miércoles, 1 de junio de 2016

La cueva de Bencomo en Tamaide

Tal como comentamos en la crónica anterior, es tradición oral que el Mencey Benitomo o Bencomo, tenía dos lugares donde residir en el norte de la isla, el primero ya lo describimos en la crónica anterior y era la llamada Cueva de los Siete Palacios, situada en el Acantilado de Martiánez, en el municipio del Puerto de la Cruz. La otra cueva, en la que según la tradición pasaba las tres cuartas partes del año, se hallaba situada en Tamaide, en el municipio de Santa Úrsula.
En esta nueva crónica vamos a narrar como era esta cueva, pues aunque no está en nuestro municipio, ha sido llamada de forma muy similar a la que describí en la crónica anterior, aunque como veremos las diferencias entre ambas son muy sensibles.
Aunque el lugar está claramente situado fuera del Puerto de la Cruz, creo oportuno incluirla en este bloc de crónicas portuenses, primero porque alude a la vivienda principal del Mencey Benítomo, el último gran Mencey guanche y segundo y quizás más importante, porque el autor del artículo en que se describe la morada principal del Mencey citado, es José Agustín Álvarez Rixo (1796-1883), una de las más ilustres figuras del Puerto de la Cruz, hombre dotado de una enorme sed de saber y poseedor de un enorme conjunto de conocimientos, que bien merece que nuestro municipio le dedique una estatua, ahora que su familia ha donado a la Universidad de La Laguna, todo lo que escribió y dibujó, para que pueda ser disfrutado por la actual y las sucesivas generaciones de canarios, pues su pluma abarcó gran variedad de temas referidos a la mayor parte de las Islas Canarias. 
Autorretrato de José A. Álvarez Rixo a la edad de 24 años. Fondo A. Rixo. Universidad de La Laguna
José Agustín Álvarez Rixo
El artículo que voy a transcribir a continuación, termina con la frase “NOTICIAS POR J. AREZVAL”, pseudónimo tras el que se oculta el cronista portuense José Agustín Álvarez Rixo, que utiliza un juego de palabras para dificultar su identificación, cosa que por otra parte, no creo persiguiera con mucho ahínco, pues a esta frase le sigue una cortés despedida tal como De V. atento S.S. = El Guanche Tabengor y si hubiera querido ocultar su identidad con esta última frase hubiera bastado. 
La primera palabra de la firma da una pista importante, pues es la inicial de su primer nombre J. (José) y la segunda palabra da la clave del autor, pues un pseudónimo que permite fácilmente su identificación, pues sin más que cambiar el orden de las letras AREZVAL del pseudónimo, aparece su auténtico apellido ÁLVAREZ
Tamaide o Cueva Palacios
El artículo que voy a reproducir fue publicado el 24 de diciembre de 1839 [1], es decir, menos de un mes antes de que saliera el que comentamos en la crónica anterior, y que estuvo dedicado a la Cueva de los Siete Palacios que según la tradición, el Mencey Bencomo usaba para veranear en el Puerto de la Cruz.
El artículo comienza con una introducción de A. Rixo que dice así:
Sr Editor del Conservador
Valle de Taoro. Diciembre 24 de 1839
”Al ver la irresolución de mis paisanos en proporcionar materiales para la historia, séase excitándose por medio de este Periódico, o bien asociándose algunos sujetos instruidos para dar fomento a la empresa, me he resuelto entretanto a comunicar a V. algunos artículos que me parecen curiosos, sacados de ciertas memorias o noticias y pinturas misceleanicas reunidas por un compatriota, los cuales al fin podrán ser colocadas en el lugar que les corresponda”.  
La introducción parece por un lado, una invitación a las personas más capacitadas en historia canaria a escribir más artículos sobre este tema, y al mismo tiempo una justificación de su resolución para tratar de provocar que se animasen, comenzando A. Rixo por escribir al primer artículo. Reproduzco a continuación íntegramente el artículo que titula Tamaide o Cueva Palacios".
