerfe un hijo más, llamado Tinguaro o Chimenchia, pero al ser hijo fuera del matrimonio, no tuvo nunca tratamiento de Mencey, siendo según la tradición, repudiado por sus hermanos, a excepción de Bencomo, quien le acogió y le trató con la merecida deferencia.
La conquista de Tenerife. La Matanza de Acentejo
Una vez culminada la conquista de la isla de La Palma. Alonso Fernández de Lugo partió hacia la Corte, donde obtuvo de los Reyes Católicos los derechos para iniciar la conquista de la isla de Tenerife.  A cambio, renunció a la cantidad de 700.000 maravedíes (en lo sucesivo mrs.), que los monarcas castellanos le adeudaban por haber llevado a cabo la conquista de la isla de La Palma, lo que provocó una notable contrariedad en sus socios Francisco de Riberol (genovés) y Juanoto Berardi (florentino), financiadores de la conquista de esta isla. 
            Una vez de vuelta a las islas, preparó en Gran Canaria la nueva empresa de la conquista de Tenerife, desembarcando el 1 de mayo de 1494 en la Playa de Añaza, en la actual Santa Cruz de Tenerife, con una expedición más de 1200 hombres, entre castellanos y canarios. Lugo pudo contar rápidamente con la ayuda del Mencey de Güímar, comarca en la que desde hacía tiempo existía un culto cristiano a la Virgen de Candelaria, pero fracasó totalmente en las proposiciones de sumisión que le hizo a Benitomo, el Mencey de Taoro, que sin duda era el más poderoso de todos los menceyes guanches [3].
Benítomo o Bencomo, después de la entrevista con Lugo y los restantes menceyes, se retiró a sus dominios y se preparó para la resistencia, uniéndosele los guanches de los menceyatos de Daute, Icod, Tacoronte y Tegueste, permaneciendo los guanches de Abona, Adeje, Güímar y Anaga, sin entrar en la lucha, razón por las que fueron denominados los Bandos de Paces, en clara oposición a los primeros, a los que se les denominó Bandos de Guerra.
 Bencomo y sus aliados estuvieron esperando el avance de los castellanos invasores, lo que se produjo a fines de mayo de 1494, cuando Lugo entró con su gente hacia el Valle de Taoro, con el propósito de recoger ganado, viéndose súbitamente atacado el 31 de mayo en Acentejo. El resultado de este combate para los castellanos fue un total desastre, pues sólo pudieron contarlo en torno a 200 hombres, que trabajosamente lograron llegar hasta Añaza y el propio Lugo que a duras penas logró salvarse, herido de una fuerte pedrada en la cara; otros 90 hombres pudieron salvarse a través de un barranco y se refugiaron en una baja o roque de la costa. 
La Victoria de La Laguna
El fracaso obtenido y las pérdidas sufridas arruinaron a los caudillos organizadores de la conquista, que una vez más recurrieron a los mercaderes de Sevilla y al Marqués de Medina Sidonia, con el resultado favorable de conseguir un nuevo ejército, inferior al primero, pues sólo contaba con alrededor de 600 infantes y 45 caballos, muchos de los cuales habían participado en la conquista de Granada, quedando además la tropa al mando de Bartolomé de Estupiñán.
El 2 de noviembre de 1494 volvió Lugo a desembarcar en Añaza y en la noche del 13 avanzó hacia el interior y al amanecer se encontró con los guanches en la zona de Gracia, entablándose una nueva batalla en la que los españoles consiguieron una clara victoria.
 Cruz de Piedra. Erigida en la zona de Gracia para conmemorar la victoria sobre los guanches
En esta batalla murió el Mencey Benitomo y su hermano Tinguaro y después, cada uno de los dos bandos se retiró a pasar el invierno en sus respectivos campamentos.