Tamaide o Cueva Palacios, es la gruta que sirvió de habitación al virtuoso Quevehí Bencomo [2], Mencey de Taoro; hállase ésta situada a corta elevación de la ladera al nordeste de La Orotava, a orillas del Barranco del Pinito, en la parte en que éste hace un salto semicircular, formando un aprisco natural y cómodo para ganados.
Benitomo, Benchomo o Bencomo, como actualmente se le conoce, Mencey de Taoro
Consta el alojamiento de dos cuevas o más bien diré tres. En la primera forma el risco una especie de pórtico irregular vuelto al sudoeste, desde el cual agachándose un poco se pasa a la gruta, que tendrá siete varas [3] de diámetro desigual; y cuyo techo apenas tiene el alto de un hombre regular. Del lado del sur, se halla un boquerón o pasadizo de cosa de dos varas de ancho y poco más de una del alto [4]que comunica a la segunda estancia, la cual tiene techo alto y despejado, casi toda descubierta por el lado del poniente, y que en aquellos tiempos o no lo estaría porque no se habrían desplomado las peñas que la cerraban, o sus dueños tal vez la cubrirían con cañizos, pieles u otras materias. Desde esta se pasa debajo de un arco a la tercera,  más corta que las otras y más descubierta en el día también; siendo el todo formado por el risco firme. El piso de estas grutas está ahora escabroso, descubiertas las peñas, lo que no es extraño, cuando sabemos las costumbre de nuestros aldeanos de escarbar las cuevas que fueron de guanches para con su suelo abonar las tierras.
Cueva del Rey Bencomo. Tamaide. Santa Úrsula. Foto Melchor Hernández Castilla. 2011
La subida a este sitio es algo incómoda y dificultosa para personas que ya carezcan de agilidad, pero quizás antiguamente no lo sería tanto; y el contorno produce la  hierba singular llamada chajora o tajora [5], de donde probablemente se derivaría el nombre de Menceyato de Taoro, que se le dio a todo este valle, aunque igualmente pudo provenir del Tagoror, sitio en el que se celebraba el consejo. 
Sideritis Brevicaulis, chajora, endemismo canario del Macizo de Teno. Tomada de Wikipedia
Este fue el domicilio de un soberano dignísimo de serlo y de ser más dichoso también. Humilde y desproporcionado parecerá para su dignidad, pero tal vez en donde toda la redondez de la tierra no habrá un príncipe que tenga su palacio en situación de mejor remate y más acomodada para observar la mayor parte de su imperio, ni que este sea tan delicioso como el que tuvo Bencomo, aunque corto. En efecto, desde el centro de la cueva de Tamaide se gozaba y aún se goza de una perspectiva cuya magnificencia natural no es fácil describir. Descúbrese el hermosísimo Valle de Taoro en toda su longitud, el cual aparece coronado del Teide, y que como que este toca con su cúspide el arco de la puerta de la cueva, o más bien el todo presenta a la vista una cortina mágica la cual parece cubre dicha puerta en la que está pintado en miniatura el Valle, las cumbres y el Pico. Si se sale tres varas más afuera hacia la entrada, se magnifica más la escena, pues se ve también la costa, el batir del mar, la Isla de la Palma y el horizonte, sirviéndole la lejana cima de la última con sus prominencias, de señales seguras para conocer las estaciones del año, según el punto por detrás del cual observaba la ocultación del sol.
Dibujo de parte del Valle de Taoro, Pico de Teide y Villa de la Orotava, vistos desde la Cueva de Tamaide. Autor J. A. Álvarez Rixo. 1837. Biblioteca de la Universidad de La Laguna 
Desde esta deliciosa eminencia veía pacer aquel rey sus ganados y los de sus vasallos, (porque casas u otros edificios no había entonces), sus sembrados, y los daños que podían cometerse traspasando los límites vedados.
Cueva del Mencey Bencomo en Tamaide (Santa Úrsula). Foto A, Benítez, publicada en ABC.
 Subida a Facebook por Melchor Hernández Castilla 
Muy cerca, pero algo más alto, está una fuentecilla de buena agua, y poco más al norte otra larga gruta llamado ahora el bucio, que por tener el piso lleno de piedras caídas, cuesta encorvarse bastante para transitar a su interior que es más largo, en el cual filtra el agua del manantial.
Cueva habitación de Bencomo en Tamaide. Santa Úrsula. Autor anónimo