                                           Ermita de Gracia. La Laguna. Grabado de J. J. Williams                                  
 La victoria de Acentejo
Una vez que Lugo obtuvo todos los alimentos y pertrechos de guerra necesarios, en noviembre de 1495, reemprendió la campaña, esta vez tomando todas las precauciones necesarias y llegó con su tropa hasta Acentejo, en una zona cercana a los mismos lugares de los que todavía guardaba tan mal recuerdo. Allí se libró un combate duro pero victorioso para los castellanos, pero Lugo tal vez escarmentado de derrota anterior, volvió a su campamento donde esperó hasta la primavera de 1496, en la que se adentró con sus hombres hasta el Reino de Taoro, acampando en el lugar que después se llamó Realejo. Hasta allí acudieron los diferentes menceyes de la isla que finalmente se entregaron como vencidos al conquistador castellano.                                          Alonso de Lugo lleva a los Menceyes a la Corte    
Unos de los enigmas de la historia de Canarias es la suerte que corrieron los Menceyes de Tenerife, que al término de la conquista de la isla por Alonso de Lugo fueron llevados a Almazán (Soria) [4], donde por aquel entonces se hallaba la Corte de los Reyes Católicos en 1496. Después de ese viaje [5], sólo se tienen noticias de cuatro de ellos, y uno de los cuatro de los que se tienen noticias es don Enrique de Icod (Pelicar), del que se sabe con certeza de su vuelta a Tenerife.  Estuvo en la corte de Almazán acompañando a don Juan, el hijo de Reyes Católicos, pero cuando este murió en 1497, fue vendido por el mayordomo Pedro Patiño y recuperado posteriormente por mandato de los R. Católicos [6].
Muy diferente fue la suerte que corrió otro mencey guanche cuyo nombre se ignora, al que se cita como “el más famoso y bello”, del que se sabe que fue a parar a Venecia, como un regalo de los monarcas castellanos a las autoridades de este estado ciudad, donde fue exhibido como un ejemplar exótico, junto con un jefe tribal de las recién descubiertas Antillas. De allí pasó a Padua, donde vivió en el palacio del capitán de la ciudad, en una estancia propia amueblada con dos criados a su servicio, todo ello costeado por las autoridades de Venecia [7].
También se tienen noticias de don Fernando de Anaga, acerca de su estancia en Arguineguín, en la isla de Gran Canaria en 1496, donde se cree que fue enviado por los Reyes para evitar que los antiguos menceyes tinerfeños residieran en zona donde ejercieron su mando, donde evidentemente seguirían teniendo su prestigio y autoridad. En Gran Canaria aparece dedicado a actividad de pastoreo, junto con sus dos hijos don Diego y don Juan de Anaga [8].
El último mencey de los llamados “Bandos de paces” fue don Diego de Adeje, del que se afirma que regresó a la isla, aunque hay autores que dudan de su presencia en la corte itinerante de los Reyes Católicos. Se sabe con certeza que vivió en la isla, y que Alonso de Lugo le hizo entrega en repartimiento de diversas tierras de su antiguo reino, destacando el Valle de Masca, con todas sus tierra y agua . Como veremos más adelante en 1502 aparece prisionero en la cárcel de La Laguna y se cree que falleció en 1504.
Los guanches después de la conquista de la isla
Una vez terminada la conquista de las islas y particularmente la de Tenerife, que es la que ahora nos ocupa, los vencidos fueron reducidos a la esclavitud, según la práctica legal habitual de esta época de la Edad Media, que fue utilizada por todos los estados europeos. Sin embargo, en primera instancia, conviene hacer una diferenciación en cuanto al trato recibido entre los aborígenes del llamado “Bando de Paces”, que se sometieron voluntariamente y colaboraron con los conquistadores para conseguir la sumisión de los integrantes del llamado “Bando de Guerra”.
            En los primeros momentos, a los guanches del Bando de Paces se les concede la libertad en reconocimiento a su ayuda y en los convenios acordados, se admite que podrían seguir gozando casi de la misma condición social que tenían antes de su anexión a la Corona de Castilla. Veremos más adelante como, poco tiempo después, cambiaron las circunstancias y con ellas, el trato dispensado.
            Los guanches integrantes de los menceyatos del llamado Bando de Guerra, una vez vencidos fueron esclavizados y, tal como se hacía en la época, tratados como objetos pertenecientes a sus dueños, con lo que se podían comprar, vender, heredar y usarlos para explotarlos trabajando para sus dueños o para otros, que pagaban a sus dueños por el trabajo que sus esclavos realizaban.
Los conquistadores no hicieron el menor esfuerzo de evangelización ni de instrucción en la fe cristiana de los guanches, puesto que para ellos el tema se reducía a una cuestión muy simple. Los guanches habían sido vencidos, por lo tanto ya tenían que ser cristianos, es decir, se asimiló derrota y conversión, no existiendo en ningún momento mención alguna acerca de que hubieran sido instruidos moral y religiosamente, y tampoco hubo catequesis ni trabajo de conquista moral.
Los guanches alzados
         A pesar de la derrota, no todos los guanches se sometieron a la esclavitud personal y se comportaron como insumisos, siendo designados en los escritos de la época como “guanches alzados”, convirtiéndose en un auténtico problema que trajo en jaque al recién creado cabildo de la isla de Tenerife. Ya desde 1498, es decir, sólo dos años después de la conquista de la isla, se habla de los alzados y de los daños que hacen. Así, los regidores reunidos en Cabildo ordenaron “que a cualquier persona que se le probase que tuviese un esclavo alzado en su hato de ganado y le dice de comer y no lo apresase, que se buscase al dicho esclavo a su costa y que si no aparecía, que lo pagase el dueño del esclavo” [9].  Cuatro meses después se volvía sobre el tema afirmando que,”por cuanto la isla ha estado revuelta con el tema de los guanches alzados que hacen mucho daño a todos los vecinos, ordenaron (los regidores) que desde este momento no se tuviese en cuenta el daño anterior, pero que desde esta fecha en adelante si hiciesen algún daño, que lo paguen y que como castigo la Justicia los echase de la isla…”.
Para tratar de frenar la solidaridad de los guanches horros, es decir, libres,  y de los esclavos con  los guanches alzados, se ordenó por el Cabildo “que a cualquier esclavo que tuviese a otro escondido y se le probase que le daba de comer, se le diesen 100 azotes y lo echasen fuera de la isla” [10]. Paulatinamente, las penas se fueron endureciendo y así en 1500, el Cabildo ordenaba “que visto el mucho daño que hacen en esta isla los esclavos, que cualesquiera de ellos que huyese desde hoy en adelante que muera por ello y que el Consejo le pagase a su dueño por la pérdida y que si fuese mujer en lugar de hombre que le diesen 100 azotes y la echasen de la isla” [11].
            En 1502 cuatro guanches horros de Tacoronte, es decir, pertenecientes a uno de los llamados Bandos de Guerra, llamados Simón, Fernando, Gaspar y Francisco de Tacoronte, se dirigieron al Consejo, hablando por no dominar la lengua castellana a través del regidor Guillén Castellano que si la conocía, ofreciéndose a perseguir y reducir a los guanches alzados, que se hallaban en el Menceyato de Adeje. Pidieron además que se pusiese en libertad a don Pedro de Adexe, el mencey de este antiguo reino, que se hallaba encarcelado en la prisión de La Laguna. Los regidores después de deliberar, acordaron junto con el alcalde de La Laguna, que puesto que las querellas por las que fue prendido don Pedro de Adexe carecían de fundamento, accedían a la petición hecha liberando a este último, bajo la condición de que los solicitantes se hiciesen responsables del libertado [12].
Ya en 1504 se indica que guanches, gomeros y canarios debían matar cada uno 30 cuervos, pues estas aves atacaban al ganado y había que protegerlo. La cita es interesante, porque nos revela la existencia en la isla de aborígenes procedentes de las islas de La Gomera y Gran Canaria, que habían sido conquistadas con anterioridad a Tenerife, así como de su principal ocupación, el pastoreo [13].
En relación a los gomeros, en 1504 vuelven a ser citados por su mal comportamiento afirmándose, “porque los gomeros no tienen ningunos bienes de que vivir, ni siembran ni cogen, ni viven del trabajo; además quebrantan las ordenanzas y comen el ganado de sus vecinos y hacen mucho daño vagabundeando”. El Adelantado Alonso F. de Lugo dijo que los echaran de la isla y aunque no he podido constatar fehacientemente la expulsión, hay un dato que da una pista importante a favor de esta hipótesis, pues en ningún momento vuelve a ser citado este colectivo a los largo de los años siguientes [14].
En 1504 se mandó que “todos los guanches que estuviesen hasta ese día fuera de la isla, no pudiesen volver a ella ni saltar a tierra, porque era notorio que los guanches  son ladrones públicos, razón por la que muchos de ellos fueron desterrados de esta isla, de la isla de La Palma y de la de Gran Canaria. Y aquellos que contraviniesen esta orden fueran muertos” [15]. En 1508 el Cabildo prohibió que los dueños de los esclavos huidos los vendiesen muy baratos, ordenándose que las ventas de esclavos se hiciesen “entregándolo en mano el vendedor al comprador”, pues cuando el esclavo alzado no era capturado, esto traía problemas de litigios sin fin [16].