Lápida recordando a Bencomo. “Mencey Bencomo. Jamás me he sometido a otro hombre como yo. Libre he nacido y así viviré siempre”. Mayo 1494-27 Noviembre 1988. Santa Úrsula

Alegréme mucho de ver este sitio, aunque el recordarme de la historia del Mencey Bencomo y de su Patria, que hoy es la mía, se me tornó en sentimiento contemplando la cruel perversidad de los conquistadores. Que mal pensaría Quevehí Bencomo cuando inocentemente se recreaba  en la vista sin par de sus dominios, que al mismo lado opuesto que veía todos los días, allí los había de perder con la libertad de 25 de julio de 1497! Aquí me decía a mí mismo, estaba la infanta Dácil [6], hija del propio Mencey; más aquí o más allí, estuvo su prisionero el Capitán Gonzalo García del Castillo [7], que admirado de sus buenas prendas, fue después su marido … En fin, Tamaide existe solitaria, pero sus dueños y estos sucesos ya 340 años han pasado por ellos. Sólo se encuentra escrita con giz [8] en el techo de la primera gruta la siguiente inscripción. “Aquí habitó Quevehí Bencomo, Mencey de Taoro, Virtuoso defensor de su Patria, de la cual y de la libertad le privó la codicia de los Españoles en 1497”.
Noticias por J. Arezval
De V. atento S. S. El Guanche Tabengor
La princesa guanche Dácil
A. Rixo en la parte final de su artículo afirma textualmente:”Aquí me decía a mí mismo, estaba la infanta Dácil, hija del propio Mencey; más aquí o más allí, estuvo su prisionero el Capitán Gonzalo García del Castillo, que admirado de sus buenas prendas, fue después su marido…”, en clara alusión a la leyenda de los amores de la princesa guanche Dácil y del capitán castellano Gonzalo del Castillo, que cuenta Antonio de Viana [9] en su obra de larguísimo título “Antigüedades de la Gran Canaria. Conquista de Tenerife y aparecimiento de la imagen de Candelaria. En verso suelto y octava rima. Por el Bachiller Antonio de Viana, natural de la isla de Tenerife", publicada en Sevilla en 1604 y que esencialmente está dedicada a cantar la conquista de Tenerife por los españoles mandados por Alonso de Lugo.
Portada de “Antigüedades la Gran Canaria….”, escrito por Antonio de Viana y publicada en 1602
Según parece la obra fue escrita por Antonio de Viana durante la etapa de sus estudios de Medicina en Sevilla, se publicó en 1602 y según fue un trabajo hecho por encargo de  Juan de Guerra Ayala, señor del Mayorazgo del Valle de Guerra, cuyo mecenazgo se hace notar en su obra cuando en ella se menciona a esta familia, pues queda muy bien descrita y ponderada. 
Busto de Antonio de Viana. Museo Municipal de Santa Cruz de Tenerife
La leyenda de los amores de la princesa Dácil y Gonzalo del Castillo ha llegado hasta nosotros y por esta razón me ha parecido oportuno traer a colación algunos comentarios sobre este personaje, así como sobre la supuesta princesa guanche Dácil, de la que según la leyenda se enamoró Gonzalo García del Castillo estando prisionero.
Según la leyenda la princesa Dácil fue admirada en toda la isla por su belleza y estaba prometida a un guerrero guanche llamado Durimán, de apodo “El Montañés”. Con la llegada de los castellanos, al caer prisionero Gonzalo del Castillo y quedar a vivir con los guanches, el castellano se enamoró de la princesa, que fue la encargada de sanar sus heridas, sufridas según la leyenda en la contienda que los castellanos tuvieron con los guanches. El amor de Gonzalo del Castillo fue compartido por la princesa Dácil que correspondió a sus muestras de afecto, olvidando su compromiso con el guanche Durimán.
            Las costumbres guanches prohibían los encuentros a solas de un hombre con una mujer, y Durimán que después de la llegada del castellano se sentía rechazado por la princesa, pidió que se le formase Consejo a esta última, que fue presidido por el Mencey Bencomo, padre de Dácil y por el gran sacerdote, por haber incumplido la princesa Dácil esta prohibición.
Estatua de la Princesa Dácil, a la entrada de la Villa de la Orotava
Por la acusación grave que se hacía a la princesa de hablar hablado a solas con un hombre, que además era un enemigo del pueblo guanche, Dácil fue encarcelada durante un tiempo para cumplir con la ley guanche. Posteriormente, fue liberada gracias a que unos testigos engañaron al Mencey Bencomo, afirmando que Dácil no había estado nunca a solas con Gonzalo del Castillo, porque siempre estuvo acompañada por otra persona.
            Según la leyenda, tras la derrota de los guanches a manos de los conquistadores castellanos, Dácil que se casó con Gonzalo del Castillo, fue bautizada con el nombre castellano de Catalina y en su matrimonio tuvieron cuatro hijos.
            Creo oportuno afirmar desde ahora, que este personaje de la leyenda  de Dácil es ficticio y que fue utilizado por Antonio de Viana para describir los hipotéticos amores de un conquistador castellano cautivo después de la Batalla de la Matanza, con una princesa guanche. Sin embargo, la leyenda ha permanecido en el imaginario popular y ha trascendido el tiempo, llegando intacta hasta nuestros días.
El conquistador castellano Gonzalo del Castillo
Así como el personaje de Dácil es ficticio, todos los historiadores coinciden en que Gonzalo del Castillo, su enamorado primero y marido después, según A. de Viana al terminar la conquista con la derrota de los guanches, fue un personaje real que según el historiador Leopoldo de la Rosa, no participó en la conquista de la isla de Tenerife sino que llegó a ella, después que ésta terminara. Veamos algunos datos sobre este personaje, muy real, pero usado muy libremente por A. de Viana en su imaginario romance con la supuesta princesa Dácil.
Gonzalo del Castillo fue vecino de Valladolid y tenía sus casas en la calle de la Misericordia, la hoy llamada de San Blas, una de las más importantes de la primitiva población, aunque se ignora la fecha y el lugar de su nacimiento.
Trabajó con don Gutierre de Cárdenas, un noble castellano que estaba casado con una prima hermana del rey D. Fernando el Católico y desempeñó en su casa, los cargos de repostero de la plata y luego de repostero de camas, ambos de extrema confianza que eran cargos desempeñados por hidalgos en las casa de los grandes señores de la corte.
Este personaje jugó un importante papel en la corte pues llegó a ser maestresala de la reina Isabel la Católica. Fue hombre de gran influencia y desempeñó en la corte castellana el cargo de Contador Mayor de la Hacienda Real de Castilla [10].
Fray Alonso de Espinosa (1543-¿?), en su obra “Del origen y milagros de Nuestra Señora de Candelaria”, impresa en Sevilla en 1594, dice: "Y así en llegando el socorro del Duque se partieron para Tenerife. Y a dos de noviembre del dicho año 1494 surgieron en Santa Cruz, donde antes habían surgido, y saltando en tierra asentaron su real con determinación de no salir de la tierra hasta morir o ganarla. Entre las gentes de a caballo que envió el Duque para el socorro fueron Diego de Mesa, Francisco de Mesa, Gonzalo del Castillo...." [11].
Vemos pues citado, el nombre de nuestro personaje como uno de los conquistadores de Tenerife, pero sólo en la segunda entrada de Alonso de Lugo y no en la primera y por lo tanto, no pudo haber sido capturado después de de la Matanza de Acentejo y en consecuencia tampoco pudo haber convivido con los guanches de Bencomo hasta el término de la conquista.
Por otra parte, el nombre de Gonzalo del Castillo figura en la relación de conquistadores de la isla de Tenerife, a la que parece llegó formando parte de las tropas que envió el duque de Medina Sidonia después del descalabro sufrido por Alonso de Lugo en Acentejo.
Según comenta Leopoldo de la Rosa [12], el 12 de abril de 1505, pocos años después de terminar la conquista de Tenerife, el Adelantado Alonso Fernández de Lugo le concedió sus datas de tierra a Gonzalo del Castillo, y lo hizo según sus propias palabras por “haber sido y ser hoy en día vecino y poblador de esta isla, con toda vuestra casa, mujer e hijos y esclavos”.
Estas palabras son clarificadoras, pues hacen referencia a la primera familia de Gonzalo del Castillo, al parecer legítima, que en aquel momento tenía constituida, es de presumir que con alguna mujer guanche, y de la que fueron fruto dos hijos, Francisco y Ana; pero no se conoce el nombre de esta mujer, ni las circunstancias de sus relaciones con Gonzalo.
Es necesario tener en cuenta que los conquistadores llegaron a la isla sin mujeres y que como una consecuencia lógica, su relación con las guanches sobrevivientes a la conquista fue más que natural y lógica. Se conoce con certeza, la unión de muchos de los que participaron en la conquista de la isla con mujeres guanches.
             Al fallecer su primera esposa, Gonzalo del Castillo se casa otra vez hacia 1509, con otra guanche, Francisca de Tacoronte. Una primera pregunta que surge inmediatamente, en relación a esta segunda boda, es ¿cuál era el nombre guanche de Francisca de Tacoronte?. Lamentablemente, los historiadores de la conquista de Tenerife, no han dado respuesta a cuál fue el nombre guanche de Francisca de Tacoronte.
Una segunda pregunta que podría arrojar luz sobre el personaje es la siguiente ¿tenía Francisca de Tacoronte algún parentesco con los menceyes tinerfeños? En torno a esta cuestión, hay algunas importantes pistas que arrojan algo de luz sobre este aspecto. Se sabe que Gonzalo del Castillo tenía estrechas relaciones con dos guanches, llamados don Juan de Tegueste y don Pedro de Tacoronte [13], siendo el segundo primo de Francisca, la mujer de Gonzalo. Aunque parece probable que ésta también tuviese alguna relación de parentesco con el primero, no se ha encontrado ningún dato que lo avale.
Un aspecto adicional a tener en cuenta es que los anteriormente mencionados son citados como don Juan de Tegueste y don Pedro de Tacoronte, y se sabe con certeza que sólo se les dio el tratamiento de “don”, a los guanches descendientes más o menos cercanamente de los antiguos menceyes. Un ejemplo claro lo tenemos en el Mencey de Adexe, que siempre es citado como don Diego de Adexe, al igual que algunos de sus descendientes.
Si bien es cierto, tal como afirma Leopoldo de la Rosa Olivera en su trabajo ya citado anteriormente, que no se sabe a ciencia cierta la genealogía de los guanches mencionados, el historiador se inclina por considerarlos parientes cercanos de los Menceyes de los Bandos de Tacoronte y Tegueste.
Gonzalo del Castillo falleció en 1513, mientras que su esposa Francisca de Tacoronte le sobrevivió siete años, falleciendo en 1520, quedando como descendientes suyos, dos hijos del primer matrimonio Francisco y Ana y un hijo Juan y una hija Inés de su segundo matrimonio con Francisca de Tacoronte.
         Al tenor de las investigaciones realizadas y publicadas por el anteriormente citado Leopoldo de la Rosa, según sus propias y textuales palabras: “Evidentemente, hay un fondo de verdad en la égloga de Dácil y Castillo de Antonio de Viana, que cantó los amores de Gonzalo del Castillo, probablemente añadiéndole episodios de su invención. Podemos preguntarnos a quién de sus mujeres quiso presentar el autor de las Antigüedades bajo el nombre, posiblemente sólo poético, de Dácil. Cuando Viana escribió su obra estaba vivo el recuerdo de un Gonzalo del Castillo, conquistador destacado, que había estado casado con una guanche de la familia de los menceyes. La de memoria más cercana y que reunía estas circunstancias era Francisca de Tacoronte, y ésta creemos debió ser en la que se fijó, es posible que sin saber ni su nombre, el poeta, que con estos elementos construyó uno de los cantos más bellos del poema” [12].          
       Leopoldo de la Rosa claramente se inclina por la hipótesis de que Antonio de Viana hubiese utilizada a Francisca de Tacoronte como imagen para la creación de su personaje literario Dácil. 