            Como último ejemplo de la escasa confianza que los conquistadores tenían con los pastores guanches, comentaré que en un consejo celebrado en 1506 se acordó en el mayor secreto que los pastores guanches esclavos fuesen expulsados cuatro meses después de tomado el acuerdo “porque son ladrones y roban toda la isla y destruyen ganado, de lo que se queja todo el pueblo” [17]. Se pretendía ganar tiempo con el plazo de cuatro meses para que viniesen de la Península pastores castellanos que sustituyeran a los pastores guanches esclavos. La medida no llegó nunca a ejecutarse, probablemente porque para un peninsular con pocos medios de fortuna, era mucho más prometedor irse de emigrante a las llamadas Indias, es decir a la recién descubierta y conquistada América, con toda su promesa de tesoros sin explorar, que venir a cuidar ganado a Tenerife.
           Todavía en 1514 seguía candente el problema de los guanches alzados y en un concejo se informó de que en la isla había en torno a 200 hombres de pelea guanches, que son gente no obediente a la justicia y que hacen mucho daño en los ganados y haciendas de los vecinos, andando continuamente por el campo y habitando fuera del poblado. Están informados que comenten delitos inmensos y los alguaciles no los pueden prender por andar armados de lanzas y espadas y otras armas. De este hecho se puede recrecer el peligro y su parecer es que se deben quitar las armas, y que no las lleven ni las tengan en sus casas, porque reciben y atienden a los alzados y además conocen mejor el terreno por ser naturales de esta isla. En consecuencia se ordenó que “ningún guanche sea horro ni cautivo, pueda tener ni tenga ningunas armas, ni ofensivas ni defensivas, ni chicas ni grandes, ni puñal, ni espada, ni lanza, ni dardos, ni bordón herrado con punta, y en general ningún arma de hierro o de palo, que no sea un cuchillo para así poder desollar las reses y servirse en su casa. Que todas las armas que poseen las traigan ante la Justicia en el plazo de diez días y que se pregone esta ordenanza” [18].
Se habló asimismo de los esclavos guanches alzados que había en la isla así como también los eslavos de otra nación, mandando que desde el día en que se pregonase la orden relativa a las armas se presentasen ante la Justicia, para que se les perdonase cualquier pena que pudieran haber cometido hasta ese momento, por haber andado alzados. Asimismo se dijo que aquellos que afirmen ser libres y no cautivos, se les oirían sus razones y se decidiría teniéndolas en cuenta. Finalmente, se acordó que “si transcurridos el plazo de 20 días en que darían los tres pregones no se presentasen, se les tendría como públicos ladrones y se enviarían cuadrillas de hombres a buscarles y apresarles”.  Todo esto fue pregonado el 21 de mayo de 1514 en la plaza pública por medio del pregonero Francisco Díaz [18].
Los esclavos guanches
         La suerte de los indígenas naturales de las Islas Canarias fue diversa y así se sabe que hubo capturas y esclavizaciones de cierta importancia en la isla de La Palma y que muchos de ellos fueron vendidos en la Península, mientras que otros permanecieron en la isla. Asimismo, hubo grupos que consiguieron permanecer como población libre en Gran Canaria y Tenerife, por medio de pacto o de capitulación con los conquistadores y un buen ejemplo de ello es el caso de Guanarteme de Gáldar, don Fernando y sus 40 familiares y los ya comentados Bandos de Paces de los distritos de Anaga, Güímar, Abona, Adeje, además de gran parte del grupo radicado en Tacoronte.
            Hubo también trasvases entre las diferentes islas, y así hubo gomeros en Gran Canaria y como ya comentamos en Tenerife, de donde fueron posteriormente expulsados. Se sabe con certeza de la presencia en Arguineguín (Gran Canaria) de la gente del Bando de Anaga y en Tenerife, además de gomeros y palmenses, hubo grancanarios que participaron en la conquista de Tenerife, pues fueron reclutados por A. Fernández de Lugo en Sevilla, donde vivían desterrados desde 1484.