 [1]       El Conservador. 24-XII-1839. Santa Cruz de Tenerife. Posiblemente sean las primeras palabras de este artículo las que han inducido a error a algunos periodistas que al escribir sobre la cueva vivienda del Mencey Bencomo la mencionen Cueva de Siete Palacios, nombre que se le dio a la cueva habitación de la Ladera de Martiánez.

[2]       El término Quevehí según José M. Esteban, era el tratamiento guanche que se daba a una persona principal, similar a excelencia.

[3]       Una vara castellana equivalía a 0,836 metros,  por lo que el “diámetro” tenía alrededor de 5,85 metros.

[4]       O sea 1,67 metros de ancho por 0,84 metros de alto.

[5]       Chajora, Chajorra, Tajora o Abajora es el nombre que los guanches daban a la Sideritis brevicaulis, un endemismo canario que suele crecer entre los 5º-90 m de altura y que se encuentra en Tenerife y La Gomera. Para más información véase el trabajo “Álvarez Rixo y sus observaciones al Diccionario de Historia Natural de las Islas Canarias”. Universidad de La Laguna. Revista de Filología, 29-I-2011,  p. 37-72.

[6]       Dácil, fue según la leyenda una de las hijas del Mencey Bencomo, aunque hay autores que opinan que es un personaje inventado por el autor Antonio de Viana.

[7]       Gonzalo del Castillo fue un capitán de las huestes  castellanas de Alonso de Lugo, que fue según una falsa leyenda fue hecho prisionero por los guanches en la Batalla de Acentejo y que convivió con los guanches y se enamoró de la princesa Dácil, hija del Mencey Bencomo.

[8]       Giz, nombre portugués de la tiza.

[9]       Antonio de Viana (1578-¿?). Estudió en Sevilla entre 1595-98 y después se trasladó a Tenerife donde contrajo matrimonio y permaneció hasta 1599. Luego retornó a Sevilla, donde terminó sus estudios de Medicina en 1605, retornando posteriormente a La Laguna. Retorna a Sevilla en 1634 y allí permaneció hasta su muerte, aunque se ignora la fecha de su fallecimiento.

[10]     Los datos sobre D. Gutierre de Cárdenas y su esposa D.* Teresa Enríquez, están tomados de Ballesteros, Cristóbal Colón y el descubrimiento de América, pag. 462; Fz. de Bethencourt, Historia Genealógica y Heráldica de la Monarquía española, II, pág. 310.

[11]     Historia de Nuestra Señora de la Candelaria. Fray Alonso de Espinosa. Sevilla. 1594. El mismo autor publicó otro libro “Del origen y milagros de Nuestra Señora de la Candelaria”, en el que aparece por vez primera una descripción de la isla con sus historia.

[12]     La Égloga de Dácil y Castillo por Leopoldo de la Rosa Olivera. Revista de Historia, Universidad de La Laguna, 115-141, (1990-91).

[13]     En una escritura de arrendamiento de 60 puercas por 4 años por Gonzalo del Castillo se les cita como "don Juan de Tegueste y  don Pedro do Tacoronte", ante S. Páez el 5-1-1509 [A.H.P., Reg.,1509, n.º 9, f.o 614) interviniendo Francisco de Tacoronte como lengua. Vemos que se les da a ambos el "don" y que además interviene Francisco de Tacoronte como "lengua", es decir como intérprete,  lo que indica que aquellos no conocían el castellano.

miércoles, 25 de mayo de 2016

La Cueva de los Siete Palacios

Mencioné en mi última crónica que el Acantilado de Martiánez había sido el lugar elegido por los guanches para establecer su morada, probablemente por la bondad del clima, por sus cuevas en la ladera que les proporcionaban cobijo seguro, por la cercana existencia de un buen manantial de agua como fue la Fuente de Martiánez, por la presencia de una buena zona de pastos cercana situada en el espacio comprendido entre la Ladera y el actual Jardín Botánico, así como por la cercanía al mar, lo que le permitía coger diversos moluscos, y vimos en la anterior crónica, que también hubo en este Acantilado una importante necrópolis guanche.

En esta nueva crónica, narraré la presencia de una cueva habitación, que según la tradición oral fue la vivienda veraniega del Mencey Benítomo o Bencomo, nombre con que ha llegado hasta nosotros, el último Gran Mencey guanche, muerto por los castellanos en la Batalla de La Laguna en 1495.
Parte occidental de la Ladera de Martiánez. Foto A. Passaporte, coloreada por Rafael Afonso Carrillo.
El Mencey Benitomo o Bencomo
Benitomo, o Bencomo como ha pasado a la historia, era hijo del Mencey Tinerfe y a la muerte de su padre recibió en herencia la zona del Menceyato de Taoro, que comprendía los terrenos situados en los actuales municipios de Puerto de la Cruz, La Orotava, La Victoria de Acentejo, La Matanza de Acentejo, Los Realejos y Santa Úrsula . 

Mapa de los Menceyatos de Tenerife durante la conquista. Al norte, en el centro y en verde oscuro, se aprecia el territorio del Menceyato de Taoro. Tomado de Guanches, Wikipedia
Es digno de resaltar, que del mismo modo que existen numerosas noticias sobre los menceyes así como de los guanches integrados en los llamados Bandos de Paces (Adeje, Güímar, Abona y Anaga, excepción hecha del de Güímar, del que se tienen menos referencias), en cambio de los guanches integrantes de los llamados Bandos de Guerra, si las hay, son escasísimas, ya que, con carácter general, los guanches que no murieron en el combate fueron apresados, pasaron a ser buena presa del conquistador, y muchos de ellos fueron vendidos en los mercados de esclavos, como veremos en una próxima crónica.
Algunos de los que lograron sobrevivir no pudieron soportar el peso de la derrota y la esclavitud y eligieron el suicidio. Un buen ejemplo de esto último, lo tenemos en el caso conocido de Bentor [1], el último Mencey guanche, hijo y sucesor de Benitomo de Taoro, que según la tradición se suicidó arrojándose por la zona conocida por El Lance, en la Villa de Los Realejos. Otros guanches se refugiaron en las montañas de la isla y fueron conocidos como Guanches Alzados, de los que tendremos ocasión de hablar en otra crónica.
 En memoria de Bentor, se ha erigido en El Lance una estatua con una placa en la que, después de la siguiente frase del historiador realejero Viera y Clavijo: “Los menceyes de Tenerife no habían conocido jamás la vileza de sujetarse a otros hombres como ellos”, figura la siguiente leyenda: “Homenaje de la Villa de Los Realejos a Bentor, el último Mencey guanche, el cual según la tradición, por no entregarse, se arrojó al vació desde este lugar”. 
Estatua erigida en honor al Mencey Bentor en El Lance. Los Realejos

Placa que figura al pie de la estatua de Bentor, en El Lance (Los Realejos)

Otro personaje digno de mención que tuvo una acción destacada en la Batalla de Acentejo, donde los guanches infringieron una severa derrota a los castellanos, fue el Achimencey Chimenchia, más conocido como Tinguaro [2], un hermano (sólo de padre) de Bencomo, que también falleció en el desigual enfrentamiento con los castellanos en la anteriormente citada Batalla de La Laguna. En su honor se levanta una estatua, realizada por el escultor Miguel Ángel Padilla, que se encuentra instalada en La Matanza de Acentejo, en cuya base se halla una lápida con la siguiente inscripción: “Esta escultura se alza en homenaje al Achimencey Tinguaro, héroe guanche de la tierra de Acentejo y símbolo de la nobleza, la valentía y el coraje de nuestro pueblo. La Matanza de Acentejo.
Que su presencia como guardián preserve nuestra paz y nuestro bienestar. En la Villa de La Matanza de Acentejo, 1 de mayo de 2007”
Estatua en homenaje al Achimencey Tinguaro (Chimenchia). La Matanza de Acentejo

Inscripcíón al pie de la estatua del Achimencey Tinguaro.  

Benitomo es llamado El Rey Grande de Taoro [3] y fue el Mencey que capitaneando a los guanches se enfrentó a los castellanos en la llamada Batalla de La Laguna, que tuvo lugar en los alrededores de la actual zona de Gracia, el 14 de noviembre de 1945. Bencomo falleció en este combate, así como su hermanastro Chimenchia, que ha pasado a la historia con el nombre de Tinguaro y un considerable número de guanches, que plantaron batalla en campo abierto, con una enorme desigualdad de medios, a las tropas castellanas.
El historiador Elías Serra Rafols afirma que el auchón donde nació Benitomo, en el municipio de Los Realejos, se localizaba entre los Barrancos de Godínez y La Azadilla, y que este auchón podría situarse en la zona denominada actualmente El Tanque de Arriba (Los Realejos) o en sus cercanías. Según el mismo historiador, la residencia habitual del Gran Rey de Taoro, Benitomo, se encontraba durante la mayor parte del año en La Orotava, en el límite con el actual municipio de Santa Úrsula, pues en una de las datas dada es señalada como“… cuatro cayces de tierra de sequero en Taoro, como pasamos de casa del Rey Benytomo, que se llama el Aravtaba…” [3], y “…10 cahíces de sembradura que llaman los guanches Tafuria cerca del auchón grande del Rey de Taoro…[4]. 

El Mencey Bencomo o Benítomo. Candelaria

Es tradición oral que Bencomo, si bien vivía casi todo el año en la zona de Tamaide situada en el actual  municipio de Santa Úrsula, pasaba la temporada de verano en el Acantilado de Martiánez, en el Puerto de la Cruz, probablemente por la mayor benignidad del clima en la estación veraniega en esta zona y, además por la presencia de abundantes pastos para el ganado caprino, en el espacio comprendido entre la Ladera de Martiánez y el actual Jardín Botánico, un terreno que, después de la conquista de la isla por los castellanos, se utilizó como zona de cultivo y que fue conocido con el nombre Sancho Caballero, en referencia al nombre de uno de los más importantes propietarios que tenían terrenos en la citada zona.
La Cueva de los Siete Palacios
Uno de los lugares ampliamente citado por todos los estudiosos del pasado aborigen portuense, es la llamada Cueva de los Siete Palacios y existe un cierto confusionismo con el nombre de esta cueva, ya que algunos estudiosos denominan de manera parecida a otras cuevas diferentes existente en otras localidades.
Así, el médico e investigador del pasado guanche Juan Bethencourt Alfonso en el Tomo I del libro Historia del Pueblo Guanche, en el Capítulo XI dedicado al “Vocabulario: Nombres propios de lugares”, cita “Chychymani” y el autor la sitúa como sigue: “ La <<Cuesta de la Florida>> que limita al este el Valle de la Orotava. En este cerro se encuentra la <<Cueva de los siete palacios>> donde vivía el achimencey Tinguaro en la época de la invasión española” [5]. Creo que debe referirse a la que otros autores denominan como Cueva de los Palacios, que al decir de éstos últimos fue la morada de Bencomo y que se halla en Tamaide, Santa Úrsula. 