Escritura de venta de un esclavo. Siglo XVI. Archivo Histórico Provincial S. C. de Tenerife
Comentaré muy brevemente, algunos casos sobre la permanencia en la isla de números guanches tanto de los Bandos de Paces como de los de Guerra que fueron esclavizados y vendidos por los conquistadores, y lo ilustraré poniendo varios ejemplos de compraventa de esclavos guanches.
Así, Diego de Catres, maestresala del Adelantado, vendió a Bartolomé de Trujillo, un esclavo guanche, blanco, de 7 u 8 años aproximadamente, llamado Sebastián por 13 doblas de oro [19].  Fernando Guanarteme, el rey canario de Gáldar que ayudó a Lugo en la conquista de Tenerife y que luego fue vecino de esta isla, se obligó a pagar a Juan Méndez, 22.500 mrs., por un esclavo, guanche, llamado Bastián, que le compró [20]. En otra escritura diferente, Hernando de Tacoronte y Gaspar Guanche, se obligaron a pagar a Lope Hernández, regidor de la isla, 8.000 mrs. por una esclava guanche, llamada Catalina, que le compraron [21]. 
En muchos casos, los esclavos se transmitían por herencia y los herederos debían ponerse de acuerdo entre ellos para repartirse los bienes y un buen ejemplo lo tenemos en 1503, donde Francisco de Jiménez y su suegra, acordaron el reparto de una herencia, entre cuyos bienes se incluían un esclavo negro y otro guanche, pastor de ovejas [22].
        Finalmente, incluyo algunos ejemplos cuya finalidad era ahorrar a un esclavo, es decir, darle la libertad, por motivos diversos, como veremos a continuación. Así, Catalina Fernández, mujer de raza guanche, en su testamento nombra como heredero a su sobrino Andrés, también guanche, criado de Fernando de Llerena, para ayudarle en su rescate, pero como curador y por tanto poseedor del dinero, deja a un pariente libre, pues los esclavos no podían ser propietarios de ningún tipo de bienes [23]. Otro ejemplo es el de Francisca de Vargas, mujer de Gonzalo Báez, quien comenta en su testamento que Francisco, hijo de Leonor, su esclava guanche, nació en su casa y es niño de pequeña edad y que su padre fue un hombre libre y cristiano viejo. Por esta razón y por el mucho amor que le tiene, lo ahorra, es decir, lo libera [24].
Asimismo, Gaspar, natural y vecino de Tenerife, y Lucas Alonso, natural y vecino de Gran Canaria, se obligaron a pagar a María La Gomera, vecina de Tenerife, 12.000 mrs. por un esclavo, natural de Tenerife, llamado Pedro de Santana, a quien luego dieron la libertad [25]. Otro caso es el de Bartolomé Afonso, que se obligó a pagar a Lope de Salazar, 3.000 mrs., porque tiene una esclava, llamada Catalina, con un hijo llamado Juan, blanco, “el cual averiguó que era hijo suyo”. Salazar “por hacerle una buena obra le dio el niño a cambio del dinero” [26].
Citaré para terminar con este apartado citando al Adelantado Don Alonso Fernández de Lugo, que había vendido como esclavos a muchos guanches de los Bandos de Paces, contraviniendo las órdenes de los Reyes Católicos, quienes le obligaron a volverlos a comprar y darles libertad. En este caso lo encontramos ahorrando a su esclava María la Pendolera, natural de la isla, en remuneración a los buenos y leales servicios que le había hecho, aclarando además que ninguno de sus herederos podría reclamar el derecho sobre ella  [27].
Me parece oportuno comentar finalmente, que a pesar de los abusos que el Adelantado y los conquistadores hicieron con la población guanche, tanto con los pertenecientes al Bando de Paces como al Bando de Guerra, a la postre hubo una relativamente adecuada integración de la población guanche en la nueva cultura y religión, por lo que podemos afirmar sin temor a equivocarnos, que no es cierta la afirmación de que la raza guanche desapareció después de la conquista de la isla, sino que en gran medida persistió a través de sus herederos, fruto muchos de ellos del casamiento de las mujeres guanches con gente de su propia raza o con los descendientes de los conquistadores. 

            Incluyo a continuación el excelente vídeo titulado "Nueve Hermanos", realizado por Agustín Miranda Armas, en el que se puede apreciar muy claramente los territorios que ocupaban los diferentes menceyatos, así como las estatuas erigidas en honor a los menceyes con sus respectivos nombres. Agradezco vivamente a Agustín su generosa colaboración.