Ladera y Playa de Martiánez, en la zona de La Barranquera. Foto Marcos Baeza Carrillo, 
coloreada por Rafael Afonso Carrillo

Para aumentar la confusión, la cueva donde según la tradición pasaba Bencomo parte de su tiempo en el verano, suele ser denominada como Cueva de los Siete Palacios y los autores la sitúan en el Acantilado de Martiánez en el Puerto de la Cruz, hecho que por otra parte no es mencionado por D. Juan de Bethencourt Alfonso en el libro citado.
A la morada del rey Benitomo en el Acantilado de Martiánez, vamos a dedicarle los siguientes comentarios de esta crónica, aprovechando para ello un artículo escrito hace más de siglo y medio.
He podido encontrar un artículo publicado en 1840 en el periódico El Isleño de Santa Cruz de Tenerife sobre la citada Cueva de los Siete Palacios [6]. A continuación y por su interés, reproduzco literalmente el artículo publicado en Santa Cruz el 9 de enero de 1840 por un autor anónimo, puesto que no figura su nombre ni al comienzo, ni al final del artículo, donde sólo aparece una X. El título del artículo es CUEVA DE LOS 7 PALACIOS y su contenido, que reproduzco a continuación, es el siguiente:
”Es tradición muy respetable en el ameno Valle de La Orotava, que su antiguo Mencey Bencomo poseía dos habitaciones, una en la Ladera de Tamaide que ocupaba en las tres épocas del año en que la naturaleza se ostenta con todas sus gracias, y la otra en la escarpada costa del mismo Valle, conocida hoy con el nombre de Martiánez, a la que se trasladaba en la estación de los fríos.
La primera de estas sencillas moradas ya es conocida de nuestros lectores, por la exacta descripción que hizo de ella el célebre Tabengor, y se publicó en el número 78 de nuestro anterior periódico [7]. El dar una idea de la segunda es el objetivo del presente artículo.
La punta horizontal que sirve de asiento a la hermosa población del Puerto de la Orotava, se halla coronada por la parte del NE con la elevada prominencia de Martiánez, cuya extensa base se apoya en el encrespado océano, y subiendo en dirección casi perpendicular, termina con la vista más occidental de La Paz, propiedad de la antigua y respetable familia casa de Cólogan. En esta ladera, y entre las dos líneas paralelas que forma el extremo más bajo del enunciado Jardín, y la vereda que recorre, en sus dos terceras partes de altura, este promontorio, se halla situada la Cueva de los Siete Palacios, mirando concretamente al Norte. Es muy probable que en lo antiguo presentase su entrada un cómodo tránsito, pero al presente la ruina de los siglos ha hecho su examen de un difícil y peligroso acceso.
Cueva de los Siete Palacios, situada en el Acantilado de Martiánez. Autor anónimo
Bájase a ella por el ángulo más occidental del Jardín de la Paz, en cuyo punto principia una vereda bastante inclinada que conduce a la cueva. Apenas se empieza el descenso, se cambia de dirección hacia la izquierda, que es hacia donde queda el Puerto de la Orotava; después de bajar 14 o 15 brazas [8], se hace alto en una especie de terraplén que naturalmente se forma allí, para aliviar al observador las angustias que le causa un camino tan expuesto, por los horrorosos precipicios que tiene siempre delante de su vista.
En esta meseta que hemos hablado, principia la vereda con una pendiente más suave, y a poco rato se entra en lo que se llama el andén. Figúrese el lector un trozo de muralla de prodigiosa altura, que presente una cornisa volada, de dos pies [9] de ancho, para dirigirse por ella a cierto punto: pues tal es el andén de que hablamos. No hay posición más alarmante que la que presenta este difícil “paso” de 8 varas [10] de longitud.
El explorador siente sobre sus espaldas cosidas al risco que se eleva sobre su izquierda; ve debajo de sus pies un abismo, que hace más terrible el choque de las olas del océano, muda sus trémulas plantas sin atreverse a separarlas del suelo y lleno de sobresalto y casi aturdido, llega a la puerta de la cueva. Ésta tiene de alto cosa de 5 pies y 3  de ancho, y se halla al mismo nivel del andén. Para entrar en la cueva se baja un escalón de dos pies. Su piso es casi horizontal, aunque se halla un poco elevado hacia el naciente, en donde forma una especie de punta o rincón. Fuera de esta irregularidad, lo demás es casi de figura circular, y en la parte de la derecha está una especie de nicho, que parece haber sido labrado por los antiguos moradores de esta rústica estancia.
Su piso y sus paredes son de tosca, y lo mismo la bóveda que forma su techo, aunque se ven algunas incrustaciones naturales de piedras que forman varias puntas de diferentes tamaños.  Tal era la cueva de los 7 palacios en 1828.
No tenemos noticia de que se hayan hallado en esta cueva momias de nuestros Guanches; aunque es muy natural se sacaran de ella, en los tiempos inmediatos a la conquista, algunos restos de los que fueron víctimas de la modorra, por huir de los brazos amistosos de los propagadores de la ley evangélica". X 
Del tenor de las últimas palabras del anónimo autor del artículo, creo que puede razonablemente desprenderse la existencia de una corriente de simpatía hacia los guanches, y asimismo, de una velada crítica hacia la actuación de los conquistadores españoles, que queda plasmada en la ironía del párrafo final donde se afirma textualmente “por huir de los brazos amistosos de los propagadores de la ley evangélica”.
Situación de la Cueva de los Siete Palacios
         El memorialista Melecio Hernández Pérez cita muy brevemente la Cueva de los Siete Palacios en su libro Alrededor del Charco [11], afirmando:“Con perfil de viejos siglos alumbra la más antigua historia sucedida en nuestro suelo y que tiene rango real, Bencomo, el Rey Grande, digno descendiente del Gran Tinerfe tuvo dos habitaciones, una en la Ladera de Tamaide, que ocupaba en las tres épocas del año en que la naturaleza se ostenta con todas sus gracias, y la otra, en la escarpada costa del mismo Valle conocida hoy con el nombre de Martiánez o <<Cueva de los Siete Palacios>>, colgada sobre el mar, donde residía el mencey en la estación invernal.
Telesforo Bravo en un trabajo publicado en 1999 en la revista La Ladera [12] hace une muy escueta mención a esta cueva afirmando “La Cueva de los Siete Palacios (un espacio con siete huecos no muy grandes) tenía y puede que tenga aún huesos bajo una capa de estiércol”.
En un trabajo de prospección arqueológica realizado en el litoral del antiguo Menceyato de Taoro, concretamente en los municipios de Los Realejos, Puerto de la Cruz y La Orotava, los investigadores Alfredo Mederos Martín y Gabriel Escribano Cobo, al describir los resultados obtenidos en el Acantilado de Martiánez, mencionan la zona llamada Acantilado de Martiánez VIII, del siguiente modo [13]:”Cueva de habitación, situada a 55m sobre el nivel del mar, en la margen derecha del Barranco de Martiánez, en la trasera del Centro Comercial Las Pirámides de Martiánez, cuyo acceso exige técnicas de escalada al encontrarse colgada en el acantilado, localizada durante el inventario arqueológico del Puerto de la Cruz, tras descolgarse C. G. González unos 15m desde el Paseo Marítimo. Según el inventario podría tratarse de la Cueva de los Siete Palacios, porque presenta siete pequeñas cámaras en su interior. Está orientada a 280ºW, con una boca de 1,30m de longitud a la entrada, 1,40m de altura y unos 11m de profundidad, ganando amplitud en el interior donde se alcanzan 6m de ancho y 2.20-2.75m de altura. En superficie se documentó restos humanos, obsidiana  y huesos de ovicaprinos.     
    
El Acantilado de Martiánez, visto desde las desaparecidas Piscinas de Martiánez. A la derecha del acantilado se sitúa la Cueva de los Siete Palacios. Foto publicada por Agustín Miranda Armas
En un trabajo reciente sobre la Ladera de Martiánez publicado en 2011, Vicente Valencia Afonso y Miguel Ángel Martín Díaz, [14], al mencionar los yacimientos arqueológicos y etnográficos de la citada ladera, describen la zona denominada Laderas de Martiánez IX, del siguiente modo:”Se localiza en el tracto superior del Acantilado de Martiánez, a 10m de distancia en dirección sur del paseo peatonal construido por el borde superior de Laderas de Martiánez. A esta cueva se la conoce con el nombre de Cueva de los Siete Palacios, por disponer en su interior de siete cámaras independientes. En ella se han documentado restos esqueléticos humanos, óseos de fauna terrestre, además de lascas de obsidiana. El emplazamiento se adecua al modo de prácticas propias del mundo funerario guanche, en la que se eligen cavidades que presenten un difícil acceso que favorezca la protección de sus muertos”.


[1]       La familia del Rey Bentor. Leopoldo de la Rosa Olivera. Anuario de Estudios Atlánticos. Vol. 23, 1977.   

[2]       Historia del Pueblo Guanche, Tomo I. Juan Bethencourt Alfonso, p 343. Ed. Francisco Lemus. La Laguna. 1991.

[3]       Serra Ráfols, Elías (1978). Las Datas de Tenerife (libros I al IV de datas originales). Instituto de Estudios Canarios. La Laguna. Página 146.

[4]       Moreno Fuentes, Francisca (1992). Las Datas de Tenerife (libro primero de datas por testimonio). Instituto de Estudios Canarios. La Laguna. Página 29. 

[5]       Historia del Pueblo Guanche.  Tomo I, p. 419.
           
[6]       El Isleño, 9 de enero de 1940.Santa Cruz de Tenerife

[7]       El Conservador, 24 de diciembre de 1839. Se refiere al periódico El Conservador editado en Santa Cruz de Tenerife, que desapareció y fue sustituido por El Isleño, aunque la empresa editora era la misma. Este último era un periódico de tirada diaria, a excepción de los lunes. La suscripción al periódico costaba 10 reales de vellón mensuales.

[8]       Una braza equivale 1,852 metros, por lo que bajaron  entre 25,9283  y 27,78 m, que redondeados son entre 26 y 28 metros.

[9]       Un pie castellano equivalía  a 0,2786 metros,  por lo que la cueva tenía alrededor de 1,4 metros de alto y 0,84 m de alto.

[10]     Una vara castellana equivalía a 0,836 m,  por lo que el “paso” tenía alrededor de 6,5 metros

[11]     Alrededor del Charco: Historia y Leyenda del Puerto de la Cruz. Melecio Hernández Pérez. Ed. Idea. p.8, 1995.

[12]     El Acantilado de Martiánez. Revista La Ladera de Martiánez, nº0. Telesforo Bravo. 1999. Excmo. Ayuntamiento del Puerto de la Cruz.

[13]     Prospección arqueológica del litoral del Menceyato de Taoro. Municipios de Los Realejos, Puerto de la Cruz y La Orotava (Tenerife). Alfredo Mederos Martín y Gabriel Escribano Cobo. Rev. Canarias Arqueológica, 16: 91-130, 2008.

[14]     Modelo de adecuación y puesta en  valor de la Zona Arqueológica Laderas de Martiánez. Vicente Valencia Afonso y Miguel Ángel Martín Díaz. Rev. Canarias Arqueológica, 19: 1-33, 2011.